Los valores de la sociedad global

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28 de agosto de 2001  

El desarrollo del proceso económico y político de globalización, enancado en el prodigioso crecimiento de las tecnologías, posee una cualidad de ambivalencia que se manifiesta con claridad a través de efectos de signo opuesto, positivos y negativos. En ambos sentidos aparece el impacto producido por las transformaciones que se han venido operando y que son observables en grandes áreas de la vida y la sociedad planetarias.

En el cuadro que actualmente se aprecia, aumentan las demandas para preservar y exaltar ciertos valores fundamentales que dan significado y justificación a los cambios. Esos valores se vinculan con la necesidad de cuidar la vida, afirmar la educación con igualdad de oportunidades para todos, alentar los avances de una ciencia y una tecnología que garanticen un respeto esencial por el ser humano y la naturaleza, asegurar una sociedad de información y de conocimientos sin restricciones ni monopolios, así como la promoción de un diálogo interactivo y constructivo entre las diferentes culturas.

Recapitulando de modo breve la problemática de cada área, se observa que en el espacio de la biósfera el uso, con frecuencia desmedido, de tecnologías de alta eficiencia ha contribuido directa o indirectamente a la intoxicación de la aguas, al deterioro de los bosques, al agotamiento de los recursos, a la degradación del suelo y a la ruptura del equilibrio ecológico. Es urgente, pues, revertir plenamente esta situación, preservando la vida natural, el ambiente y los recursos.

En el orden educativo, la prioridad reclamada se centra en la enseñanza básica universal. La sociedad actual exige para sus miembros mayores y mejores conocimientos, habilidades y destrezas. Los límites de la alfabetización se han ampliado. No basta ya con saber leer y escribir y dominar las operaciones aritméticas elementales. El ciudadano de hoy requiere mucha más capacitación para no quedar excluido del trabajo, para asumir sus deberes y derechos, para responder a requisitos técnicos.

Por su parte, la ciencia y la tecnología no pueden progresar de manera unilateral, ajenas a efectos adversos que derivan indeseadamente de los avances logrados. La libertad de investigar tiene que encontrar un razonable ajuste con las exigencias fundadas de la bioética. La inercia del crecimiento no debe desatender las consecuencias humanas dañinas que se provocan.

La sociedad planetaria, como vasto campo de la información y difusión de conocimientos reclama equilibrio en cuanto a la posición y empleo de los medios de comunicación, a fin de asegurar la promoción y protección de un bien público mundial, ya se trate de asegurar el libre acceso a las fuentes como a la participación equitativa de sociedades y naciones.

En la dimensión económica, la mayor disfuncionalidad se advierte en la estela de desocupación dejada por la mundialización. Es indispensable responder con eficacia a esta declinación de la cultura del trabajo, cuyas secuelas son la pobreza, el hambre y el agravamiento de las desigualdades.

En cuanto a las culturas, el diálogo productivo entre ellas requiere respeto mutuo, abandono de prejuicios, juego continuo de reciprocidades y consideración por la diversidad. Esta es la condición que permite a sus miembros alcanzar la identidad, madurar y expresarse diferenciadamente para no ser diluidos por el proceso homogeneizador de la globalización.

El gran desafío de esta hora mundial es demostrar, en fin, que se sabe, se quiere y se puede llegar a la meta de una sociedad mejor y más justa sobre estos lineamientos éticos.

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