El blanqueo que falta

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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29 de abril de 2004  

La azarosa vida de los habitantes de esta ciudad mártir puede ser mejorada. Para ello bastaría con que lo que hoy es la Capital Federal se blanqueara, perdiera esta condición y pasara a ser declarada el más grande manifestódromo del mundo civilizado. Donde el cometido primordial de calles, puentes, edificios y monumentos (ya sin bronces), no fuera, como hoy se pretende falsamente, circular, trabajar, vivir, pasear, sino servir de escenario a quienes se quieren manifestar. Alcanzando por igual a piqueteros, víctimas del corralito o de la inseguridad, desocupados, travestis, vendedores ambulantes, alumnos de la secundaria, preuniversitarios remisos a los exámenes, adversarios y partidarios del FMI, anacoretas y lesbianas.

La Casa Rosada, el Congreso, Tribunales, seguirían funcionando, pero de manera ficticia; esto es, al solo efecto de que los manifestantes reunidos para vituperar a alguno de los tres poderes, o a todos, pudieran dar satisfacción a sus ansias de reclamar.

El presidente de la República podría darse de vez en cuando una vuelta por la ciudad para poner una ofrenda floral a los caídos en alguna circunstancia que ya se vería, asistir a un tedeum en la Catedral o tomarse un copetín en La Biela. Pero la sede de ese poder y las de los otros dos estarían en algún lugar impreciso del país, entre Caleta Olivia y la puna de Atacama. Lo que permitiría gobernar tal vez no mejor, pero, al menos, sin la necesidad imperiosa de andar sacando leyes de apuro, como está ocurriendo ahora mismo, bajo la presión de multitudes impacientes.

El manifestadero gigante -200 kilómetros cuadrados totalmente pavimentados, más decenas de plazas y jardines públicos hábiles para el pisoteo y la carpa- podría ser ofrecido también a eventuales clientes del exterior. Por ejemplo, ¡qué bien le vendría hoy a George W. Bush poder alquilar la Plaza de Mayo para esos incordios que protestan contra la ocupación de Irak! Como si él supiera cómo hacer para salir de ese berenjenal. Más aún, el alquiler podría hacerse con éxito asegurado: si el que renta calles y plazas para determinada fecha no reúne la gente necesaria o le llueve y se resiente la asistencia, se le pueden ofrecer los 126.000 empleados del municipio a tanto por barba, suma que luego podría servir para aliviar la economía de los contribuyentes que los mantienen. A lo que podría agregarse la orquesta del Colón, una vez que éste cierre por haber incurrido en su propio y celebrado default.

Algunos estiman, sin embargo, que todavía es prematuro declarar a esta ciudad muerta como tal y dedicarla al uso exclusivo de los manifestantes. Para llegar a ese punto faltaría, a juicio de los entendidos, sólo un detalle: que un día aparecieran cortando la avenida Corrientes, a la altura de Callao, un jueves a mediodía, los 18 integrantes de la salita rosa de algún jardín de infantes vecino, unidos de la mano, junto con su maestra jardinera de delantalcito a cuadros, para protestar porque no les permiten ver Sexo en la ciudad , por TV. "Cállese -se alarmó el reo de la cortada de San Ignacio-, si me dijo mi comadre que días pasados su nieto, de apenas nueve años, quería ir él solo a cortar la avenida Independencia porque la mamá no dejaba que le tatuaran a Julieta Prandi en la colita."

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