El aura de la ciudad

Daniel Gigena
Daniel Gigena LA NACION
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21 de diciembre de 2018  • 03:34

En Infancia en Berlín hacia 1900, el filósofo Walter Benjamin iluminó un método inesperado para conocer una ciudad. Según él, no había mejor modo que perderse. "Importa poco no saber orientarse en una ciudad. En cambio, perderse en una ciudad como quien se pierde en el bosque requiere aprendizaje". Hoy cualquier millennial refutaría al autor alemán del Libro de los pasajes. Con el celular en la mano y el GPS activado, perderse sería imposible. Incluso si se acabara la batería del móvil, las oficinas de informes, los transeúntes y las guías impresas estarían a mano para orientarnos.

Pero tal vez Benjamin hablaba de una desorientación diferente de aquella que consiste en no encontrar determinada calle o un puente o la librería que nos recomendó un amigo. El modo de perderse al que se refería necesita, como escribió, un aprendizaje. Aprender a perderse se asemeja a cualquier otro aprendizaje: aprender a leer, a escribir, a caminar y a filosofar. La ciudad es un bosque y el pensamiento, un sendero que se abre a fuerza de avances y retrocesos.

Si bien no es fácil perderse en Buenos Aires, es sencillo desorientarse ante decisiones paradójicas de los que nos gobiernan. Al mismo tiempo que los funcionarios del gobierno porteño celebran la "peatonalización" de la avenida Corrientes, en el tramo de la avenida Callao a la 9 de Julio, también proponen quitar varios metros cuadrados al Parque Rivadavia para darle salida a la calle Beauchef hacia la avenida Rivadavia. De manera sigilosa, agrimensores ya bosquejan presupuestos del costo de traslado de lapachos y otros árboles.

La decisión, según cuentan los que serían los principales afectados, fue apoyada por 111 vecinos que votaron en una página de Facebook, por iniciativa del gobierno que encabeza Horacio Rodríguez Larreta. Y estaría avalada por el nuevo Código Urbanístico. En contra de la medida, además de los libreros del parque y los cientos de personas que paseamos por ahí cuando podemos, se juntaron más de cinco mil firmas de habitantes del barrio de Caballito. Según información de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad, el barrio está entre los que tienen menos espacios verdes públicos de la ciudad, tanto en términos absolutos como en relación con la cantidad de habitantes.

No queda claro por qué en una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad el peatón es celebrado mientras que, en uno de los parques más hermosos, sobraría el espacio para que chicos y adultos paseen, los lectores busquen libros y compitan jugadores de ajedrez. En el sector que se quiere amputar del parque, hay varias mesas de piedra para que grandes y chicos se perfeccionen en el aprendizaje de ese juego que, gracias a Robert Burton, Jorge Luis Borges y Stefan Zweig, tiene una mitología literaria.

Por distintos motivos, la avenida Corrientes y el Parque Rivadavia son lugares que recorro al menos una vez por semana. En Corrientes hay cines, teatros, librerías en una y otra vereda, cafés y bocas de subte. En el parque, puestos de libros nuevos y usados, la sombra de los árboles y un pasaje que permite escapar del ruido de la avenida a un pulmón verde en instantes. De distintas maneras y con un poco de imaginación, nos podemos "perder" en Corrientes tanto como en la espesura del Parque Rivadavia.

De Benjamin, muchos leímos una y otra vez las fotocopias de su famoso ensayo "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica". En esos papeles manoseados se intuía el marco de las páginas de una vieja edición de uno de los tomos de Iluminaciones, publicado por Taurus, que unos pocos afortunados conservaban en sus bibliotecas. Para algunos, la fibra del pensamiento del filósofo alemán traspasaba la copia de la copia.

El aura, en palabras del filósofo, es "un entretejido muy especial de espacio y tiempo: aparición única de una lejanía, por más cercana que pueda estar". Como pasa con los rituales, las reliquias o las obras de arte, ¿se puede pensar que las ciudades tienen aura? No dejemos que por capricho de los gobernantes eso se destruya.

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