Chicos contra chicos: una realidad preocupante

(0)
25 de julio de 2015  

Hurtos y robos efectuados por menores de edad -a veces muy pequeños- duelen, pero ya no sorprenden. Se suele atribuir esos delitos a la influencia y dirección que sobre los chicos imprimen algunos mayores inescrupulosos cuya perversa función es servirse de ellos para cometer hechos ilícitos.

Pero hay otra variante de hechos cometidos por menores de edad que ha recrudecido en los últimos años y que resulta preocupante: se trata de la aparición de pequeños grupos de adolescentes, bandas reducidas de chicos que roban a otros grupos de pares, amenazándolos con medios toscos -como reglas escolares partidas para robarles celulares, mochilas, zapatillas y el dinero que lleven consigo.

Eso ocurre con cierta frecuencia en varios barrios de la ciudad de Buenos Aires, especialmente en la cercanía de escuelas. En la vecindad del Centro Arquidiocesano del Espíritu Santo, en Palermo, varios alumnos de ese instituto han vivido episodios como el mencionado, de allí que resulte lógica la preocupación que varias familias hicieron llegar al rectorado de la institución, que, a su vez, solicitó al gobierno porteño que estableciera corredores seguros, custodiados por agentes, para la circulación de los alumnos.

La situación se ha reiterado en otros barrios, como Caballito, donde también los padres de alumnos de la zona han reclamado por mayor seguridad. Allí, el punto neurálgico se ubicó en Primera Junta, en las calles cercanas a establecimientos escolares, cerca de Juan B. Alberdi y Emilio Mitre. Las víctimas son alumnos. Allí abundaron los testigos, pero faltaron los agentes y, por lo tanto, no hubo corredores seguros. Con posterioridad a esos hechos, se ha observado presencia policial en las inmediaciones del Colegio Marianista.

La breve descripción abre dos cuestiones. Por una parte, la situación de los escolares que corren riesgos que deben ser evitados con medidas por establecer en el camino de ida y vuelta de la escuela. La propuesta de corredores seguros resulta apropiada y también otras que puedan acordarse. Sin embargo, en todos los casos, se trata de respuestas de contingencia, pues el fondo por resolver es mucho más profundo.

En efecto, y he aquí el punto central, hay que atender la preocupación que despiertan los chicos agresores. Por ello, importa conocer las causas que obran sobre esos menores de edad y sus actos. En este sentido, inciden de modo principal dos factores determinantes: la familia, y el medio y las condiciones de vida donde habitan. Es menester trabajar duro para recuperar a quienes por su edad están al margen de la detención y necesitan ayuda de todos nosotros como sociedad y no sólo del Estado. Es una tarea ardua, pero indispensable, que merece sinceramientos y una enorme voluntad para mejorarles el presente y allanarles el camino hacia un futuro mejor.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?