Dos siglos de amistad

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14 de julio de 2014  

El 9 de julio y el 14 de julio no son sólo dos fechas con unos días de diferencia. A un cuarto de siglo uno del otro, el inicio de la Revolución Francesa de 1789, el 14 de julio, y la Independencia de la Argentina, el 9 de julio de 1816, ambos se hacen eco, pues responden a un mismo llamado: la libertad, la "noble igualdad" e incluso la fraternidad. Éstas son las palabras del Himno Nacional Argentino, que responden a la divisa de la República Francesa: liberté, égalité, fraternité . Nosotros, franceses, tenemos la pretensión de creer que el 14 de julio no es solamente la fiesta de la Revolución Francesa y de nuestro país, sino que además posee un valor universal y que pertenece también a todos los hombres libres que se reconocen, a través del mundo, en los ideales democráticos de las Luces, en la Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano, en la divisa de nuestra república. Y sin lugar a dudas no hay otro sitio del mundo en donde esto sea tan verdadero como en la Argentina.

La amistad entre Francia y la Argentina viene de lejos y nace en el origen mismo de esta nación, con la profunda huella que dejaron las Luces y la Revolución del 89 en el mundo de las ideas, el derecho y las instituciones argentinas. Esta amistad se alimentó también con la inmigración, a fines del siglo XIX, de 300.000 franceses que participaron en la construcción del país. Más tarde, durante los años sombríos, muchos argentinos vivieron en Francia un exilio forzado y siempre encontraron en nuestro país una tierra de asilo.

Cincuenta años después de la visita del general De Gaulle a la Argentina, en 1964, y más de 25 años después de la de François Mitterrand, en 1987, esta amistad lleva la marca indeleble de un compromiso y de una fidelidad que hacen que lo que nos une sobrepase siempre lo que nos separa: los principios democráticos, los derechos humanos, la justicia económica y social, el respeto mutuo y la fraternidad. ¿Qué sentido podemos dar hoy en día a este capital de simpatía tan profundo? El poeta Jean Cocteau escribía: "No hay amor, sólo hay pruebas de amor". Pues bien, Francia busca armonizar, en la Argentina, sus actos con sus convicciones.

Pienso, en primer lugar, en la riqueza y en el potencial de nuestras relaciones económicas. Las 230 filiales de empresas francesas presentes en este país confiaron en la Argentina. Al darles empleo a 60.000 personas, aportan, con la tecnología, la formación y el empleo, una contribución al desarrollo de este gran país, en sectores dinámicos e innovadores: transportes, hidrocarburos, turismo, salud. Habida cuenta de sus necesidades y ambiciones, en particular en las infraestructuras de transportes y energía, Francia y la Argentina pueden establecer asociaciones de envergadura, al servicio del empleo y del crecimiento en ambos países. Francia, que siempre ha dado fe de su solidaridad, incluso en los momentos más difíciles, está profundamente interesada en la plena reintegración de este país dentro de la comunidad financiera internacional. Ésta es la razón por la que se sintió muy orgullosa de haber sido la anfitriona y de haber presidido la negociación lograda en el Club de París, lo cual permitirá a la Argentina acceder, de nuevo, al beneficio de oportunidades de cooperación considerables con sus socios, en cuya primera fila se encuentran Francia y los países hermanos que integran con ella la Unión Europea.

También pienso en los éxitos y las ambiciones de la excepcional asociación franco-argentina en materia cultural, universitaria y científica. La presencia de la Argentina, en marzo pasado, como invitada de honor en el Salón del Libro, en París, fue la prueba más brillante de ello. La próxima firma de un convenio de reconocimiento recíproco de títulos universitarios entre nuestros dos países, nuestro apoyo a los programas argentinos de ayuda a la movilidad de estudiantes y de jóvenes profesionales, son igual número de razones para celebrar los 50 años de nuestro acuerdo bilateral de cooperación cultural, científica y técnica, firmado en 1964, durante la visita del general De Gaulle, para fortalecer los lazos privilegiados que desarrollan día tras día nuestras dos sociedades.

Finalmente, a 30 años del retorno a la democracia en la Argentina, la adhesión de nuestros pueblos a los grandes principios republicanos debe conducir a nuestros países a contar uno con otro en el concierto de las naciones. La voz de la Argentina gran país del espacio latinoamericano, miembro del G20 y, hasta el final de este año, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es, para Francia, esencial en la búsqueda de soluciones a los grandes retos que se plantean a la comunidad internacional, desde la defensa de la paz, al compromiso en pro de la no proliferación y el desarme, o incluso de protección del medio ambiente y la preservación de la estabilidad financiera internacional. Precisamente, para defender este último punto, Francia decidió intervenir, en calidad de amicus curiae y en dos ocasiones, ante la Suprema Corte Americana, en el litigio que enfrenta la Argentina con los acreedores, considerando que este contencioso puede afectar el principio mismo de las reestructuraciones ordenadas y negociadas de las deudas soberanas. ¡Y no hemos cambiado de opinión al respecto!

Así, pues, la ambición de Francia con respecto a la Argentina es grande, porque nuestra amistad es antigua y nuestros valores, comunes. En su visita de 1987, Mitterrand decía "creer en el porvenir de un país rico en inteligencia y energía, que posee los medios para ocupar un lugar destacado". ¡Feliz aniversario a los dos pueblos, francés y argentino! ¡Después del 9 de julio, feliz 14 de julio!

El autor es embajador de Francia en la Argentina

Jean-Michel Casa

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