Diálogo semanal con los lectores

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26 de mayo de 2003  

Cuando el imperialismo lingüístico quiso eliminar nuestra eñe de la nómina de símbolos idiomáticos, no pensó (su especialidad es no pensar) que restaba a la lengua española la representación gráfica de un fonema nasal palatal, que no existió en latín.

Claro que al mismo tiempo, si esa forma de imperialismo hubiera querido ser coherente consigo misma, hubiera tenido que eliminar ese grupo fónico de varias lenguas. Nuestra eñe vale por ny en catalán, por gn en francés e italiano, y por nh en portugués.

En nuestra lengua ese sonido se escribió antiguamente nn . En algún venturoso momento se decidió adoptar la ene con una raya encima y esa recta se transformó con el tiempo en una tilde curva.

Dice la Academia en su Ortografía que la eñe fue adoptada por otras lenguas: el vascuence, el gallego, el guaraní y el tagalo.

La medida del Everest

Nos la da en una nota, que transcribimos, el señor Agustín Santa Cruz:

"En el artículo "Exploradores de hoy", aparecido en LA NACION Revista, junto a la imagen del Everest dice el texto: "De la montaña más alta del mundo, a 8848 metros de altura". Le recuerdo que el 10 de noviembre de 1999, durante el 87° Congreso Anual del Club Alpino de los Estados Unidos, en Washington D.C., la National Geographic Society (NGS) anunció que Sagarmattia ("Diosa del Cielo"), como llaman los nepaleses al monte Everest, o Chomolungma ("Diosa Madre del Mundo"), como lo llaman los tibetanos, es dos metros más alto.

"En la reunión se explicó que 5 de mayo de ese año se había registrado una conexión en el monte Everest durante 50 minutos de todos los satélites receptores. Después, en el Departamento Aeronáuticas de la Universidad de Colorado se procesaron los datos durante seis meses y se obtuvo finalmente la altura exacta de la cumbre en 8850 metros, superando en dos la medida de 8848 metros obtenida en 1954. También se determinó que por el movimiento de las capas tectónicas la base del monte Everest se desplaza de dos a seis milímetros por año."

Un licor sorrentino

El señor Víctor J. Cordovero nos envió esta sabrosa notícula:

"En la página de noticias policiales de ese diario, un cronista comenta sobre el caso García Belsunce que un mozo recuerda, entre otras cosas, que el señor Carrascosa había bebido un "lemoncello".

"Debo señalar que la palabra correcta es limoncello , nombre de un licor que se elabora en Italia a base, precisamente, de limones y que dicen tiene un sabor especial cuando se fabrica con los famosos limones de la zona de Sorrento. Esta bebida debe consumirse helada y tiene una particularidad (no es el único caso en bebidas que ocurre): si se coloca en el freezer , no se congela."

Apócope mal empleada

Así lo señala, con razón el ingeniero Francisco Justo Sierra, de La Paz, Bolivia:

"Debajo de una foto sobre un atentado en un subte de Corea del Sur, en la versión electrónica puede leerse: "La tragedia se produjo en la tercer metrópoli más poblada del país asiático".

"Los hechos prueban que cada día se escribe peor, a pesar de las bienintencionadas advertencias y observaciones de los lectores de su columna, aprobadas por usted."

Debió escribirse "la tercera ciudad".

Virus social

Un gracioso sinónimo de nuestro ñoqui es materia de la nota que nos envía el lector Humberto Juan Pizzi:

"Nuestra administración pública padece, desde antiguo, de una endemia provocada por un virus muy particular que, a diferencia de los patógenos comunes, no ataca al organismo humano, sino al cuerpo social donde se aloja.

"Es conocido vulgarmente como ñoqui , y el Diccionario de la lengua española lo ha incorporado como argentinismo, definiéndolo como "empleado público que asiste al lugar de trabajo sólo en fecha de cobro".

"Pero el Diccionario contiene también otro vocablo con significado parecido. Se trata de la palabra chupóptero , que define como la "persona que, sin prestar servicios efectivos, percibe uno o más sueldos".

"Como lo menciono al comienzo de esta nota, cualquiera de las dos formas con que se lo denomine, este singular personaje afecta como un virus al cuerpo social, toda vez que su no prestación del servicio para el que se le paga incide negativamente sobre la moral de los que sí lo prestan."

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