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Políticos presos, no presos políticos

Resulta tan violento como inaceptable que acusados de graves delitos contrael Estado se victimicen denunciando absurdas conspiraciones
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3 de marzo de 2019  

"La mayor habilidad del demonio consiste en hacerle creer a la gente que no existe", decía Baudelaire. Tal frase, pronunciada en el siglo XIX, sigue teniendo hoy tanta vigencia como entonces. O tal vez más, según quién la diga o conforme a lo que se aplique. Es lo que ocurre con la falsa categorización de "presos políticos" que eligen para victimizarse decenas de imputados, procesados y condenados de los distintos gobiernos.

Los imputados y procesados que aún no pisaron la cárcel, pero que en virtud de los atropellos que cometieron saben que no les ha de faltar mucho para visitarla, se escudan en esa falsa denominación de manera preventiva, acaso exculpatoria. Y a quienes ya están entre rejas, esa autocalificación de "presos políticos" les resulta útil para intentar convencer a los demás sobre la necesidad de resignificar su culpabilidad. Es decir, que se entienda que están presos no porque cometieron delitos, sino porque son perseguidos por un Estado cobarde e inhumano que solo busca censurar sus voces para que no quede constancia del gran servicio que brindaron a la comunidad con su paso por la función pública, o mediante sus negocios con ella, en el caso de sindicalistas y empresarios.

Nada dirán sobre los suficientes y contundentes elementos de prueba que jueces y fiscales suman en su contra, ni de que muchas de sus detenciones están fundadas en el riesgo que importaría mantenerlos en libertad. Es lo que se ha dado en llamar la "doctrina Irurzun", mediante la cual se endurecieron las condiciones para liberar a exfuncionarios acusados de corrupción .

No es casual que tanto la expresidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner , como su vicepresidente Amado Boudou , como Julio De Vido , amo y señor del manejo discrecional de la obra pública durante más de una década, hayan hablado de la existencia de presos políticos en la Argentina. Boudou y De Vido, hoy detenidos, se consideran a sí mismos de esa forma. Cristina Kirchner lo extiende a todo funcionario de su gobierno e, incluso, a Milagro Sala, la dirigente jujeña condenada por un tribunal oral en lo criminal a 13 años de prisión por haberla hallado culpable de los delitos de defraudación al Estado, asociación ilícita y extorsión, al tiempo que fue inhabilitada para ejercer cargos públicos.

En su más reciente declaración indagatoria por ocho hechos de corrupción (siete de ellos derivados de la denominada causa de los cuadernos ) ante el juez Claudio Bonadio , y en su último discurso en el Senado, Cristina Kirchner ha insistido en la fórmula que cree haber hallado para desacreditar las numerosísimas pruebas que la complican judicialmente. Ha reiterado con disparatada vehemencia que es víctima de una persecución mediática y judicial y que los periodistas que investigan los delitos que se le imputan pertenecen a un grupo de tareas. De lo que debe responder a los jueces, nada aporta.

Las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz albergan hoy a una treintena de exfuncionarios kirchneristas y empresarios que, precisamente, no fueron encarcelados por su lucha social, sino porque la Justicia tiene pruebas suficientes de que cometieron delitos tales como asociación ilícita, cohecho, lavado de dinero, instigación a la violencia, defraudación contra la administración pública, enriquecimiento ilícito, pago de sobreprecios en representación del Estado, extorsión, incumplimiento de los deberes de funcionario público o negociaciones incompatibles con la función estatal. Eso, por citar unos pocos ejemplos que refutan claramente la posibilidad de que se trate de personas que están presas por sus ideas, tal como quieren hacerlo aparecer.

La configuración de un "colectivo" de presos o perseguidos políticos no es inocente. Va mucho más allá de la situación de tal o cual persona. Es el argumento que alimentan quienes, a la espera de un eventual regreso al poder, fantasean muy probablemente con echar mano de una amnistía, lo que supone la inexistencia de delito.

El kirchnerismo -y lamentablemente varios de quienes podrían volver a ser sus aliados- no ha hecho ninguna autocrítica. Como ocurrió durante los más de 12 años de sus gobiernos, la palabra corrupción no existe en su léxico. Como tampoco existieron la pobreza, ni la inflación ni la inseguridad cuya presencia vociferan respecto de las gestiones que no comulgan con su ideario.

Ahora, esas voces pretenden hacer lo mismo con los políticos presos: negarles responsabilidad criminal. Porque en la concepción de ese falso progresismo que tanto mal ha causado a nuestro país, lo que no se dice no existe. En sentido inverso, dictamina que solo es válida la mentira, a la que busca imponer como verdad única. Es la continuidad del "relato" por otras vías.

Como mínimo, es absurdo que quienes han hecho uso y abuso del Estado, cooptando legisladores, jueces y fiscales digan ahora que las denuncias de corrupción que los tienen en la mira son una represalia de las actuales autoridades por los fuertes intereses que ellos afectaron y no la consecuencia judicial del robo sistemático y descarado que hicieron a las arcas del Estado, es decir, a todos los argentinos, pues somos los que lo financiamos con nuestros impuestos. ¿Acaso no se les han incautado parte de cuantiosas fortunas que no pueden justificar? ¿Por qué hay hoy tantos exfuncionarios kirchneristas dispuestos a contar con pelos y señales la ruta de la corrupción? ¿Todo el empresariado que trasiega los tribunales de Comodoro Py se ha puesto de acuerdo en inventar una acusación? ¿Los jueces y fiscales que instruyen las causas por corrupción han decidido inmolarse sentados sobre un edificio de pistas falsas y pruebas inexistentes? ¿Que existan los Panama Papers, el caso del Correo Argentino y otras causas que refieren al entorno del presidente Macri los exime de rendir cuentas ante la Justicia? Si "corrupción hay en todos lados", como intentan justificarse, ¿acaso los corruptos kirchneristas son menos corruptos?

Que un sector de la dirigencia siga hablando de "presos políticos" es una señal inequívoca de la necesidad que ese grupo tiene de recuperar el poder para retomar los negocios perdidos sin que nadie los haga pagar por sus delitos. No son víctimas. Son victimarios. No son presos políticos. Son políticos corruptos presos.

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