El candidato en borrador

Por Orlando Barone
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4 de agosto de 2002  

"¿Qué contesto cuando me pidan la opinión sobre las cuentas descubiertas en Suiza?", preguntó el aspirante a candidato sucesor del colega que vio algo.

"Usted diga que un presidente no debe mentir." "¿Sólo los presidentes? Mire que yo todavía no lo soy. A ver si creen que pienso que los candidatos pueden mentir." "Plántese como si ya hubiera sido elegido, no como si estuviera en campaña. Nada de gritos. Las denuncias están demodée : igual que los premios Martín Fierro. Emplee un tono persuasivo. Neutral. Como de gerente de marketing con alguna dosis de comisario de a bordo y de vendedor de sastrería fina de antes. Y no transpire nunca."

"¿Por qué me dice eso?" "Porque el sudor responde a otras épocas de cuando existía el trabajo manual y era un valor ético: ya no. Acuérdese que un presidente efímero de su mismo partido se empapó los sobacos y se tiñó de anacronismo obrero. Eso a la gente elegante no le gusta." "¿Y si me preguntan por el implante y el peinado con brushing ?" "Le van a preguntar. Con los pelos, los peronistas tienen un karma : el otro y ahora usted. El que no se lo tiñe, se lo teje. Lo van a cargar con el quincho : ya Nik lo tiene calado. Elógielo: diga que es un gran humorista. Y cuente una historia sensible de que el pelo se le cayó cuando estuvo en la cárcel por culpa del padecimiento y de que ese tocado es una forma de recuperar su fisonomía anterior de hombre libre."

"¿Está seguro de que no van a sospechar de que para lograr este peinado necesito tener un peluquero todo el día en mi despacho? Las mujeres saben que sin coiffeur no podría salirme tan perfecto."

"Tiene razón: diga alguna frase ingeniosa, como por ejemplo: Si a mi edad no soy capaz de copiar mecánicamente mi propio peinado sería como no saber sonreírme solo .Tenga cuidado: demasiada risa es indecente." "Y a los periodistas y entrevistadores, ¿les sonrío o no les sonrío?" "Usted sabe eso mejor que yo: sonríales aunque le muestren cara de villanos. Es la tendencia: lo pide el público; si no se hacen los malos baja el rating . Pero reconózcalos por sus nombres de pila."

"Sí, aunque es un riesgo: en la televisión el otro día erré con dos nombres.Con Mariano no me equivoco; sería imperdonable socialmente confundirlo. Además, cada tanto le digo doctor, como usted me dijo, porque cae bien entre los graduados.Ahora al que nunca podría decirle Horacio es a Verbitsky. Tampoco le puedo decir ÔPerro´, porque muerde."

"Usted no se preocupe por Verbitsky: porque ni él ni su hinchada lo van a votar nunca. Usted busque el centro medio milímetro a la izquierda del extremo izquierdo de la derecha. No se ladee ni un cachito de un lado o del otro. Cuídese: el único extremo permitido hoy es el centro. Por eso cada vez es más grande y ocupa todo el espacio."

"Pero, ¿qué digo desde el centro que no sea oblicuo? ¿Qué digo acerca de los pobres que se reproducen como chinos? No voy a salir a acusarlos de que espantan el turismo: no puedo ser tan bruto."

"Ni se le ocurra: para bruto ya hay uno en funciones en el rubro. Cree que descubrió el turismo porque la Argentina se regala con los seres humanos incluidos. En los diarios ingleses de 1900, durante la conquista de Kenya, se publicaban avisos donde se ofrecía: "Turismo, exploración y aventura en Africa, al más bajo costo del mundo: una tribu nativa a disposición al precio de un mayordomo británico".

"Todavía no me dijo qué digo sobre los pobres."

"Diga que no viene a cavar trincheras sino a construir puentes."

"Pero eso ya lo vengo repitiendo en todos los lugares donde hablo. ¿No tiene algún otro slogan más fresco?" "Sí, diga que usted quiere ser como Bianchi: trabajar para que el país salga campeón. Pero no se le ocurra confundirse y nombrar a Bielsa. Está fresca la derrota."

"¿Y qué hago cuando me pregunten por Reutemann?" "Diga que es un hombre de bien: el concepto hombre de bien encaja en el promedio retórico argentino. Y si tiene la suerte de que éste no se arrepienta, porque nadie sabe para dónde dispara, recogerá el remanente de huérfanos que dejó su renuncia."

"¿Y con mi mujer qué hago? Podría ser un problema. ¿La saco de las fotos?" "No, no le haga semejante desaire; se darían cuenta si la ocultara. Métala en escena: ya se van a acostumbrar a su imagen. Deje que cada tanto hable por sí sola y tenga algún leve pensamiento que disienta con el suyo. Aunque adviértale que no exagere independencia. Cuente que para transparentar sus mutuos bienes formaron una sociedad de responsabilidad limitada. Eso suena moderno, induce a pensar que son administradores correctos."

"Y con la residencia sobre el lago, ¿qué digo? Tiene diez baños. Diez, sin contar los de los vestuarios de la pileta con cascada. No puedo decir que son para los sirvientes."

"Usted mismo se creó el problema. Siempre le aconsejo a un político mantener una vivienda estándar. Pero no se aguantan: son como Cecil B. De Mille en Hollywood, que sólo producía películas de tamaño gigante o en Cinemascope. El tamaño de las casas que ustedes se hicieron en los noventa servirían para ambientar El Gran Gatsby sin necesidad de escenografía."

"Y entonces: ¿qué digo?" "Quédese tranquilo, es mejor haber tenido un palacio antes, que tenerlo después de ser elegido. Aproveche la devaluación y pesificación y revele el precio: lo que antes era un millón de dólares ahora puede achicarlos a trescientos mil pesos que nadie sabe ya hacer cálculos inmobiliarios. Diga que la parte más grande que se ve es el quincho y que lo usa como lugar de encuentro de trabajo. Para los argentinos de algún status es lógico que el quincho sea más grande que la casa. Allí se charlan pavadas que después se publican en serio en un diario gracioso. Para los pobres, ahora que aumentó la carne, el quincho no quiere decir nada."

"Y sobre la candidata rolliza, ¿qué digo?" "Diga que es una buena persona. Cuando aquí alguien dice de alguien que es una buena persona la despoja de cualquier otro don. La vacía. Buena persona: fíjese cómo suena compasivo."

"Y de López Murphy, ¿qué digo?" "El establishment y el mercado lo adoran; también alguna que otra familia. Diga que es un técnico probo para colaborar con un estadista. Y que se llevó muy bien con los militares cuando fue ministro de Defensa. Será suficiente. Luzca usted como un estadista. Tiene a su favor el color de la piel y sus modos de ex embajador capaz de decir nada que diga algo. A Kirchner y Rodríguez Saá ignórelos. A Zamora tómelo como a un niño: todavía no se dio cuenta de que los argentinos sólo aceptarían ser todos iguales, siempre que todos fueran ricos." "¿Qué digo que no enfurezca a los gorilas y a la vez no enfurezca a los muchachos?" "A lo mejor en vez de decir peronismo conviene decir justicialismo.Eso sonaba bien hasta los años noventa. Deriva de justicia: imagínese hoy las cargadas. La verdad, no se preocupe por tratar de definirlo. Es tan imposible definir el peronismo como tratar de definir el ornitorrinco o el Big Bang sin usar las manos."

"Y si insisten, ¿qué hago? Puedo decir que no sé dónde están las manos de Perón, pero no que no sé dónde está la doctrina." "Diga lo que dijo Louis Armstrong cuando le pidieron que definiera el jazz. Dijo: Si puedes contestar, nunca lo sabrás´. Eso: nadie lo sabrá nunca."

E-mail: barone@house.com.ar

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