Diálogo semanal con los lectores

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19 de mayo de 2003  

Es conveniente recordar, de vez en cuando, algunas normas sobre el uso de los numerales.

No nos cansaremos de reiterar que no debe emplearse décimo primero en lugar de undécimo y que tampoco es correcto sustituir duodécimo por décimo segundo. Esos errores, tan comunes, provienen del hecho de que el resto de los adjetivos que comienzan por décimo no se sujeta a esa norma.

Es correcto decir volumen quinto o volumen cinco, fila sexta o fila seis. El uso ha impuesto una regla que puede parecer arbitraria: los ordinales se han de poner del primero al vigésimo. A partir de este último se emplearán los cardinales. Se escribirá correctamente: "El vigésimo puesto correspondió a un corredor africano", pero habrá que decir: "El puesto veintidós lo ocupó un corredor americano".

Un error condenable es el de emplear los numerales terminados en avo como si fueran ordinales. Esa expresión debe reservarse para adjetivos que tienen un sentido partitivo. Evítese el escribir o decir "la onceava representación del actor" en lugar de "la undécima representación del actor", y "la onceava parte del texto es menos clara" en vez de "la undécima oración del texto es menos clara".

Son, como se ve, normas elementales, pero deben ser cumplidas con el mismo rigor que otras referidas a temas más importantes.

Errores aritméticos

Es justa la observación del lector Víctor J. Cordovero en la nota que sigue:

"En la edición del 11 de marzo de 2003 de La Nacion, página 13, sección Información general, aparece un artículo titulado «Aumentó el gasto del turista medio». En su inicio dice textualmente: «Ocho millones de veraneantes gastaron 2,2 millones de pesos durante la última temporada en la costa atlántica argentina». Fácil es observar el error cometido, ya que ello arroja un gasto de 27 centavos y medio por turista. Tanto es así que el artículo luego continúa diciendo: «El gasto promedio per cápita por día ascendió a $ 38,19 en enero...», y sigue después con comparaciones del gasto en febrero.

"Estos errores numéricos son, diría, frecuentes en La Nacion, y un periódico de tal jerarquía no se los debe permitir. Por otro lado, me quedó pendiente cuál fue el gasto total de los turistas en la temporada, información que, entiendo, es interesante."

Una coma piadosa

Nos envió esta notícula el señor Alberto Azar.

"En una edición anterior se hizo un comentario con respecto a la coma, «signo ortográfico que indica una pausa entre dos períodos» (Diccionario Salvat). Se dio un ejemplo de cómo puede cambiar el sentido de una frase u oración según su uso. Me permito dar otro: Un rey debe decidir la suerte de un detenido y redacta el siguiente decreto: «Perdón imposible, condenarlo a muerte». El mensajero cambia la ubicación de la coma, por lo que queda redactado de la siguiente manera: «Perdón, imposible condenarlo a muerte». Así logró salvar su vida".

Acechar y asechar

A la consulta del lector Claudio H. Sánchez respondemos con las definiciones de la Academia. Acechar: observar, aguardar cautelosamente con algún propósito. Asechar: poner o armar asechanzas. Asechanza: engaño o artificio para hacer daño a otro.

Personalmente ignoro las intenciones del Deportivo La Coruña.

"Acabo de leer en LA NACION line que «Deportivo La Coruña ganó y asecha al Real Madrid».

"Aunque en español existen los verbos «acechar» y «asechar», no estoy seguro de cuál sería la forma correcta en este caso."

Una fina crítica

La profesora Delia Rubens tiene razón en lo que afirma.

El señor Marcelo Aftalión coincide con la profesora y propone «El perfil de un cultor de la buena vida».

"Un segmento de la nota firmada por Gustavo Carabajal sobre Carlos Carrascosa lleva por título «El perfil de un cultor del bon vivant».

"«Bon vivant» es una expresión francesa que significa «persona entregada a los placeres». ¿Cómo puede decirse que alguien es «cultor del bon vivant»? ¿No hubiera sido mejor referirse a un «cultor de la buena vida»?".

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