Educación para los medios

Por Silvia Bacher Para LA NACION
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25 de agosto de 2001  

Una luz roja se enciende. Titila un cartel que reza "en el aire". Un puñado de periodistas mira con espanto el micrófono. Sus voces, sus opiniones, sus inquietudes, serán escuchadas por quién sabe quién.

La particularidad de la escena está dada por la edad de los protagonistas. No tienen más de 10 años. Sus ojos negros y profundos se abren. Tiemblan los papeles en sus pequeñas manos. Parece que sus gargantas van a traicionarlos. Pero no. Empiezan con temor, avanzan con más y más firmeza. El milagro se produce cuando sus voces saludan por primera vez a los radioescuchas. Este segundo quedará grabado a fuego en su memoria.

Esta escena se repite en decenas de radios comunitarias a lo largo y a lo ancho del país. Silbando bajo, casi sin que se note, la cantidad de programas radiales producidos por chicos, desde jardín de infantes hasta jóvenes universitarios, fue creciendo poco a poco en los últimos años.

Como parte de un telar donde solidaridad, vocación de servicio, conciencia social y pluralismo se entretejen, un grupo de radios comunitarias abren sus estudios semanalmente a jóvenes de todas las clases sociales para que puedan compartir, paredes afuera de la escuela, sus preocupaciones, sueños, investigaciones.

La palabra desprestigiada, el lenguaje empobrecido, la comunicación (in-comunicación) unidireccional, que son modelos propuestos desde muchos medios masivos, encuentran su contracara en la participación juvenil.

De pronto y ante la necesidad de comunicar, de ser protagonistas, la palabra y el silencio, la sintaxis y la gramática recobran un valor olvidado: son imprescindibles para que los oyentes comprendan. Es necesario enriquecer el vocabulario y leer para investigar temas y, así, poder defender opiniones.

Mientras muchas radios clonan modelos light plagados de llamados insulsos (a quién querés saludar, qué tema querés pedir, qué chico te gusta o qué almorzaste hoy), con locuciones idénticas y modulaciones indiferenciadas que favorecen un zapping radial del que resulta, justamente, más de lo mismo, los jóvenes indagan modelos diferentes.

Un grupo de especialistas de 33 países, convocados por el Ministerio de Educación de Austria y la Unesco, se reunió en Viena, hace poco más de un año, con el fin de discutir y elaborar recomendaciones -para presentar ante diferentes organismos oficiales- sobre las múltiples problemáticas y estrategias que ofrece la educación para los medios en la era digital. Entre ellos, una psicoanalista yugoslava sostuvo (y se incluyó en las recomendaciones realizadas a la Unesco) que la producción de medios de comunicación en zonas de catástrofe había resultado una actividad de incalculable valor para niños y jóvenes que atravesaron la dramática experiencia de la guerra. "Una vez resuelto el problema sanitario y de alimentación, lo más importante es tener algo que hacer -aseveró- y producir medios propone un ámbito de contención social e incluso terapéutico".

El mismo informe de recomendación sostiene que la educación para los medios debe formar parte de la formación básica. Es un instrumento para construir y sustentar democracias, educando en la trascendencia del derecho a la información. Sugiere, asimismo, introducirla en los curricula nacionales, en la formación superior, en ámbitos de educación no formal, e incluirla en la educación permanente.

En la ciudad de Buenos Aires, más de doscientas escuelas públicas que participan en el Programa Producción de Medios en la Escuela de la Secretaría de Educación buscan, por medio de soportes que apasionan a docentes y alumnos (radio, gráfica, video), revaluar la oralidad y la escritura y promover el ejercicio de la participación y el derecho a la información.

Las fundaciones Bunge y Born y Perez Companc promovieron, entre setecientas cincuenta escuelas rurales de todo el país, un certamen de revistas escolares para rescatar la historia y la función de esos establecimientos. En Tierra del Fuego, Chubut, Mendoza, Neuquén, La Pampa, Jujuy, en forma solitaria la mayoría de las veces, la búsqueda se repite.

Junto con el Comfer, el Ministerio de Educación comenzó a instalar radios, hace pocos meses, en escuelas rurales y de frontera, intentando al mismo tiempo hilvanar las experiencias desperdigadas por el territorio nacional.

No tan de moda como la conectividad, pero con la ventaja de poder ser desarrollada en cualquier aquí y ahora, con un impacto inmediato e inclusivo (la totalidad de la población puede escuchar un programa de radio o ver un video juvenil, por ejemplo), la producción de medios de comunicación en escuelas, centros culturales, talleres barriales, centros de recuperación de adicciones, es una estrategia probada, evaluada, exitosa, capaz de promover el respeto por la diversidad, la formación de receptores críticos, la recuperación de la propia historia social y la participación ciudadana.

En la era digital, existen caminos al alcance de todos para participar, dominar la palabra y ejercer, desde la infancia, el derecho a la comunicación.

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