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La desnuclearización coreana

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12 de marzo de 2019  

Las expectativas de poder encontrar un camino común que permita alcanzar el objetivo central de desnuclearizar efectivamente la península coreana quedaron esta vez claramente frustradas, tras la reciente reunión cumbre entre los líderes de los Estados Unidos y Corea del Norte en la ciudad de Hanoi, en el hoy pujante Vietnam. No hubo progresos ni coincidencias importantes que anunciar. El color del fracaso tiñó entonces el esfuerzo conjunto y de alguna manera dañó su credibilidad.

Según los norteamericanos, la razón del inesperado fracaso fue la inconmovible exigencia norcoreana de levantamiento inmediato de las duras sanciones económicas norteamericanas que golpean a su débil economía. Sin dar nada a cambio. Algo que ciertamente no es habitual que suceda en las negociaciones internacionales, que normalmente suponen un intenso trabajo previo de las delegaciones respectivas y el haber alcanzado avances bien definidos con anterioridad al encuentro entre los líderes máximos de las partes. La negociación deberá ahora continuar, a nivel técnico y con otro ritmo. Corea del Norte, sin embargo, puede haber dejado ya de ser un país ermitaño y mantener en adelante su repentina vocación de diálogo.

Pero la sensación sorprendente de falta de avances no ayudará en más. Y la confianza recíproca ha quedado aparentemente afectada por una oportunidad que, en rigor de verdad, ha sido desperdiciada. Hasta tal punto que lo sucedido obligó a cancelar abruptamente el almuerzo que había sido previsto para ambas delegaciones en el comedor del histórico Hotel Metropole, en Hanoi.

La peligrosa y cierta amenaza nuclear norcoreana sigue, por ahora al menos, lamentablemente vigente, para preocupación de todos. Incluso de Donald Trump, para quien lo sucedido es un fracaso que, por notorio e inesperado, lo golpea inoportunamente, en tiempos que, en el plano doméstico, ya son electorales.

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