Diálogo semanal con los lectores

Por Octavio Hornos Paz De la Redacción de LA NACION
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3 de diciembre de 2001  

Del Boletín de la Academia Argentina de Letras, Tomo LXIII, tomamos algunos conceptos del artículo "Tradición e innovación en la lengua, desafíos actuales", de la académica recientemente desaparecida Ofelia Kovacci.

Dice la autora: "Se estima que casi el 90 por ciento de los hispanohablantes son americanos. Por esta realidad y por otros factores, desde hace tiempo escritores y lingüistas peninsulares reconocen que los españoles no son "los amos de la lengua" y que el futuro del español es el de nuestro continente".

Esto plantea la relación entre hispanohablantes americanos y la Real Academia de la Lengua, a la que se recurre como última autoridad en infinidad de casos.

No hay duda de que es tan válido el español peninsular como el americano. Pero también es necesario reconocer y preservar el lugar que la corporación establecida en 1713 tuvo y tiene en mantener la regularidad del idioma en cuatro continentes con cerca de 500 millones de hablantes.

Con buen criterio a lo largo de los siglos la academia supo acordar las modalidades regionales con las formas castizas de la lengua.

Creación y tradición en el español son categorías concurrentes.

En pocas líneas

  • Los oriundos y habitantes del Distrito Federal de México se denominan distritenses o defeños.
  • Los de Río Gallegos son galleguenses y los de Resistencia, resistencianos.
  • En la lista de voces de animales de la Academia Argentina de Letras, se entera uno de que la cigüeña crotora, la pantera himpla y el pato parpa.
  • La cría de la perdiz se llama perdigón.
  • El torno del martirio

    El canciller del arzobispado de La Plata, R. P. Ricardo Isaguirre, nos expresa:

    "En la edición de este lunes aparece la columna de análisis estratégico internacional de Narciso Binayán Carmona, que suele ser de las más serias, informadas e interesantes que en la semana nos es dado leer. El autor ha consagrado el artículo a analizar la idea y la realidad del suicidio, especialmente del suicidio en acción de guerra y en el marco del islam, para determinar luego si se lo puede considerar como una forma de martirio religioso.

    "Afirma exactamente que el suicidio es moralmente inaceptable para la mente cristiana, que se alimenta en las fuentes del orden natural, de la Revelación y de la tradición católica. El razonamiento, sin embargo, contiene una afirmación que desorienta al lector. Dice Binayán poco más o menos que en la Biblia "no está el martirio". Ahora bien, si en las Sagradas Escrituras de Israel y de la Iglesia no figura el mártir (griego mártys, latín testis) es decir, el testigo, ¿dónde aparecerán éste y su acción, el martyrion, en su sentido propio?

    "Mártires tiene el Antiguo Testamento, desde Abel y el profeta Jeremías, hasta las víctimas sagradas de las represalias desatadas contra los hebreos fieles que relatan los Libros de los Macabeos, o aquel Zacarías cuya sangre derramaron sus verdugos "entre el santuario y el altar" (Mateo 23, 35). Mártires fueron en el exordio del Nuevo Testamento los Santos Inocentes, que dieron testimonio aún antes de ser capaces de pronunciar palabra, según la bella idea patrística; mártir es el primo de jesús, Juan, llamado el Bautista, cuya función, lo dice el Evangelio según San Juan , fue dar testimonio (Juan 1, 7), y lo hizo a costa de su propia cabeza; mártires fueron el diácono San Esteban, a quien se llama precisamente "protomártir", y Santiago apóstol, cuyos martirios tan cruentos se narran en los Hechos de los Apóstoles; mártires fueron todos los miembros del grupo de los Doce al que fue añadido San Pablo, aunque su sacrificio no haya quedado consignado en los textos canónicamente revelados. Mártir, mejor todavía, "testigo de la verdad", es él mismo, como lo asegura Cristo nada menos que ante Poncio Pilatos que tiene sobre él poder de vida o muerte (Juan 18, 37), porque él es "el testigo fidedigno" (Apocalipsis 1, 5), de la sangre de cuyos testigos se embriagan los perseguidores de la fe (ídem, 17, 6).

    "Aunque me excusaré de seguir citando, quiero expresar también que actos suicidas y suicidios propiamente tales también refieren los libros bíblicos, pero siempre son condenados porque manifiestan desesperación y vileza de espíritu. El auténtico martirio es un don celestial, que reciben algunos en todos los tiempos de la Iglesia, y que los une al testimonio que Cristo dio del amor del Padre, pero que no se busca, porque el hombre es débil, y sólo Dios es fuerte y revela su fuerza en la debilidad de esas víctimas escogidas y veneradas, que hay que diferenciar cuidadosamente de los tristes kamikazes de nuestro aciago tiempo, que no son más que violentos contra el prójimo y contra sí mismos, aquellos que la alta poesía de Dante Alighieri colocó en el séptimo círculo del Infierno, convertidos en miserables árboles cuyo follaje arrancan arpías infatigables."

    Octavio Hornos Paz recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores en el 4319-1627, de lunes a viernes de 14 a 16.30; por fax, en el 4319-1969, y por correo electrónico, en la dirección ohornospaz@lanacion.com.ar

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