Democracia, entre casualidades y causalidades

Daniel Santa Cruz
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27 de septiembre de 2019  • 16:29

El miércoles pasado, Marcelo Birmajer fue intimidado en la calle por un hombre: "¿Vos sos Birmajer? ¡Qué fascista, eh! No vas a poder caminar tranquilo por la calle nunca más". Se trata de una amenaza seguramente difícil de cumplir. Porque nadie debería pensar que a esta altura, un intelectual, que no cometió ningún delito y ni siquiera fue funcionario, no puede caminar tranquilo por las calles de su ciudad porque cometió el "pecado" de apoyar a un determinado gobierno.

Podríamos restarle importancia al asunto y calificarlo como un hecho menor y aislado, pero cuando estos incidentes se replican pierden la característica que los hace únicos o casuales. No hace falta ser erudito en estadística para saber que varias casualidades marcan una tendencia.

Algo parecido a la amenaza que sufrió Birmajer le sucedió al periodista Daniel Malnatti tiempo atrás y también a Maru Duffard en la Feria del Libro el día que Cristina presentaba su libro, por señalar algunos ejemplos, a los que podríamos sumar lo sucedido con la investigadora del CONICET, Sandra Pitta. Quizás uno de los más graves se vivió en la agencia pública de noticias TELAM, cuando sus directivos y otros periodistas recibieron cánticos amenazantes de parte otros periodistas el viernes anterior a las PASO, invitándolos a recoger sus cosas y a irse, como si la agencia pública de noticias fuese patrimonio del kirchnerismo y no del estado.

Hay muchos casos más, algunos graves, otros leves, que se reiteraron durante estos últimos años: "te vas a ir", "no vas a poder caminar por la calle", "te vamos a exponer", "sos responsable de que hayamos perdido". En todo caso, no importa el contenido de la intimidación, a todas las une un común denominador: "se cumplirá cuando volvamos al poder".

Hasta la idea de crear una CONADEP del periodismo encierra cierto tufillo a revancha, porque esa idea nació pensada en castigar a aquellos periodistas que investigan e investigaron los hechos de corrupción que llevaron a varios exfuncionarios y empresarios ante la justicia. ¿El cometido? Lo dijo claramente Dady Brieva: que los periodistas no salgan indemnes.

No es cuestión de alarmar o alertar sobre un posible futuro inmediato donde las acciones colectivas de un grupo de poder estén sesgadas por la venganza o el revanchismo. De hecho, hay que reconocer que el candidato del Frente Todos, Alberto Fernández es el primero en salir a repudiar públicamente este tipo de acciones, aunque también, y esto sí es preocupante, su prédica desaprobatoria no recibe, de parte su espacio político, un apoyo público. La mayoría elige el silencio.

Para entender por qué hay un sector de la militancia kirchnerista que actúa así, sería mejor evitar hablar de casualidades y observar las causalidades que formaron ese espíritu totalitario en ese popular sector de la política local. Tengamos en cuenta que los sucesos que componen nuestro presente político no solo están regidos por la "casualidad", sino también por la "causalidad". Muchos de estos militantes son aún jóvenes y vivieron plenamente la mejor etapa del kirchnerismo, se formaron allí con todo el derecho a creer y defender esas ideas. Y está muy bien que así sea, pero no los prepararon para perder, para verse lejos del poder, nunca entendieron ese lugar. Creyeron y adoptaron como un dogma el "Vamos por todo".

El diputado Agustín Rossi calificó hace dos años al gobierno de Mauricio Macri como "un accidente de la democracia". Ahí está la respuesta al dilema planteado. Inconscientemente se apropiaron del Estado, creyeron que se quedaban para siempre, no entendieron la derrota, por eso vimos en diciembre de 2015 a muchos funcionarios políticos negándose a renunciar a sus puestos, hecho único en democracia: los funcionarios políticos se van con el cambio de gobierno.

Hoy se abren muchos interrogantes. Si, como marcaron los resultados de las primarias, la sociedad elige el regreso del kirchnerismo y los deposita en el poder, ¿cumplirán con todas esas amenazas? ¿quedarán en el recuerdo como exabruptos aislados? Y la gran pregunta: ¿cómo será su desembarco en el Estado en diciembre? ¿habrá revancha?

Teléfono para los ganadores y perdedores de la contienda electoral de octubre, sin dudas están frente un difícil desafío: darle valor a la tolerancia y la convivencia política.

Creíamos que ya no íbamos a atravesar por este tipo de escenarios, pero, a casi cuatro décadas de recuperar la democracia, el sistema nos vuelve a tomar examen. Y esa es la mejor noticia.

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