EE.UU., en la mirada de América latina: de la condena al ejemplo

La percepción negativa sobre EE.UU. en la región no es extendida ni uniforme, menos en la Argentina, el país más antiamericano del continente
Federico Merke
Gino Pauselli
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29 de junio de 2014  

En los últimos años ha surgido un renovado interés por estudiar las predisposiciones negativas que los ciudadanos de distintos países tienen hacia Estados Unidos. A falta de un concepto mejor, esta mirada negativa recibe el nombre de "antiamericanismo".

Se trata, claro, de un fenómeno difícil de precisar. El antiamericanismo de un marxista francés, por ejemplo, es distinto del antiamericanismo de un fundamentalista islámico, que es distinto del antiamericanismo de un nacionalista mexicano. Cada uno exhibe distintas formas y contenidos en diversos momentos de la historia de distintos países. Para el politólogo Giacomo Chiozza, el antiamericanismo es "un fenómeno ideacional, una actitud y una creencia política". Cuestionar las políticas de Estados Unidos, dice Chiozza, no es un criterio suficiente para ser considerado antiamericano. Pero tener una baja consideración hacia los valores, la cultura y las instituciones de Estados Unidos es sinónimo de antiamericanismo.

Examinando la opinión pública a nivel global, Chiozza observa que muchas personas critican a Estados Unidos por lo que hace, pero son menos los que lo cuestionan por lo que es o representa. Lo que predomina, entonces, es una zona marcada por una tensión fundamental entre admiración y oposición. Si la observación es correcta, entonces el antiamericanismo es un fenómeno demasiado desarticulado para representar una ideología sólida y demasiado diferenciado para ser un síndrome cultural.

A partir de estas observaciones, ¿es posible hablar de antiamericanismo en América latina? ¿Cuál sería su naturaleza? Utilizando los resultados de distintos sondeos de opinión pública llevados a cabo por Latinobarómetro y por el proyecto "Las Américas y el mundo" (Layem), del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) de México, nos propusimos estimar el nivel de disposición negativa hacia los Estados Unidos por parte de la opinión pública de dieciocho países de América latina.

Los datos disponibles nos permitieron elaborar un índice simple, construido a partir de tres preguntas del Latinobarómetro, para dieciocho países (sin Cuba) y un índice más complejo, sumando cuatro preguntas más del Layem, para seis países. Las preguntas del Latinobarómetro fueron sobre la opinión general, positiva o negativa, acerca de Estados Unidos; si es o no el mejor amigo de la región, y si su influencia en la región es positiva o negativa.

Índices que sorprenden

¿Cuáles son los hallazgos? En primer lugar, que resulta exagerado hablar de antiamericanismo en América latina. Normalizando los resultados de las tres preguntas entre 0 y 1 -donde 0 es un pleno rechazo y 1 es una plena identificación positiva con Estados Unidos-, el promedio general fue de .60, .46 y .56, respectivamente. Se trata, en efecto, de una actitud moderada e incluso positiva hacia Estados Unidos.

En segundo lugar, que existe una correlación negativa entre distancia geográfica y disposición positiva hacia Estados Unidos. Dicho de otro modo, cuanto menor es la distancia, mayor es la percepción positiva de los latinoamericanos hacia Estados Unidos. En efecto, los promedios más altos pertenecen a El Salvador (.73), Panamá (.72), Costa Rica (.66) y República Dominicana (.68). Este hallazgo también es de algún modo contraintuitivo. Los países de América Central fueron por lejos los más expuestos al imperialismo económico y militar de Estados Unidos y, sin embargo, hoy exhiben una mirada muy positiva de ese país.

En tercer lugar, que también el comercio bilateral y la ideología del encuestado explican la opinión hacia Estados Unidos. Así, los ciudadanos que se ubican del centro a la derecha del recorrido ideológico, que viven en países cercanos a Estados Unidos e interdependientes en términos comerciales, exhiben un sesgo proamericano. México, como es de suponer, representa una excepción y exhibe una de las miradas menos positivas, con un promedio de .46, curiosamente similar a la de Chile.

En cuarto lugar, que la disposición negativa de la Argentina hacia Estados Unidos es la mayor de los dieciocho países, con un promedio de .27, muy por debajo de la media, y ocupando el último lugar en cada una de las preguntas consideradas. Puesto brevemente, los argentinos poseen una mirada negativa de Estados Unidos, no lo consideran un amigo y creen que su influencia en la región es perjudicial. Curiosamente, la Argentina está incluso por debajo de Ecuador (.54), de Bolivia (.40) y de Venezuela (.40).

Las razones para explicar este fenómeno, también observado por otras encuestas de opinión, no han sido del todo desarrolladas. Sostenemos que las causas son múltiples y que es necesario ir bien atrás en nuestra historia para identificar el presente. Creemos, también, que esta disposición negativa no se reduce al fenómeno del peronismo. Conservadores, radicales, nacionalistas o socialistas, ninguno definió su identidad en el espejo de Estados Unidos, sino que buscaron en Europa buena parte de la inspiración. Más aún, tradiciones como el arielismo, el latinoamericanismo o luego el marxismo encontraron en Estados Unidos un "otro" contra el cual construir sus identidades.

Si combinamos esta sobreoferta de ideas antiamericanas con la declinación histórica de la Argentina, quizás entendamos mejor nuestra propensión a colocar a Estados Unidos entre los culpables de nuestros fracasos.

Cualquiera que sea la explicación, dos cosas son claras. Primero, que las alianzas regionales contra Estados Unidos se asientan sobre el suelo de una opinión pública a veces mucho más cercana a Estados Unidos de lo que creen nuestros dirigentes. Segundo, que el mejor aliado de los dirigentes argentinos críticos de Estados Unidos es la propia opinión pública. Ambos rasgos tienen profundas implicancias para nuestra política interna y externa.

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