Devaluación de la transparencia

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
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6 de abril de 2016  • 01:25

La transparencia sufrió una fuerte devaluación en los últimos días no sólo en la Argentina sino en el mundo. Tras la revelación del Panama Papers que vincula a varios presidentes y ministros con paraísos fiscales muchos gobiernos quedaron sacudidos en su credibilidad y manchados con el veneno de la corrupción.

La filtración de datos incluye 11,5 millones de documentos de casi cuatro décadas de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca, especializada en la gestión de capitales y patrimonios, con información de 214.000 empresas offshore en más de 200 países. Así, quedaron relacionados con empresas fantasma más de centenar de políticos de todo el mundo.

Las reacciones e impacto que tuvo el Panamá Papers en el mundo son variadas. El caso más emblemático fue el del primer ministro de Islandia, David Sigmundur Gunnlaugsson que ayer renunció a su cargo luego de quedar expuesto en la lista de mandatarios relacionados con cuentas offshore. En otros lugares el impacto, por ahora, fue menor. En Rusia, la fiscalía general anunció que investigará la información que afecta al presidente Vladimir Putin. El primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, conformó una comisión judicial para investigar la legalidad de las sociedades que sus hijos tienen en paraísos fiscales. Y en la misma sintonía que el presidente Mauricio Macri, el primer ministro británico, David Cameron, afirmó que no posee activos en paraísos fiscales, en respuesta a las filtraciones que a ambos los ligan con empresas de sus respectivos padres.

La transparencia se devaluó en la Argentina y el mundo: tras la revelación del Panama Papers, que vincula a varios presidentes y ministros con paraísos fiscales, muchos gobiernos fueron sacudidos

En los documentos de Panamá Papers consta que Macri figuró hasta 2008 como director de una firma offshore en Bahamas que no constaba en su declaración jurada de bienes. El Presidente y todo su gabinete salieron a negar tajantemente esa información. Dijeron que Macri sólo apareció como director de la empresa Fleg Trading Ltd de Bahamas porque era una firma de su padre, Franco.

"Estoy muy tranquilo. La sociedad dejó de operar en 2008 porque no hizo la inversión. Está todo perfecto, no hay nada extraño en esa operación. Fue declarada ante la DGI argentina, porque mi padre lo hizo con recursos genuinos que él tenía en la Argentina", dijo Macri y desechó la posibilidad de que haya un ilícito en ese hecho.

La oposición le exigió una aclaración más precisa a un Presidente que hizo de la transparencia un culto de su gobierno en abierta diferenciación de la corrupción kirchnerista.

Las explicaciones de Macri no satisfacen ni siquiera a algunos de los radicales aliados a Cambiemos. No creen que haya ilícito alguno en el accionar de Macri y mucho menos le pedirán la renuncia como ocurrió en Islandia. En tal caso, le recriminan no haber transparentado todas las cuentas en su declaración de bienes antes de asumir más allá de que la ley no lo exigía. Tampoco entienden por qué fue la diputada Elisa Carrió la que mostró las pruebas documentales en defensa de Macri y no lo hizo el propio jefe de Estado.

A todo esto se suma en el Pro la complicada situación del intendente de Lanús, el macrista Néstor Grindetti , que en el Panamá Papers apareció como gestor de una cuenta off shore en Suiza.

El show panameño no podría haber caído peor para muchos de los mandatarios que preparaban para el 12 de mayo próximo una cumbre en Londres por la transparencia y el impulso del plan de Gobiernos Abiertos. Macri es un ferviente defensor de ese modelo de gobierno y enviará allí a la canciller Susana Malcorra ; al ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay y a la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, que ayer quedó en el ojo de la tormenta por defender al Presidente desde un cargo en el que debería velar por la imparcialidad.

Malcorra estimó que la repercusión internacional generada por el Pananá Papers "no impactará de manera negativa" en la Argentina. Nadie sabe el impacto a futuro que tendrá este caso en el país. Por lo pronto, todo se asemeja a una gran parodia: cuando empiezan a caer presos los emblemas de la corrupción kirchnerista como Lázaro Báez o Ricardo Jaime, el gobierno de Macri, que bregó por la transparencia y la lucha contra la corrupción, no pudo festejar ayer a sus anchas la noticia judicial.

"El pecado de Macri fue no haberse mostrado plenamente transparente más allá de lo discursivo o de lo que exige la ley", dijo a LA NACION un destacado funcionario de la Cancillería.

¿Qué tendría que haber hecho Macri para evitar que un Panamá Papers le explotara en las manos?

El ejemplo del ex presidente de Chile Sebastián Piñera es el más cercano y didáctico. Al igual que Macri, Piñera es un político y empresario que llegó a la cúspide del poder de su país. Pese a que la ley no se lo exigía, poco antes de asumir armó un fideicomiso ciego donde la administración de los recursos que tenía cayó en poder de directivos de sociedades en las que no participó. Ayer, el propio Piñera dijo: "Siempre un Presidente tendrá conflictos de interés. Lo importante es resolverlos bien. La fórmula consiste en actuar con transparencia y priorizar el bien común por sobre el interés particular".

El problema es que el Panamá Papers barrió con el valor la transparencia y es como un huracán difícil de enfrentar.

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