¿Dónde quedó el derecho a la información?

Paul Krugman
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30 de noviembre de 2002  

NUEVA YORK

Esta semana, en una entrevista para The New York Observer , Al Gore dijo una perogrullada: "Los medios están un poco raros en materia de política. A decir verdad, algunas voces institucionales importantes son carne y uña con el Partido Republicano". Entre la mayoría de los periodistas pertenecientes a los medios "liberales", la reacción fue un silencio embarazoso. Hay ciertas cosas que, se supone, no deben decirse precisamente por ser verdades palmarias.

Veamos el ejemplo más importante. Difícilmente se dirá que la posición de Fox News es confusa. Su presidente, Roger Ailes, ha asesorado al gobierno. Brit Hume hasta se ha atribuido el mérito por el resultado de las elecciones recientes. "Sucedió por nuestra cobertura -le confió a Don Imus-. La gente nos mira y se guía por lo que decimos." (Imaginen cómo habría reaccionado si hubiesen ganado los demócratas y Dan Rather se hubiese atribuido el mérito, aun en broma.) Pero hoy no me propongo fustigar a Fox, sino plantear un interrogante más amplio: los intereses económicos de los medios, ¿socavarán la objetividad de la cobertura de las noticias?

Durante la mayor parte de los últimos cincuenta años, en política se dio por sentado que la parcialidad de los medios constituía un problema potencial. Después de todo, en Estados Unidos sólo había tres redes nacionales, un número limitado de licencias radiofónicas y, en muchas ciudades, tan sólo uno o dos diarios. ¿Cómo disuadir a quienes controlaban los principales medios informativos del mal uso de su posición?

La respuesta fue una combinación de normas y pautas informales. La "doctrina de la imparcialidad" obligó a los medios de difusión a dar una representación equiparable a opiniones antagónicas. Las restricciones a la propiedad de los medios mantuvieron cierta diversidad de voces. Y todos esperaban que los grandes medios se mantuvieran por encima de los conflictos y distinguieran claramente la opinión de la información. El sistema no siempre funcionó, pero marcó algunos límites.

En los últimos quince años, el sistema ha quedado en gran parte desmantelado. La doctrina de la imparcialidad fue abolida en 1987. Ha habido un relajamiento constante de las restricciones a la propiedad y parece probable que el año próximo la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) derogue muchas de las que aún quedan. Hasta es muy posible que autorice las adquisiciones recíprocas entre grandes redes. También ha desaparecido la regla informal contra la información abiertamente partidista.

La FCC dice que los cambios en el mercado han hecho innecesarias las viejas normas, por cuanto los nuevos medios (la televisión por cable, primero, y luego Internet) abrieron al público el acceso a muy diversas fuentes informativas.

¿Realmente es así? La televisión por cable ha expandido notablemente la gama de programas de entretenimiento disponibles, pero ha ampliado mucho menos la cobertura informativa. Hoy tenemos cinco fuentes importantes de información televisiva, en vez de tres, pero este aumento no compensa la tendencia a una verdadera reducción de la diversidad: por un lado, la influencia de la prensa escrita viene declinando desde hace largo tiempo; por el otro, las cinco fuentes de información televisiva hoy son divisiones de grandes conglomerados. Recibimos las noticias de AOLTimeWarnerGeneralElectricDisneyWestinghouseNewsCorp.

Normas que se desgastan

En cuanto a Internet, les viene de parabienes a los adictos a la información. Ahora cualquiera puede leer diarios canadienses y británicos, o bajar análisis políticos elaborados por grupos de expertos. Pero la mayoría de la gente no tiene tiempo ni ganas de hacerlo. Seamos realistas: Internet contribuye poco a reducir la influencia de los "cinco grandes".

En suma, estamos ante un conflicto de intereses. Las organizaciones que informan a la mayoría del público, que son apenas un puñado, tienen importantes intereses comerciales que, inevitablemente, las tientan a ser tendenciosas en su cobertura y, en un sentido más lato, deferentes con el partido gobernante. Ya hemos tenido algunos ejemplos singulares de ocultamiento de información. Algunos medios casi pasaron por alto la gran manifestación pacifista (100.000 personas) realizada en Washington en octubre. Sea cual fuere nuestra opinión sobre el tema, fue un acontecimiento.

Por ahora, las viejas reglas y normas de conducta todavía restringen la parcialidad flagrante de los medios. Pero las reglas pronto serán abolidas y el desgaste de las normas nos salta a los ojos. Ante la gran concentración de nuestros medios, cabe preguntarse si sus conflictos de intereses no constituyen una amenaza a la democracia. Yo los he informado: ustedes deciden.

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

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