Economía verde y sin pobreza

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10 de mayo de 2012  

En junio, Brasil será sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, conocida como Río+20.

El momento es oportuno: son claras las señales de que los modelos de desarrollo vigentes deben ser reformulados. Los países, independientemente del grado de riqueza, enfrentan graves crisis económico-financieras, la desigualdad social, el hambre, el desempleo, la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático. Esas múltiples crisis apuntan a la urgencia de la implementación de modelos de desarrollo sostenible, es decir, de proyectos nacionales que contemplen, de manera equilibrada e integrada, el crecimiento económico, la inclusión social y la protección ambiental.

Río+20 es la oportunidad para que ese debate ocurra en el más alto nivel. La conferencia será fundamentalmente diferente de su antecesora, la Río-92. La cumbre realizada hace 20 años representó la finalización de largos procesos de negociación y culminó en la firma de importantes documentos y convenciones. Río+20, a su vez, mira hacia el futuro, y construye una nueva agenda para el desarrollo sostenible. Si la Río-92 representó un punto de llegada, la Río+20 puede ser vista como un punto de partida.

Una de las prioridades de Brasil en la Río+20 es la discusión sobre la erradicación de la pobreza y el fortalecimiento de flujos financieros y tecnológicos para la implementación de los compromisos de desarrollo sostenible, que exigen significativos recursos públicos, privados y políticos.

La agenda de la Río+20 se organiza alrededor de dos grandes temas. El primero es la economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza. Acerca de ese tema, se ha estado observando un acuerdo general entre los países sobre algunos aspectos: no existe un modelo único de economía verde, y no se puede considerar la economía verde sin relacionarla con la erradicación de la pobreza y con objetivos de inclusión social.

Cada país formulará su propia concepción de economía verde, de acuerdo con su realidad nacional, los recursos de los que dispone y sus desafíos de desarrollo. En Brasil, por ejemplo, estará basada en el amplio uso de energías renovables, en el combate efectivo a la deforestación, en la elevación de los niveles de renta de millones de brasileños. La adopción de pautas únicas de economía verde para todos los países podría generar distorsiones, tales como la creación de barreras comerciales, lo que profundizaría disparidades entre los países y agravaría problemas sociales, sobre todo en las naciones en desarrollo.

El segundo tema es la gobernanza para el desarrollo sostenible. En otras palabras, se trata de adecuar las estructuras del sistema ONU a fin de fortalecer el multilateralismo, reducir el déficit democrático y proporcionar una mayor integración entre las dimensiones social, económica y ambiental del desarrollo sostenible.

Río+20 podrá proveer una contribución decisiva para enfrentar el calentamiento global, ya que el desarrollo sostenible es la mejor respuesta a los desafíos asociados al cambio climático. Brasil tuvo un rol clave en la reciente Conferencia de Durban y contribuyó, por medio de su liderazgo y propuestas, al logro de resultados positivos. Gracias a Durban, están dadas las condiciones para un intercambio constructivo sobre el calentamiento global en la Río+20, con un impacto potencialmente relevante a favor del fortalecimiento del régimen internacional. Eso, claro, sin pretender duplicar las negociaciones intergubernamentales, cuyo espacio legítimo es la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El mundo mira a Brasil, anfitrión de la Río+20, con expectativa de liderazgo. Contamos con créditos sólidos para eso, como nación que se encuentra a la vanguardia de las energías limpias y renovables y también de las políticas de crecimiento económico inclusivo. Brasil demuestra que es posible crecer e incluir, proteger y conservar.

Como dijo en enero la presidenta Dilma Rousseff, en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, queremos que, a partir de la Río+20, la palabra "desarrollo" aparezca siempre asociada al adjetivo "sostenible".

© La Nacion

Antonio De Aguiar Patriota

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