El cerebro no debe jubilarse

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12 de febrero de 2017  

En el centro, Elena Avale y Tomás Falzone, con los integrantes del equipo
En el centro, Elena Avale y Tomás Falzone, con los integrantes del equipo Fuente: Archivo

Tomás Falzone y Elena Avale, dos investigadores argentinos que lideraron un trabajo hecho en colaboración con colegas de la República Checa y del Reino Unido, acaban de hacer un aporte importante a la investigación del mal de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Mostraron en modelos de laboratorio cómo, cuando se desequilibra un engranaje específico del sistema de comunicación entre las neuronas, aparecen los síntomas clásicos de estos trastornos. El hallazgo, publicado en The Journal of Neuroscience, merece celebrarse, ya que devela claves que abren nuevos caminos para diagnosticar y tratar estas dolencias ya convertidas en epidemia.

Con el denominador común del deterioro cognitivo y la pérdida de la memoria, estos cuadros golpean en la identidad de la persona afectada. Según estimaciones internacionales, el 50% de las demencias son estrictamente por mal de Alzheimer, el 20% se producen por causas vasculares, el 20% son mixtas, y el 10% se deben a otros factores. Estos trastornos afectan a 47 millones de personas en el mundo y son desgarradores para los pacientes y sus familias. Al progresar el deterioro cognitivo, los enfermos requieren cuidado las 24 horas del día, lo que constituye un enorme desafío emocional y económico. El número de casos podría triplicarse hacia 2050.

El G8 decidió crear el Consejo Mundial de Demencia, en el que participa el especialista argentino Ricardo Allegri. El organismo promueve la creación de programas para prevenir el deterioro cognitivo, entrenar y asistir a cuidadores, e impulsar la investigación. Eso es lo que intenta ensayarse en nuestro medio con el "Plan estratégico nacional para un cerebro saludable, enfermedad de Alzheimer y otras demencias 2016-2019", lanzado a fines del año último con cinco objetivos fundamentales: concientizar a la población, mejorar el conocimiento de los profesionales, aumentar el acceso de los pacientes y familiares a los servicios, investigar y promover un cerebro saludable, y reducir el riesgo.

Mientras no haya tratamientos efectivos que permitan controlarlo, los especialistas consideran que hay que concentrar esfuerzos en la prevención, ya que muchos trabajos científicos sugieren que el control de los factores de riesgo (la hipertensión, el colesterol, la diabetes y el sedentarismo) puede reducir la probabilidad de sufrir una demencia en edad avanzada. Es lo que pusieron en práctica, con resultados auspiciosos, Canadá y otros países del hemisferio norte. A partir de estas experiencias, los médicos repiten dos máximas como si fueran un mantra: "Lo que le hace bien al corazón le hace bien al cerebro" y "el cerebro no debe jubilarse".

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