El ciudadano y el ídolo universal

Por Orlando Barone
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25 de abril de 2004  

Dos protagonistas conmueven a su modo las calles de la ciudad: el ciudadano Blumberg y el ídolo Maradona. Aquél, una construcción cívica de la época; éste, una construcción onírica colectiva. Aquél, de obvia índole cíclica y coyuntural; éste, de creación, si no inmortal, perdurable en el tiempo.

Marcha masiva reclamando justicia frente a los tribunales, y vigilia popular permanente en la calle donde se encuentra la clínica. En ambas causas los medios juegan un papel trascendente. Ponen su lente de aumento sobre cada una y éstas adquieren bajo ese tratamiento la singularidad de excepción que las distingue. También la desproporción, la imprecisión y desmesura que su propia excepcionalidad provoca. Los medios gráficos evaluaron de la siguiente manera la cantidad de asistentes a la convocatoria del jueves: Crónica dijo que eran 100.000 personas. Clarín: más de 40.000. La policía determinó 55.000, los organizadores 90.000 y LA NACION más de 65.000. Ambito Financiero, Infobae y Página 12 se adaptaron a la cifra dada por los referentes del acto: 90.000. La diferencia entre la cifra mayor y la menor es de más del doble: percepción tan diferente que sugiere que ambas contemplaciones surgen de actos diferentes. En los medios audiovisuales, el número fue resumido más vagamente en calificaciones como multitudinaria, impresionante, grandiosa. Naturalmente el enfoque escénico de la marcha con las cámaras en posiciones elevadas permitía, en la noche, intensificar el efecto de un mar de velas encendidas. Es interesante observar cómo esta estética de pequeños fuegos en la oscuridad produce un efecto cautivante y emotivo. Son un hallazgo bastante empleado por el cine y practicado largamente en los conciertos de rock al aire libre, aunque allí en vez de velas se usan encendedores o papeles encendidos. Las velas aquietan, pacifican, endulzan el paisaje. Lo amortajan con un tono religioso o de vigilia. Es lo contrario de lo que suelen producir los bombos, las pancartas y carteles con alusiones militantes, que suscitan agitación, lucha o rebeldía. Es la diferencia entre la no política y la política.

Respecto de Maradona la guardia periodística en continuado mutó su mensaje del presagio mortal de los primeros días a comentarios alentadores y de mejor augurio a partir del martes. El "respirador" fue el eje de las referencias. Mecanismo que fue simplificado hasta convertirlo en el medidor de la salvación. Con o sin respirador era como decir con o sin vida propia. La probabilidad inminente de suspenderlo promovió la renovación de esperanzas. Potenciados por un provincianismo exultante, los medios se empeñaron en recoger la difusión que el gran enfermo suscitaba en el mundo. Sin distinguir los límites, ni en qué proporción o medio se daba esa difusión internacional, la consecuencia aquí fue sentir que la adoración al ídolo no era solamente un estado de ánimo nacional sino que era acompañado por el universo. Confirmación que, aun en un caso de infortunio como éste, compensa el orgullo de saberse compatriota de un protagonista mundial.

Lo cierto es que la calle es el teatro de dos manifestaciones diferentes. Con dos actores también desiguales. Se me ocurre que mientras Maradona es un fenómeno integrador, que hace interactuar por igual los distintos estadios sociales, el ciudadano Blumberg es un aglutinante parcial. Un fenómeno urbano de índole cultural. Nótese que no he empleado ningún recurso sentimental. Nada. He escrito esto con hielo seco. Sé que este comentario no es políticamente correcto. Yo no lo soy.

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