Diálogo semanal con los lectores

Por Octavio Hornos Paz De la Redacción de La Nación
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23 de octubre de 2000  

Si el origen de una lengua se calculase sólo sobre la base del porcentaje de vocablos provenientes del tronco principal, el inglés, que ha incorporado términos de numerosos idiomas europeos y orientales, debería ser considerado como el resultado de un complejo internacional. Sólo el 40 por ciento de su vocabulario desciende del anglosajón, idioma de la raíz germana y teutónica del indoeuropeo.

Pero, además del vocabulario, median para ese tipo de cómputo otros factores. Uno, esencial, es la estructura sintáctica y la calidad de palabras que, como las preposiciones y conjunciones, son funcionales y no propiamente significativas.

Por otra parte, el inglés, en un tiempo lengua imperial, no opuso resistencia alguna a la introducción de expresiones foráneas que favorecieran la comunicación necesaria con los pueblos extranjeros que dominaba. El secreto de toda incorporación de vocabulario extranjero reside en la capacidad de nacionalizarlo lingüísticamente, esto es, de someterlo a las exigencias de la formación de palabras propias de la lengua en la que se incorpora.

La sinistra italiana

El lector Franco Iadarola, de Milán, Italia, nos escribe:

"Quiero suplir una leve falta encontrada en el "Diálogo" del 21 de agosto acerca del adjetivo latino sinister, -tra,-trum , que dejó en mi lengua, el italiano, la palabra sinistro con las dos acepciones que usted menciona, o sea, la de "izquierdo" y la de "siniestro".

"En política las dos agrupaciones, de derecha y de izquierda, deben su precisa codificación a la posición que tomaron en el Parlamento del reino de Cerdeña, con sede en Turín: por un lado, los nobles, los monárquicos, los partidarios del statu quo social, que habitualmente se sentaban en las bancas a la derecha del rey (¿del Padre?), dejando las bancas de la izquierda a los parlamentarios burgueses, republicanos, demócratas, innovadores, etcétera."

Congregaciones y órdenes

El señor Juan Bautista Magaldi nos envía las precisiones que transcribimos:

" La Nación escribió: "Mañana llegará a nuestro país el relicario que contiene el corazón del beato Luis Orione, fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, una orden que desarrolló obras de caridad en todo el mundo", incurriendo en el error (que repitió dos días después) de llamar orden a lo que en realidad es una congregación religiosa clerical o, simplemente, una congregación.

No es la única diferencia que existe entre los distintos agrupamientos, por decir así, de hombres y mujeres que de variadas maneras viven el Evangelio. Tampoco es el caso de entrar en detalles. Baste decir que las órdenes religiosas presentes en la Argentina son las de los dominicos, franciscanos menores, franciscanos conventuales, capuchinos, agustinos, agustinos recoletos, carmelitas, trinitarios, mercedarios, siervos de María (servitas), hospitalarios de San Juan de Dios.

"Son clérigos regulares los teatinos, barnabitas, jesuitas, camilos, escolapios.

"Constituyen congregaciones religiosas clericales los pasionistas, redentoristas, marianistas, asuncionistas, sacramentinos, claretianos, salesianos, bayoneses, dehonianos, josefinos de Murialdo, del Verbo Divino, scalabrinianos, de la Obra de Don Guanella, de la Obra de Don Orione".

Lenguaje provinciano

La profesora Lucila Castro nos hizo llegar esta erudita nota:

"La patauinitas , "paduanidad", es el modo de hablar o la peculiaridad dialectal de Padua. Cuenta Quintiliano que Asinio Polión usaba esa palabra para criticar al historiador Tito Livio, nativo de esa ciudad (en latín, Patauium ). Esto no significa que el dialecto paduano fuera peor o más rústico que otros, sino que a Polión no le gustaba la forma de escribir de Livio y la atribuía a su condición de provinciano. Tal vez hubiera en esta censura algo de rivalidad e incluso envidia, porque Polión (que también criticaba la manera arcaizante de Salustio) era, siguiendo la tradición de la historiografía romana, un político que escribía historia, y Livio, en cambio, un escritor profesional.

"En verdad, casi todos los grandes autores latinos fueron, como le gritó Catilina a Cicerón, "ciudadanos inquilinos de la ciudad de Roma", es decir, habitantes, no nativos, de origen municipal o provincial: Plauto, umbro; Terencio, cartaginés; Cicerón, latino de Arpino; Catulo, de Verona; Salustio, sabino de Amiterno; Virgilio, mantuano; Horacio, de Venusia (hoy, Venosa, en la Basilicata); Livio, paduano; Propercio, de Asís; Ovidio, de Sulmona; los dos Séneca y su nieto y sobrino Lucano, de Córdoba; Marcial, de Bílbilis (cerca de la actual Calatayud); Quintiliano, de Calagurris (hoy, Calahorra), como los pimientos; Tácito, de la Galia Cisalpina o tal vez de la Narbonense... De los muy grandes, la excepción es César, patricio romano."

Penar o trabajar

Como se sabe, para algunos el trabajo es una tortura. Es bastante curioso que la etimología del vocablo les dé la razón. Se remonta al sustantivo latino tripalium , que significa nada más y nada menos que "sufrimiento", "tortura, "suplicio".

© La Nación

Octavio Hornos Paz recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores en el 4319-1627, de lunes a viernes de 14.30 a 17.30; por fax, en el 4319-1969, y por correo electrónico, en la dirección ohornospaz@lanacion.com.ar

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