Proyectos en marcha: educación de las élites; capital social y recorridos heterogéneos

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13 de marzo de 2016  

VICTORIA GESSAGHI

39 años

Perfil: Doctora en Filosofía y Letras con orientación en Antropología, Máster en Ciencias Sociales con orientación en Educación, UBA.

"Las investigaciones con los sectores más privilegiados son sumamente necesarias para comprender la complejidad de los procesos de desigualdad social en la Argentina y en las sociedades contemporáneas en general", asegura Victoria Gessaghi, antropóloga que, al abordar un estudio tan poco tradicional dentro de la etnografía como la educación de la "clase alta", afronta no pocos desafíos. "Mi compromiso como antropóloga radicó en mostrar cómo ese grupo social es el producto de un trabajo de construcción. Es decir, poner en evidencia que la ‘clase alta’ es fruto de relaciones históricas y no derivación de alguna naturaleza esencial", explica. Otra cuestión con la que es especialmente cuidadosa son los prejuicios que suelen abundar en la literatura sobre el tema: "Ciertos abordajes tienden a pensar a los sectores más acomodados como agentes racionales y estratégicos. Sin embargo, lo que se encuentra son trayectorias heterogéneas y llenas de matices, que invitan a no asumir acríticamente relaciones unívocas entre condiciones de vida y prácticas o creencias".

Actualmente, en el marco del Núcleo de Estudios sobre Elites y Desigualdades Educativas (Needs-Flacso), indaga en las trayectorias e inserciones académicas y profesionales de egresados de escuelas secundarias que se proclaman "formadoras de élites". La intención es establecer relaciones entre las posiciones consolidadas por los graduados de esas instituciones y las estrategias escolares y familiares puestas en juego. Trabaja con la hipótesis de que "en la actualidad los espacios de formación de élites se encuentran en un proceso de reconfiguración. Se pueden distinguir, a diferencia de lo que caracterizó históricamente a la Argentina, canales estructurados en mayor medida en función de la pertenencia de clase".

En relación con el papel de las instituciones escolares, deconstruye otro mito: no es la educación, entendida como el acceso a ciertos saberes, ni la carrera abierta al talento lo que garantiza el éxito social: "la escuela para estos sectores adquiere toda su importancia en la medida en que posibilita construir un entramado de relaciones de conocimiento y reconocimiento, es decir, un capital social, que forjará y sostendrá las ventajas de clase". Esto, sostiene, significa un desafío adicional para las políticas educativas que intentan promover la inclusión social y disminuir la desigualdad. Desde su punto de vista, la construcción de un sistema educativo más justo vuelve urgente que el diseño de las políticas contemple "no sólo la inclusión de todos en la escuela y la mejora en la calidad de los aprendizajes", sino también la posibilidad de "revertir décadas de desregulación de los procesos de admisión escolar y de selección de los alumnos por parte de las instituciones, tanto en el sistema de gestión público como en el privado".

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