El clima inversor, gravemente herido

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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24 de abril de 2012  • 02:38

El daño ya está hecho. Aun cuando las autoridades argentinas y la española Repsol se pongan de acuerdo en una expropiación ordenada, algo que hoy parece casi imposible, la imagen de nuestros gobernantes esquilmando a un grupo empresarial emblemático de un país que es uno de sus principales socios comerciales ha recorrido el mundo.

Las declaraciones de funcionarios como el viceministro de Economía, Axel Kicillof, explicando por qué el Estado argentino no debería desembolsar casi ni un centavo por el 51 por ciento de las acciones de YPF en poder de Repsol suenan temerarias y son capaces de espantar a cualquier inversor extranjero que haya pensado instalarse o ampliar sus negocios en la Argentina.

Es probable que la Presidenta no llegue a darse cuenta del enorme daño que le ha hecho al clima de inversión en el país

La forma en que se está haciendo la apropiación de YPF, desatendiendo el propio artículo 17 de la Constitución Nacional, que habla de una expropiación por razones de utilidad pública, "calificada por ley y previamente indemnizada", la acercan más a una lisa y llana confiscación. La manera en que los directores de la empresa petrolera fueron eyectados de su sede en medio de una intervención estatal realizada sin orden judicial y casi sin esperar a que la presidenta Cristina Kirchner terminara de anunciarla por la cadena nacional de radio y televisión, no puede despertar en los españoles más que resentimiento y furia.

No hubiera sido tan difícil recurrir a otras formas. Pero, una vez más, queda la sensación de que en el gobierno kirchnerista todo debe hacerse de esta manera. Con crispación y escarmientos para todos.

Es probable que la Presidenta no llegue a darse cuenta del enorme daño que le ha hecho al clima de inversión en el país.

El conflicto con España por YPF es una mancha más en el currículum de la Argentina kirchnerista

Es probable, sin embargo, que con motivo de su paso por Cartagena, Colombia, dos fines de semana atrás, para asistir a la Cumbre de las Américas, la Presidenta haya sentido en carne propia el aislamiento internacional de la Argentina. Especialmente, cuando no logró el esperado acompañamiento en ese foro de algunas naciones latinoamericanas en la causa Malvinas, quizás indiferentes ante un país que tiene problemas hasta con sus vecinos por la aplicación de cada vez más trabas comerciales.

El conflicto con España por YPF es una mancha más en el currículum de la Argentina kirchnerista. Quizás la más resonante, pero no la primera. Cualquier inversor internacional tiene presentes las anteriores manchas. Basta citar diez:

1. La deuda vencida con el Club de París por unos 9000 millones de dólares y con los bonistas que no adhirieron al canje de deuda por unos 3500 millones.

2. Los fallos del Ciadi contra la Argentina aún no cumplidos.

3. La exclusión de nuestro país del sistema general de preferencias por el gobierno de Barack Obama.

4. La denuncia conjunta de 40 países ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por las restricciones a las importaciones por parte de la Argentina.

5. La falta de acceso al crédito internacional a tasas razonables.

6. La caída de la inversión extranjera directa en comparación con otros países de América latina.

7. Las restricciones a la compra de moneda extranjera y las trabas para que las empresas puedan girar utilidades al exterior.

8. La intervención activa del Gobierno en directorios de empresas donde la Anses posee acciones.

9. La desconfianza en las estadísticas oficiales.

10. Los ataques del Gobierno a los medios periodísticos que no ceden a las presiones oficiales.

En las últimas horas, para intentar desmentir el miedo inversor tras el conflicto por YPF, funcionarios del Gobierno han desplegado acciones con el fin de mostrar el acercamiento de posibles jugadores del sector petrolero interesados en asociarse con la petrolera argentina. Con los encuentros que se sucederían con gigantes petroleros chinos y de los Estados Unidos, se intentará mostrar que el clima de negocios sigue existiendo.

Hará falta mucho más que buenas gestiones de lobistas y de los especialistas en comunicación e imagen con los que habitualmente trabaja la administración kirchnerista. Para que resurja el clima de inversión, será necesario que la codicia vuelva a vencer al miedo. Y para eso la Argentina deberá ofrecer cada vez más.

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