Muertes por polución ambiental

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27 de agosto de 2001  

Un artículo publicado en la prestigiosa revista Science da cuenta de investigaciones realizadas en las ciudades de México, Santiago de Chile, San Pablo y Nueva York, según las cuales la polución ambiental de esas urbes puede llegar a producir, en los próximos años, unas 64.000 muertes. El equipo que estudió el tema aconsejó las medidas necesarias para depurar el aire de esos centros urbanos, eliminando las causas de esa tragedia potencial.

"Estimamos que hoy muere más gente por polución ambiental que debido a accidentes de tránsito", explicó la profesora Devra Lee Davis, de la Escuela Heinz, de la Universidad Carnegie Melleon, en Pittsburgh. Esas muertes no se producen en forma directa, porque son la consecuencia de procesos paulatinos, de los cuales son responsables el consumo de gasoil, naftas y carbón. Los efectos que los residuos contaminantes tienen sobre el desarrollo de enfermedades como asma, males cardíacos y problemas pulmonares son de acción comparativamente lenta y suelen culminar con decesos prematuros. Estos son a veces atribuidos a causas más inmediatas, dejando de lado los factores contaminantes, que pesan sobre la salud de las personas durante muchos años.

"Esperamos que los legisladores comprendan que las decisiones sobre energía y tecnología son fundamentalmente decisiones sobre salud", aclaró la directora de este proyecto. El mismo equipo científico alertó sobre el peso que estos factores tienen sobre otros aspectos, tales como la creciente pérdida de días de trabajo debida a enfermedades que tienen el mismo origen.

Los problemas detectados son particularmente graves y se manifiestan con especial fuerza en varias urbes latinoamericanas. En México y en Santiago, muy especialmente, el avance de la polución ha alcanzado niveles que generan preocupaciones cada vez más serias.

El problema de la polución, sobre todo la que tiene como causa los gases contaminantes que quedan en la atmósfera, existe en cualquier gran ciudad. En Buenos Aires, una urbe de llanura sometida a vientos que la barren periódicamente, el efecto es menor, pero no nulo, y puede llegar a incrementarse severamente en zonas determinadas (el microcentro, por caso) generando todas las dificultades que se observan en los ámbitos físicos propensos a la acumulación de gases como el monóxido de carbono, que permanece indefinidamente en la atmósfera a menos que sea tratado químicamente o eliminado por la acción de los vientos.

El problema, tal como está planteado, se vuelve de difícil solución y se incrementa en la medida en que no se aplican políticas de control o tratamiento adecuadas. En realidad, la única medida de efectos absolutamente seguros es la prevención, pero también es, lamentablemente, la más difícil de poner en práctica, porque pocas veces se cuenta con el apoyo decidido de los gobiernos o las personas. Suele pasar que las acciones se intenten o se pongan en práctica cuando la solución se ha vuelto muy problemática o imposible.

Es factible que la respuesta pueda llegar, paradójicamente, por la progresiva desaparición de los combustibles no renovables, cuyo uso puede ser más o menos largo, pero no indefinido. La perspectiva que esto genera ha empujado el desarrollo de tecnologías diferentes, que emplean fuentes energéticas no dañinas para el ambiente.

La humanidad ha sabido crear y extender notablemente fuentes de energía que son, desde el punto de vista de la polución, absolutamente limpias, como sucede con la hidroelectricidad, por ejemplo, cuyo mantenimiento está ligado al Sol, una estrella de vida asegurada por un tiempo que supera en mucho las previsiones humanas actuales. Pero no se puede decir lo mismo de otras, en las cuales la confiabilidad suele quedar demasiado ligada a la capacidad del hombre para actuar correctamente, de acuerdo con lo que la misma técnica aconseja, como sucede en el uso cotidiano de los automotores o en las usinas atómicas.

Se puede considerar que las políticas de control ambiental se han convertido en una necesidad de Estado. Que los Estados no siempre las tengan en cuenta para sus planes políticos es algo que habrá de redundar, tarde o temprano, en males más y más graves para personas que hoy suponen estar al margen de ellos. La perspectiva no es buena y sería imprescindible cambiarla por otra que genere una confianza que hoy no existe.

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