El Banco Central no puede ser otro Indec

Guillermo Rozenwurcel y Antonio Camou Para LA NACION
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5 de febrero de 2010  

El fallido intento de disponer mediante DNU de reservas internacionales en poder del BCR para pagar vencimientos de deuda pública configura un inaceptable avasallamiento del PEN a prescripciones constitucionales y legales vigentes. Durante buena parte de nuestra historia, los argentinos hemos pagado caras las consecuencias de este desdén por las instituciones. Desde el punto de vista de la política económica, la intromisión del Ejecutivo en el BC -cuya autonomía parece resultar un escollo para la pretensión del Gobierno de gastar por encima de cualquier restricción presupuestaria- borra de un plumazo la separación de las hojas de balance de la Tesorería y la autoridad monetaria, que tiene por finalidad brindar a la economía un ancla nominal para la formación de expectativas y la celebración de contratos, para contribuir a la estabilidad macroeconómica.

El BC debe coordinar, por cierto, sus acciones con el resto de la política económica. Pero esa coordinación no puede implicar la subordinación de la política monetaria a las necesidades del fisco. En el pasado, esa subordinación ha sido fuente de numerosos episodios de inestabilidad inflacionaria, un drama que la sociedad argentina experimentó durante varias décadas.

No se trata de oponerse de modo puramente formalista al uso de las reservas para el pago de deuda. Pero existen opciones que permitirían contar con mecanismos de financiamiento alternativos sin violentar la Carta Orgánica del BCRA y, de paso, sin exponer sus cuentas al embargo potencial de los fondos buitre. Ello exigiría, claro, colocar la política fiscal en una trayectoria de largo plazo sostenible. Ha sido precisamente la negativa a hacerlo la razón de este intento de apelar a recursos extrapresupuestarios y la fuente última de la incertidumbre que mantiene alejada a la Argentina de los mercados voluntarios de financiamiento. Ninguna nación va al default simplemente por preservar la independencia del BC el stock de reservas en su poder. Pero, así planteado, éste es un falso dilema. Luego de la crisis financiera global, la mayoría de las economías de la región ha recuperado su acceso al financiamiento. Si nosotros no lo hemos hecho fue, precisamente, por la falta de rumbo de la estrategia económica oficial. Es crucial contar con una gestión profesional de la política económica. Pero, antes que nada, debe evitarse que la mala praxis de la gestión económica oficial se extienda a la política monetaria.

Aunque, inevitablemente, lo ocurrido dejará secuelas, el Gobierno aún tiene la posibilidad y el deber de minimizar los costos de este episodio. Como lo planteamos desde el Club Político Argentino, para ello es preciso derogar los DNU 2010/09 y 18/10, y convocar a sesiones extraordinarias del Congreso Nacional para acordar un mecanismo de financiamiento alternativo al Fondo del Bicentenario.

Es crucial reencauzar el conflicto por carriles institucionales. De lo contrario, no sólo sufrirá la economía del país. También seguirá deteriorándose la calidad de nuestra aún incompleta democracia.© LA NACION

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