Ecos de Asís y de Roma

Jorge Rouillon
Jorge Rouillon LA NACION
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28 de enero de 2002  

En el encuentro de Asís, que reunió el jueves último a 260 dignatarios de doce grandes religiones de todo el mundo, Juan Pablo II dijo: "Queremos ofrecer nuestro aporte para alejar las nubes del terrorismo, del odio, de los conflictos armados, nubes que en estos últimos meses se han adensado particularmente en el horizonte de la humanidad".

El Pontífice recordó el primer encuentro realizado en Asís en 1986, y señaló que el objetivo era el mismo: "Rezar por la paz, que es ante todo un don de Dios que hay que implorar con insistencia fervorosa y confiada".

La convocatoria fue amplia. Desde 31 representantes islámicos de 19 países (son 1300 millones en el mundo) hasta zoroastrianos de Irán (sólo 150.000), sin olvidar el judaísmo, el budismo o el confucionismo, otras religiones y las variadas expresiones del cristianismo. Tras un encuentro común, donde expusieron varios oradores con brevedad, los diversos credos se retiraron a rezar por separado, según su fe, idioma y tradición, por que no se pretendía condescender con el sincretismo religioso (mezcla de doctrinas). Más tarde, todos se reunieron para encender cirios en un candelabro y hacer un compromiso por la paz.

El reverendo Konrad Raiser, del Consejo Mundial de las Iglesias, manifestó la "firme convicción de que la violencia y el terrorismo son incompatibles con el auténtico espíritu de la religión". El sheik Abushukhaidem, representante musulmán, afirmó el compromiso de los musulmanes de dialogar con sinceridad, "no considerando lo que nos diferencia como un muro insalvable".

En el encuentro hablaron dos laicos italianos de movimientos católicos que han tenido siempre un gran impulso en el movimiento ecuménico e interreligioso: Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los Focolares, y el profesor Andrea Riccardi, de la comunidad de San Egidio.

* * *

En distintas ciudades hubo actos alusivos al encuentro de Asís. En la Catedral de Buenos Aires, Buenos Aires, varios cultos confluyeron en un acto común. El cardenal Jorge Bergoglio pidió un corazón justo y misericordioso y dijo: "No queremos que nuestros niños caminen sobre las ruinas de la discordia". Y el rabino Arieh Stockman se preguntó por qué las personas vivimos sin paz, para contestarse: "Porque el ser humano ha expulsado de dentro suyo al Creador".

En Asís, el Papa pidió por paz, justicia, y también perdón, "porque la justicia humana está sujeta a la fragilidad y a los límites de los egoísmos individuales y de grupo. Sólo el perdón -dijo- sana las heridas de los corazones".

Y al día siguiente recibió en un almuerzo en Roma a todos los dignatarios invitados a Asís. "Les doy la bienvenida -les dijo- a ésta, mi casa. La puerta está abierta a todos, no como extranjeros sino como amigos." En el almuerzo no se probaron carne ni alcohol, para no chocar con ninguna sensibilidad: hubo pastas, verduras y jugos de fruta. "Ayer nos reunimos a la sombra de San Francisco; aquí estamos reunidos a la sombra del pescador: Pedro", dijo el Papa, enfermo pero activo.

El rabino Ron Kronish, de Israel, se admiró: "Realmente brillaba. Tiene tanta energía espiritual. Es como si la irradiara a todos".

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