Demasiados deseos para un presidente

Sergio Suppo
Sergio Suppo LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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22 de noviembre de 2019  • 00:25

¿Hay un Alberto Fernández para los deseos de cada uno? Sí. ¿Es posible que Alberto Fernández cumpla los deseos de todos? No. En esas dos preguntas con sus respectivas y previsibles respuestas se encierra el juego infantil en el que gran parte del país está empeñado en las horas previas al cambio de mando.

Es un acertijo que consiste en establecer por anticipado lo que ni el propio presidente electo sabe si podrá hacer. La voluntad y las decisiones del propio Fernández serán moldeadas una y otra vez por la dinámica de varias realidades contrapuestas y simultáneas. Pero el deseo de cada uno es más fuerte y todas esas expectativas integran, a su vez, un ejército de contradicciones. Entre sus propios partidarios, hay bandos que esperan de él cosas muy diferentes.

Los votantes puramente kirchneristas esperan que sea un presidente con los atributos y la capacidad de mando del jefe de Gabinete que fue, siempre subordinado a la palabra final de Néstor, de Cristina y ahora de Máximo Kirchner. Es ese núcleo duro el que celebra el discurso bolivariano de Fernández en su entrevista con Rafael Correa y que disfruta escuchar las diatribas contra el periodismo que siempre repitió Cristina. Esa clientela se maravilla viendo peregrinar al presidente al departamento de la vicepresidenta.

Incluida en el mismo 48% de votantes, existe una corriente inversa. Es la que espera que en algún momento el futuro presidente se refugie entre los gobernadores peronistas del interior ( Axel Kicillof, en Buenos Aires, es por el contrario el alfil más importante de Cristina), en los barones del conurbano que nunca dejaron de ser aliados tácticos de Cristina y en la confortable amabilidad de los jefes de la CGT. En ese lote también entra Sergio Massa, que creyó que sería él y no Alberto el nominado por la jefa del Instituto Patria.

En el punto inicial de este proceso impredecible, siempre convendrá recordar que ese peronismo acudió al kirchnerismo una vez que encontró que el macrismo no le ofrecía futuro.

Desde que celebró su triunfo en un palco armado por Cristina, Alberto viene cerrando sus mensajes más significativos con una declaración: "Ustedes serán parte del gobierno nacional". Les dijo lo mismo a los gobernadores reunidos en Tucumán, a los dirigentes sindicales en la reunificación de la CGT y a los referentes piqueteros. Promesas similares hizo llegar a La Cámpora y al colectivo feminista, al que le confirmó su decisión de despenalizar el aborto en la misma semana en la que celebraba la declaración de Francisco por el lawfare.

Los que no votaron por Fernández-Fernández también tienen esperanzas respecto de Alberto. Esperan que la moderación que mostró como candidato lo lleve a ser un hombre de Estado que salte por encima de las consignas y los compromisos. Y asuma que el duro ajuste que el propio mercado le impuso a Mauricio Macri ofrece una oportunidad para verdaderas reformas estructurales.

Son demasiados deseos para un solo hombre.

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