Diario de un viajero sin consuelo

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21 de noviembre de 2020  • 00:05

Los viajes por mar no consiguieron nunca consolar a Pierre Loti (1850-1923) del hastío y de una decepción del mundo siempre renovada. El Diario íntimo (Wunderkammer) que el escritor llevó entre 1878 y 1881, y que editó póstumamente su hijo, muestran que además lo perturbaba la improcedencia de la escritura misma del diario. Por ejemplo: "Carezco siempre de tiempo para escribiry lamento haber concedido un espacio tan grande a mi último viaje a Argelia, cuyo recuerdo me dejará más tarde indiferente".

La cronología no tiene ninguna importancia. Un 1° de enero: "Me parece que soy ya viejo también, porque no vivo más que con personajes viejas y, no obstante, son viejas personas a quienes adoro. Comemos bombones sentados juento al fuego". Loti tenía 30 años y ya extrañaba el sol. La madre que comía bombones parecía demacrada. El diarista quiere retener lo que se va. En octubre (l'automne déjà!) hay festejo: "Esta tarde celebramos el aniversario de mamá, con las últimas rosas de nuestro patio".

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