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Después de la designación

Por Germám Sopeña
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26 de agosto de 2000  

Javier Tizado ama la ópera y el fútbol. Comer bien y vestir cuidadamente. Defender la eficiencia empresaria y la importancia de la industria nacional. Pero quizá lo que más le apasiona es discutir sobre el país. Criticar sus fracasos e imaginar estrategias para un futuro mejor.

Allí hay que buscar la razón que lo llevó ayer a protagonizar el paso más espectacular del año: el de empresario de primera línea que había llegado al tope a secretario de Industria.

Fue una sorpresa cuyo secreto se guardó con inusual discreción durante varios días. Según fuentes inobjetables consultadas anoche, la propuesta de José Luis Machinea tenía ya un mes y medio. Y tampoco era el primer acercamiento, ya que Tizado había rechazado, al comienzo de este gobierno, la oferta de asumir al frente de la Administracion Federal de Ingresos Públicos (AFIP).

Quizá esperaba, inconscientemente, un ofrecimiento público más afín a su verdadero curriculum, el de una impresionante trayectoria de 35 años de trabajo que lo llevaron a la máxima responsabilidad en el emporio de las empresas de acero del grupo Techint.

¿Y cuáles serán sus ideas?

He allí la pregunta más interesante de la vida económica y empresarial del país para los próximos días. Aplacados los rumores que circulaban la semana previa sobre la continuidad de Machinea, el sorpresivo nombramiento de Tizado en Industria es ahora el centro de toda la atención en el mundo industrial argentino.

Para todos los consultados anoche, Tizado representa, sin duda, a los sectores tradicionalmente más cercanos al proteccionismo y a los estímulos abiertos a la industria nacional.

En el sector de la industria automotriz, que ha mantenido arduos debates con Siderar por el precio de la chapa, varios observadores caracterizados aseguraban ayer que la designación de Tizado era una señal clara de que se volverá a tiempos más cerrados para la economía en general. Y algunos hasta creen ver, en esta designación, una nueva versión del episodio Bunge y Born en los tiempos de Menem.

Pero hay diferencias grandes en el tiempo y las circunstancias. Por empezar, una secretaría no es un ministerio. En segundo lugar, el mundo y el país del 2000 son bastante distintos a los de 1989. En tercer lugar, la etiqueta de "proteccionista" parece hoy fuera de foco cuando se observa hasta qué punto el grupo Techint y las empresas que controlaba Tizado se habían abierto a una internacionalización creciente en los últimos años.

Quizá sería más lógico pensar en este momento en un nuevo Tizado, imbuido de la necesidad de actuar con la visión de conjunto y no con la del empresario que era hasta ayer.

Sus primeras palabrtas, sus primeras decisiones son las señales que todo el mundo empresario espera ahora con ansiedad.

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