La era de la creatividad

La habilidad del cerebro para pensar y resolver problemas de una manera diferente y novedosa cada vez, es considerada hoy la gran herramienta del porvenir
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3 de enero de 2015  

Muchas veces, desde estas mismas columnas, nos hemos referido a la importancia de unir a la información -tan abundante hoy debido a Internet y las redes sociales- el conocimiento. Sin embargo, los principales divulgadores del pensamiento innovador advierten que hoy tampoco esta fórmula es suficiente si no va acompañada de la creatividad, caracterizada como la habilidad que tiene el cerebro para pensar de una manera novedosa y diferente de la que está acostumbrado.

De ser creativos o no ante los problemas que plantea hoy la vida moderna dependerá el crecimiento de una persona, de una empresa, de una organización o de un gobierno incluso.

La buena noticia que aportan las nuevas investigaciones en esta área es que la creatividad se puede entrenar, practicar, adquirir y mejorar a cualquier edad, siempre que se le dedique también disciplina y esfuerzo constantes. La creatividad no está restringida a una práctica específica, sino que es vital para todas las realizaciones humanas, según nos recuerda el especialista en neurociencias Facundo Manes.

Hasta tal punto es fundamental desarrollar esta aptitud en muy distintos ámbitos, como son los educativos, científicos, empresariales o de gestión ciudadana, que en la ciudad de Buenos Aires existe actualmente un Observatorio de Industrias Creativas, ya que se calcula que éstas, cuyo insumo principal es el talento, pueden en conjunto llegar a representar hasta un 10 por ciento de la economía urbana. Una importancia que, según se descuenta, crecerá en el futuro.

Las pruebas de que la creatividad puede ser la herramienta del porvenir, sobre todo porque cualquiera de nosotros participa de ella, son numerosas. Y de las bondades de desarrollar esta habilidad se beneficiará, por supuesto, la educación; pero para que ello ocurra, en particular en nuestro país, deberá cambiar sustancialmente la forma en que docentes y alumnos interactúan. El modelo actual es, para muchos expertos, el mismo de la revolución industrial; es decir, que estamos ante un concepto de educación y de escuela que atrasa 200 años, comparativamente.

Por supuesto, hay sectores de la sociedad en los que estos conceptos prenden fácilmente -desde siempre, los artistas son los que habitualmente están considerados con justicia como los poseedores de la gran capacidad para crear-, porque son los más "creativos" y los que más en contacto están con las redes sociales, que son en gran parte los motores de esta verdadera democratización de la creatividad actualmente. Asistimos así a un aporte sumamente positivo para todas las sociedades en general, que afrontan hoy problemas tan graves como el cambio climático, la sobrepoblación y la falta de alimentos, que están poniendo en peligro la existencia del hombre sobre la Tierra y de los cuales sólo se podrá salir adelante con el desarrollo de la llamada "era conceptual", es decir, aquella en la cual los más creativos, empáticos y solidarios serán también los más exitosos.

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