Del auto al transporte público

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24 de julio de 2017  

Como en la película Volver al futuro, vamos a subirnos a una máquina del tiempo imaginaria que nos depositará en Buenos Aires, en marzo de 2007. En la esquina de Olazábal y Lugones, Villa Urquiza, nos encontramos con Gerardo. Todas las mañanas, alrededor de las 8, toma el colectivo de la línea 93, que a las 9.45 lo deja en la puerta de su oficina, en el cruce de las avenidas Paseo Colón y Belgrano.

Entre ida y vuelta, pasará casi cuatro horas de su día viajando. Cuatro horas que equivalen a media jornada laboral, dos comidas con sobremesa de charla en familia, dos partidos de fútbol con amigos o una salida de cine y cena que Gerardo pierde a diario, arriba del colectivo.

Viajamos en el tiempo y regresamos a la misma esquina. Año 2017. Gerardo toma el 93 y hace el mismo recorrido de Villa Urquiza al Centro en 1 hora. ¿Cómo pasó? Los nuevos centros de trasbordo en Chacarita y Pacífico y el Metrobus del Bajo son algunas de las pistas que nos pueden acercar a la respuesta: planificación y obras centradas en optimizar el transporte público.

Hoy, la experiencia de los usuarios y de los sistemas de las ciudades más avanzadas indican que la vía de éxito para el desarrollo de la vida urbana es generar una multiplicidad de medios de transporte, interconectados de manera fácil, rápida y segura. Del tren a la bicicleta, del subte al metrobus, en definitiva: del automóvil al transporte público. ¿Por qué? Por económico. Son incomparables los costos entre los vecinos que mantienen su auto y los que optan por viajar en medios colectivos. Por sustentable, en consumo de energía, generación de huella de carbono y espacio, el transporte público gana por goleada el partido del cuidado del medio ambiente en las ciudades. Pero hay un factor que es esencial: los medios de transporte masivos son generadores de integración ciudadana, aúnan a los vecinos en el espacio público, sin barreras ni prejuicios.

Por eso pasamos de un paradigma que hacía foco en el transporte privado a uno que revaloriza el uso del público. Y trabajamos en una red multimodal que permita pensar en términos ya no porteños sino metropolitanos, con criterios de sustentabilidad y seguridad centrados en lo que realmente importa: las personas.

El metrobus, el subte, la red de ciclovías protegidas, el sistema gratuito Ecobici y el programa de peatonalización del Microcentro conforman una diversidad de medios que actúan interconectados. La recuperación del tren como transporte interbarrial, a través de planes como la Red de Expresos Regionales RER, es un paso más en este sentido, posible por el trabajo conjunto de la Nación, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

¿Cuál es el objetivo final de revitalizar el transporte público? Que Gerardo y cualquier vecino o visitante pueda optar por viajar en el colectivo 93, o elegir la estación Juan Manuel de Rosas de la Línea B o la bicisenda de la calle La Pampa, que lo conectará con la red de ciclovías. Y que así ahorre dos horas diarias para usarlas en ir al gimnasio, prepararle la comida a su familia o hacer lo que más le guste. En definitiva: mejorar su calidad de vida.

Pasar del auto al transporte público implica un cambio de costumbres, pero lo que es mejor, un cambio de paradigma: salirse de lo individual para comenzar a pensar un nuevo norte donde gane la convivencia y el compartir, donde ir juntos sea la mejor opción.

Moccia es ministro de Desarrollo Urbano y Transporte GCBA y Méndez, secretario de Transporte GBA

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