Dengue y cambio climático

Federico José Caeiro (h) Para LA NACION
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21 de diciembre de 2009  

Ha vuelto el calor y con él, el dengue y la escasa preparación del sistema de salud argentino para combatirlo.

El dengue es una enfermedad propia de climas tropicales, relacionada con la ausencia de políticas públicas, la crónica falta de planificación territorial e inversión y la desigualdad social (pues es una enfermedad vinculada con la pobreza extrema, mal que le pese al ex presidente Kirchner), y también con el cambio climático.

El cambio climático es un fenómeno mundial. Son alteraciones de los ciclos climáticos naturales del planeta por efecto de la actividad humana, especialmente las actividades industriales intensivas, la agricultura no sustentable, la deforestación y la quema masiva de combustibles fósiles. En la reunión de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se realizó en Bonn, Alemania, a principios de año, se tomó nota de que los efectos negativos del calentamiento global se desarrollan a mayor velocidad de lo previsto. El contraste con la lenta comprensión del proceso por parte de los gobiernos en la toma de decisiones para mitigarlo y adaptarse a sus impactos es alarmante.

Además del aumento en la frecuencia y violencia de fenómenos meteorológicos extremos, como sequías, tormentas tropicales, tornados, inundaciones, etc., se espera una extensión de la tropicalización, tanto hacia el Sur como hacia el Norte, con la consecuente expansión de enfermedades tropicales a regiones donde actualmente no existen o donde habían sido eliminadas. Tal es el caso del dengue, la malaria, la fiebre amarilla y el Chagas, entre otras enfermedades transmitidas por vectores.

Ante la posibilidad de que vastas zonas del centro y norte del país se tropicalicen y favorezcan la aparición de estas y otras enfermedades, se hace imprescindible integrar transversalmente los temas ambientales en la formulación de las políticas sociales, productivas, económicas y de desarrollo. El cuidado de la población y del ambiente no funciona cuando se lo aplica parcialmente o como un agregado tardío a decisiones adoptadas sin haber tenido en cuenta los diversos factores ambientales.

Se requiere un profundo cambio, no sólo en la conducta individual de los ciudadanos, sino también en los responsables de la toma de decisiones. En vez de encarar políticas reactivas ante las epidemias, se debería trabajar sostenidamente en políticas de desarrollo sustentable, programas integrados de ambiente y salud, y en la prevención de los desastres naturales que afectan a toda la población.

A los científicos y expertos que vienen alertando sobre las consecuencias del cambio climático se los mira con escepticismo. Esto ya había sido advertido en la décima Sesión Conferencia de las Partes (COP 10) que se realizó en Buenos Aires en 2004 y en el IV Informe de Evaluación del IPCC (Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático) en 2007. Informó oportunamente LA NACION: "El Ministerio de Salud había recibido fuertes advertencias sobre sus carencias para enfrentar epidemias antes de que el dengue se extendiera por todo el país". En noviembre del año pasado, la Sindicatura General de la Nación (Sigen) presentó un informe en el que marcó fallas estructurales del sistema sanitario argentino. Y uno de los problemas es el control y tratamiento de enfermedades transmisibles por vectores.

Se determinó en ese trabajo que faltan insumos para el control de endemias, así como normas de procedimientos y datos para hacer frente a enfermedades riesgosas. La Comisión Económica de América latina y el Caribe (Cepal) advirtió en un informe presentado en la cumbre de Copenhague que los impactos del cambio climático en la salud estarán relacionados con propagación de enfermedades como dengue, cólera, enfermedades respiratorias y otras condiciones vinculadas con las precipitaciones y la disponibilidad del agua.

También la Organización Mundial de la Salud, en su informe sobre cambio climático y salud humana, prevé una mayor incidencia de las enfermedades tropicales y de las infecciosas transmitidas por vectores. Dieciocho de las principales organizaciones médicas del mundo, en notas en las revistas especializadas The Lancet y British Medical Journal , advirtieron que el planeta sufrirá una "catástrofe sanitaria global" por el cambio climático. "Existe un peligro real de que los políticos sean indecisos, especialmente en épocas tan turbulentas económicamente como la actual. Si la respuesta que ellos dan es débil, los resultados para la salud del mundo serán catastróficos", agregaron.

El dengue ha dejado y dejará a su paso muertes que se podrían haber evitado. Esperemos que estas muertes, que no son producto de la casualidad ni de la mala suerte, hagan reflexionar y actuar a los funcionarios responsables de todas las áreas involucradas. Se hace necesario acabar con la mentalidad de negación y dar una respuesta política efectiva. La falta de planificación es una falla estructural que el Estado exhibe ante cada emergencia. Cincuenta años atrás, luego de un agresivo programa sanitario, el mosquito del dengue pudo ser erradicado. Este objetivo puede y debe ser alcanzado nuevamente.

El autor escribió ¿Etica? ambiental y es ex director de la Reserva Ecológica

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