El cómic, frente a nuevos desafíos

Convertidos en éxitos globales, algunos íconos del mundo de las historietas, como Asterix, sobreviven a sus creadores y se mantienen vigentes
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9 de octubre de 2011  

Uderzo se retira, Asterix sigue. Apenas cinco palabras, una sencilla oración, pero fiel reflejo del fin de una era del cómic y, también, el punto de inicio que confirma que la historieta como género ha cambiado y se enfrenta a nuevos e ilusionantes retos.

Hace unos meses, Albert Uderzo decidía que, tras más de medio siglo dibujando las aventuras del irreductible galo que creó junto a René Goscinny en 1959, se retiraba para dejar paso a nuevos autores que siguieran sus peripecias. Una decisión sorprendente, que rompía la firme determinación que hasta el momento había expresado de seguir los pasos de Hergé con Tintín, no permitiendo que la serie continuara tras su desaparición.

Sin embargo, el inesperado anuncio no dejaba de tener sentido: tras años de dolorosas disputas con su hija y su yerno por los derechos del personaje, el mundo que rodeaba al dibujante había cambiado tanto, el sufrimiento personal había sido tan grande, que todo podía ser puesto en duda y repensado.

Y es que la historieta había cambiado radicalmente desde que Asterix viera la luz en las páginas de la revista Pilote hace ya más de cinco décadas: aquella forma de cultura popular masiva pensada para el entretenimiento juvenil es hoy un arte con todas las consecuencias, que no se arredra en sus ambiciones y que mira tanto al lector adulto como al infantil, sin distinciones. Los personajes que inundaban las páginas de los tebeos juveniles han devenido en íconos culturales que lideran engrasadas industrias de marketing, en las que las publicaciones en papel son tan sólo la punta del iceberg de planificadas campañas totalmente globalizadas, donde se cuida desde la adaptación cinematográfica a los videojuegos en todas las plataformas concebibles, pasando por todo tipo de figuras y complementos de moda. En resumen: negocios de pingües beneficios que en el caso de Asterix arrojan cifran mareantes: más de 350 millones de ejemplares vendidos de los 34 álbumes editados, traducidos a más de un centenar de lenguas, un parque temático, series de animación, exitosas películas (con una más, Asterix y Obelix al servicio de Su Majestad, preparándose para 2012), videojuegos... Cifras de facturación que se miden en millones de euros y que demuestran que el cómic sigue siendo un eficaz motor económico. Es una razón más que sobrada para que los Asterix, Obelix y demás habitantes de la orgullosa aldea gala sigan arreando sopapos a los romanos, continuando en las librerías igual que hicieron en su día otros grandes personajes como Lucky Luke o Spirou tras la desaparición de sus creadores.

Según se comenta en los sitios de Internet especializados, todo apunta a que Jean-Yves Ferri (guionista de la exitosa De Gaulle à la plage y de la serie Retorno a la tierra, junto a Larcenet) será el encargado de los nuevos guiones de la serie, que serán dibujados por los hermanos Frédéric y Thierry Mébarki, que trabajan desde hace años como asistentes de Uderzo. Con este cambio, todos los grandes íconos del cómic se transforman definitivamente en gigantescas franquicias alejadas de su creador, en un movimiento que certificará completamente el esperado éxito de la versión de Spielberg y Jackson de las aventuras de Tintín, rompiendo definitivamente los límites comerciales que la obra de Hergé tenía en el mercado anglófono y, quién sabe, poniendo sobre la mesa la conveniencia comercial de proseguir las aventuras del personaje, pese a la oposición de su creador.

El cómic europeo se une así a los movimientos que vive el género de superhéroes estadounidense, que ve cómo clásicos personajes forman parte ahora de estudiadas estrategias globales en las que el cómic es sólo una parte más. Paradójicamente, ese crisol de ideas que ha sido para la gran pantalla el noveno arte puede quedar relegado a una forma más de marketing dentro de esta nueva concepción total de la industria del entretenimiento.

Estamos ante una situación que contrasta con la pujanza de la nueva percepción que por fin va calando entre los lectores y medios de comunicación hacia la historieta, que dejan atrás prejuicios y consideraciones peyorativas para encontrar un arte que, definitivamente, también es adulto. Un lenguaje en el que el cómic de autor reclama un puesto preponderante a través de la novela gráfica y la reescritura de los géneros clásicos.

Es lo que está ocurriendo en Francia, donde las nuevas generaciones comandadas por autores como Joan Sfar, Christophe Blain, Lewis Trondheim o Frederick Peeters dan una visión novedosa que, además, está dando nueva vida a los personajes clásicos (como por ejemplo la excelente revisión del origen de Spirou que firma Émile Bravo en El diario de un ingenuo). Se cierra así un círculo que liga perfectamente la dicotomía de un medio que simboliza los siglos XX y XXI, conjugando arte e industria del entretenimiento.

Alvaro Pons

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