Diálogo semanal con los lectores

Por Octavio Hornos Paz De la Redacción de LA NACION
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17 de diciembre de 2001  

Nos vamos a referir hoy al Diccionario del Español de Argentina , obra coordinada por Claudio Chuchuy, editada el año pasado por Gredos. Esta publicación forma parte de los primeros tomos de la serie Diccionarios Contrastivos del Español de América, que es un proyecto del Departamento de Lingüística Aplicada (Lenguas Románicas) de la Universidad de Ausburg, Alemania, patrocinado por la Deutsche Forchungsgemeinschaft.

Este repositorio sigue y completa el Nuevo Diccionario de Argentinismos editado por el Instituto Caro y Cuervo, de Santafé de Bogotá, Colombia, en 1993.

La nueva obra se beneficia con los adelantos de la informática y contiene una sección en la que se enfrentan el español peninsular con el argentino, una nomenclatura botánica y otra zoológica. Debe lamentarse que en una obra académica de estas características y rigor intelectual y tecnológico el nombre de nuestro país aparezca mutilado en el título. Debió llamarse Diccionario del Español de la Argentina .

Un diccionario de uruguayismos apareció simultáneamente con el que justifica esta nota.

Sobre dichos

La señora Elena Araceli Santángelo -que en noviembre del año próximo cumplirá 90 años- nos envió una carta en la que recoge algunos dichos populares. No todos pasados de moda.

"Contenta de saber que usted ha leído mi primera carta manuscrita, me animo con una segunda donde le comento un tema que podríamos llamar "La moda de los dichos".

"Por ejemplo en 1920 (época en que yo recién comenzaba a discernir) escuchaba a mi padre decir: "Sonaron los de levita" (creo que se refería a la revolución de 1890). "Anda de capa caída" (anda deprimido); "Vale un Potosí" (vale mucho); "Todo quedó en agua de borrajas" (fracasó); "Adelante con los faroles".

"También mi madre solía decir: "Es una mosquita muerta"; "Es un mequetrefe"; "Tomó el último tranvía" (se casó la solterona); "Se escapó por la tangente" (eludió el problema); "No busques el pelo en la leche" (no exageres).

"Ya más adelante, creo que en 1957, Alsogaray nos conformaba con "Hay que pasar el invierno", y ya recientemente: "Andá a cantarle a Gardel", "No seas nabo", "Más malo que pegarle a la madre", "Basta de pálidas", etcétera.

"Estos dichos como tantos otros caerán inexorablemente en el olvido porque fueron moda y la moda pasa."

Tiene razón la lectora. Las expresiones populares son como el reloj de las lenguas. Quién recuerda hoy vocablos que fueron tan populares como menega, musolino, orejudo, semillonista, fifí.

Tildes diacríticas

En entregas sucesivas iremos recordando el uso de los acentos diacríticos, que sirven para distinguir palabras iguales de forma, pero diferentes en cuanto a sus categorías gramaticales.

El, artículo masculino, no lleva tilde. Sí la lleva él, pronombre personal masculino de tercera persona del singular:

  • El libro quedó abierto sobre la mesa.
  • El director formuló nuevas instrucciones.
  • No se lo dijeron a él, sino a mí.
  • Creo que él ya lo sabía.
  • El verbo mentar

    En una entrega de esta columna usamos la forma mienta de la tercera persona del singular. Varios lectores criticaron el empleo de esa forma. Creían que la expresión correcta era menta. Olvidaron, sin duda que el verbo mentar es irregular y que se conjuga como cerrar. Por lo tanto él, ella mienta, como él cierra.

    Un Kurosawa por otro

    El señor Carlos Alberto Molinari, de Quilmes, formula estas consideraciones:

    "En la edición del día 1° de noviembre, en la sección Espectáculos, se publica la crítica de la película The Hole - En lo profundo . Se nos dice que el guión recorre puntillosamente el terror psicológico y expone, al estilo de Los siete samurais de Kurosawa, los diferentes puntos de vista acerca de un mismo hecho; si no estoy equivocado, el film a que se refiere el crítico es Rashomon , creo del mismo Kurosawa. También creo recordar se exhibió en Buenos Aires una obra de teatro con el mismo tema, no sé si con el mismo título."

    Ojalá

    El doctor Samuel Oscar Franco nos sugiere que expliquemos la etimología de la expresión anotada en el título. Piensa que el origen de la expresión es la lengua árabe y que ella significa "quiera Alá". En su Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Corominas y Pascual sostienen que el origen se encuentra en wa sa lláh , que significa y quiera Dios.

    Los etimologistas nombrados prefieren esa versión a otras que dan otros puntos de partida, siempre árabes.

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