Suscriptor digital

El camino del patoterismo y la investidura presidencial

La bochornosa actitud de legisladores opositores frente al jefe del Estado en la Asamblea Legislativa sintetiza la decadencia de una parte de nuestra dirigencia
(0)
2 de marzo de 2019  

Sería lamentable que el mensaje ante la Asamblea Legislativa con que el presidente Mauricio Macri inauguró ayer el período de sesiones ordinarias sea recordado por la bochornosa actitud de no pocos legisladores de la oposición que interrumpieron el discurso presidencial con gritos e insultos. Pero tal vez esta inadmisible e insólita exhibición de patoterismo y de falta de respeto por la investidura del primer mandatario constituya un indicador más de la decadencia de esos dirigentes que siempre ven la paja en el ojo ajeno, pero son incapaces de ver la viga en el propio.

Desde antes del inicio del mensaje del Presidente, en no pocas bancas de diputados y senadores de la oposición que más tarde agredieron al titular del Poder Ejecutivo, se vieron pancartas con la leyenda "#Hay otro camino". Quedó evidenciado que ese camino no es otro que el de la intolerancia, el desprecio por las instituciones y la defensa de la corrupción. Es un camino que ya hemos transitado los argentinos en la última década y que, indefectiblemente, nos conduciría hoy por un rumbo muy parecido al que tomó la Venezuela autoritaria de Chávez y Maduro .

Es claro que la Argentina está atravesada por un debate entre dos modelos muy diferentes de país. En la orilla del pasado, se encuentran el exacerbamiento del consumo a costa de un fuerte intervencionismo del Estado y de un elevado déficit fiscal primario, financiado por emisión monetaria e inflación; los controles de precios; los servicios públicos tan baratos como ineficientes, sostenidos por subsidios; el clientelismo; el constante aumento del empleo estatal; el capitalismo de amigos; la corrupción pública y privada, y el aislamiento internacional. La orilla del futuro debería mostrarnos el equilibrio fiscal; un menor intervencionismo estatal y una menor presión impositiva; el aliento a la inversión productiva del sector privado; una absoluta transparencia en contratos de obra pública; el regreso definitivo a los principios y valores republicanos, como la división de poderes y la independencia de la Justicia, y la integración al mundo.

Atravesar el caudaloso río que divide a ambas orillas no es una tarea fácil, sobre todo cuando en el medio del trayecto hacen escuchar su voz los beneficiarios del prebendarismo y del populismo: dirigentes políticos y sindicales poco dispuestos a perder antiguos y absurdos privilegios; empresarios acostumbrados a convertirse en cortesanos del poder para obtener pingües negocios con el Estado que siempre terminamos pagando los resignados contribuyentes, y organizaciones que siguen subsistiendo gracias al clientelismo asociado a planes sociales cuyos recursos quedan mayormente en la mitad de camino y apenas llegan en forma de migajas a quienes realmente puedan necesitarlos.

En este escenario, cuyo futuro deberá dirimirse este año en las elecciones presidenciales , la apertura del período ordinario de sesiones del Congreso se produjo en un marco de tensión inusitada, que no se había registrado en los últimos tres años. Encuentra su explicación no solo en la cercanía de las campañas electorales, sino también en que los últimos meses han sido pródigos en revelaciones sobre escándalos de corrupción de la gestión kirchnerista que hoy son investigados por la Justicia. La búsqueda de impunidad es una fuente de la presión política y del obstruccionismo a una gestión de gobierno.

No es por cierto el contexto más propicio para un discurso presidencial ante una Asamblea Legislativa. Y de allí que este haya tenido algunas características más propias de un tradicional discurso proselitista de campaña que de un detallado y sereno balance de gestión.

Macri reconoció que un año atrás, al hablar frente al mismo auditorio, cometió un error cuando afirmó que lo peor ya había pasado. Esgrimió que el cambio en las circunstancias financieras internacionales y la grave sequía de 2018 alteraron dramáticamente las metas y los planes, obligando a dejar atrás el gradualismo fiscal. Faltó, sin duda, una autocrítica mayor por parte del Presidente: más allá de los problemas del mundo, debió mencionar que, durante los primeros dos años de su mandato, aquel gradualismo se transformó en inacción a la hora de reducir el gasto público, fuente del déficit fiscal, de la inflación y del ahogo del sector productivo.

En cambio, debe elogiarse la insistencia presidencial en dejar de lado el "camino del atajo" que tantas veces elegimos los argentinos y avanzar hacia una mayor transparencia. Tenemos una inflación colosal y los niveles de pobreza son tan elevados como los heredados del gobierno de Cristina Kirchner . Pero no puede olvidarse que, durante los años del kirchnerismo, esos índices eran disimulados por una inflación que no era medida correctamente por el Indec intervenido por Guillermo Moreno . Y como bien dijo el Presidente, la pobreza no desaparecerá porque se deje de medir. Según Macri, "hoy hay un equipo que transparenta el valor de las cosas, que asume la pobreza, la inflación y la inseguridad". No es un avance menor en términos de cultura política.

También es cierto que el ingreso de bolsillo es solo una de las maneras de medir la pobreza, y que esta también puede ser evaluada en función del grado de acceso a redes cloacales y al agua potable; del nivel de pavimentación de calles en barrios populares, que permite que las ambulancias puedan ingresar adonde antes no podían llegar, y de los golpes contra el narcotráfico, un flagelo que azota a vastos sectores de la población, pero que lisa y llanamente mata a los chicos de condición más humilde. Son áreas donde, al igual que en materia de construcción de autopistas y otras obras viales, el Gobierno puede exhibir logros relevantes. En igual sentido, el hecho de que se hayan licitado obras públicas a un costo en un 40% inferior a las licitadas hasta 2015 no deja de ser un dato destacable.

El Presidente indicó que ha crecido al 86% la proporción de beneficiarios de planes sociales que hoy reciben capacitación para aprender un oficio o conseguir un trabajo. Hubiera sido importante que el capítulo de la educación ocupara más espacio en su discurso, más allá de su nuevo pedido al Congreso para que modifique un artículo de la ley nacional educativa, que impide que se informen los resultados de las pruebas nacionales de evaluación de los alumnos a sus padres.

Falta muchísimo para que se noten verdaderamente los cambios profundos de los que habló el jefe del Estado. Pero debe destacarse el valor de la reinserción de la Argentina en el mundo en estos últimos años y el avance institucional que significa el hecho de que la Justicia esté investigando gravísimos episodios de corrupción, por los que -como apuntó Macri- todos tendrán que rendir cuentas, incluido cualquier presidente de la Nación y sus familiares. Es de esperar que toda la clase dirigente comprenda esto para que la impunidad no nos termine venciendo una vez más.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?