Derechos de fertilidad

Los métodos anticonceptivos y su futuro
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23 de diciembre de 2001  

LONDRES

El 15 de octubre último la píldora celebró sus bodas de oro. El primer anticonceptivo del mundo tuvo un nacimiento poco promisorio hace 50 años: su ingrediente clave había sido elaborado por un grupo de émigrés europeos en un laboratorio mexicano, a base de ñame (tuberosa tropical autóctona). Pero a medida que la píldora entra de lleno en la mediana edad, ¿cuán fértil es el campo de desarrollo de anticonceptivos? Depende de a quién se consulte. Carl Djetassi, uno de sus creadores, reconoce que las compañías farmacéuticas han perdido interés en el control de la natalidad. El mercado mundial de anticonceptivos femeninos, que incluye desde píldoras hasta preservativos y espirales, asciende a los 16.000 millones de dólares, es decir, menos del 5 por ciento del total del mercado farmacéutico. Ante la oportunidad de producir otra droga más para el control del colesterol, por ejemplo, o un nuevo método de regular la reproducción, lo más probable es que las empresas farmacéuticas se orienten hacia donde está el dinero.

En un mundo rico en cualquier escala, esto significa tratar los problemas de la edad avanzada, como la artritis y las enfermedades cardíacas y, por supuesto, los problemas de infertilidad. Diferente es el caso de muchos países en vías de desarrollo, donde las mujeres todavía se complican la vida con embarazos y nacimientos no deseados. En todo el mundo hay alrededor de 100 millones de embarazos por año, de los cuales la quinta parte culmina en un aborto imprudente. Las mujeres de todo el mundo necesitan no sólo tener mejor acceso a los anticonceptivos existentes, sino también contar con nuevos métodos, más adecuados para sus limitaciones financieras, culturales y psicológicas.

Pero la anticoncepción es un campo arduo para los fabricantes de productos farmacéuticos. A diferencia de los medicamentos que se usan para tratar enfermedades severas, los anticonceptivos son administrados a personas saludables. Como consecuencia de ello, deben ser sometidos a largos y onerosos tests antes de lanzarlos al mercado para probar que son seguros a largo plazo. Una vez en venta, se corre un alto riesgo de demandas judiciales, cuyo costo han podido comprobar los fabricantes de dispositivos intrauterinos y del Norplant, un anticonceptivo de implante. No es de extrañar que la mayor parte de los laboratorios hayan desertado y quedaran solamente cuatro grandes firmas y algunos intrépidos emprendimientos de biotecnología para proseguir con la investigación y el desarrollo.

Elof Johansson, del Population Council de Nueva York, da cuenta de algunas novedades interesantes acerca de la anticoncepción femenina, entre ellas las mejoras en los sistemas de liberación en los cócteles de hormonas sexuales que regulan el ciclo de fertilidad. Más eficientes implantes, que se colocan más fácilmente y, lo que es importante, se sacan, están llegando al mercado. Asimismo está en camino el lanzamiento de anillos vaginales, siguiendo la reciente introducción de eficaces dispositivos intrauterinos que liberan hormonas sexuales sintéticas. Estos métodos no sólo facilitan las cosas a los usuarios, sino que producen también otros beneficios a la salud como, por ejemplo, menstruación más normal. Se trabaja también en más eficaces compuestos espermicidas y microbiocidas. Y muchos investigadores están entusiasmados con las perspectivas del mifepristone, o RU-486, un anticonceptivo que bloquea tanto la ovulación como la implantación. Pero tiene sus inconvenientes: el mifepristone se lanzó primero al mercado como abortivo y ha tenido que vérselas con los activistas del derecho a la vida en los Estados Unidos.

Por el contrario, la anticoncepción masculina progresa más ágilmente. En 2002, dos laboratorios -Organon y Schering A6- realizarán ensayos clínicos significativos con las hormonas que regulan la fertilidad masculina. Los investigadores de la Human Reproductive Sciences Unit del Medical Research Council, de Edimburgo, han logrado detener la producción de esperma en reducidos grupos de voluntarios y, lo que es más importante, reactivarla luego. El secreto reside en suministrarles diariamente hormonas en píldoras para detener la actividad en los testículos, en combinación con un implante de testosterona de larga duración para restituir algunas de las hormonas que necesitan los hombres para conservar su masculinidad.

En el Instituto de Medicina Reproductiva de la Universidad de Münster, los hombres de ciencia han optado simplemente por la aplicación de inyecciones de hormonas. El ideal de los investigadores sería el empleo de compuestos conocidos como antagonistas de la GnRH (hormona liberadora de la gonadotropina) junto con versiones mejoradas de la testosterona, para obtener un control más preciso de la producción de esperma, con menores efectos colaterales. Varias de esas moléculas se encuentran aún en la etapa inicial de desarrollo. Ciertamente, las encuestas de opinión sugieren que, en la era post-SIDA, los hombres se sienten más inclinados a colaborar en la responsabilidad de la anticoncepción y las mujeres, más predispuestas a confiar en ellos. ¿Se revelará la píldora masculina tan popular como el Viagra? Este será, sin duda, un campo fértil para el debate.

(Traducción de María Ortiz Buchanan)

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