El crédito agrario

(0)
25 de marzo de 2000  

CAUSO preocupación y sorpresa, en estos días, un dato estadístico altamente revelador del estado en que se encuentra el campo: en concepto de garantías de créditos, se encuentran hipotecadas hoy, en la Argentina, doce millones de hectáreas. Para tener una idea de la magnitud relativa de esa cifra bastará con advertir que representa la mitad de la superficie sembrada con granos en el país.

La mayor parte de esas hipotecas corresponde a operaciones de los bancos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires, que han ido financiando y refinanciando las actividades del sector. Ambas instituciones de crédito están poniendo bajo ejecución un nuevo programa de refinanciación, cuyo resultado aún no se conoce, pues el anuncio ha sido reciente.

Tampoco se sabe con detalle la distribución geográfica de ese abultado número de carteras con garantías ni el tipo de empresas sobre las cuales pesa tal carga. Se supone que la mayor parte se trata de unidades de pequeña escala, cuya rentabilidad encuentra mayores impedimentos, como lo hemos expresado frecuentemente en esta misma columna.

El crédito constituye una herramienta vital para el desenvolvimiento de cualquier empresa, siempre que tenga relación con su patrimonio, sus ventas y su rentabilidad, pero se torna un pesado lastre cuando crece en exceso o cuando incluye tasas de interés elevadas, como ocurre en nuestro país. Por eso los créditos agrarios recaen frecuentemente sobre los bancos oficiales, cuyas decisiones se suponen influidas por los criterios de las administraciones políticas nacionales o provinciales. Pero el margen de acción de los bancos oficiales tiene también un límite, pasado el cual es necesaria la recuperación de sus activos. Eso sin contar con la tendencia a la privatización de los bancos estatales, evolución saludable que debe ser apoyada, como lo hemos señalado en editoriales anteriores.

Bajar la tasa de interés y mejorar la rentabilidad rural son, hoy, los resortes a los que el sector rural apela y apuesta en su esfuerzo por encauzar su situación. Lo demás _es decir, la contribución de los gobiernos nacional y provinciales tendiente a compensar parte de la tasa de interés desfavorable_ aparece como un recurso transitorio, aceptable en todo caso hasta tanto el crédito genuino y reproductivo vuelva por sus fueros. En la actualidad, sólo una mínima porción del crédito rural responde a esas características. En efecto, si se recorren los bancos privados y se analizan los requerimientos habituales para el otorgamiento de préstamos, se verifica que la mayor parte de las carteras ofrecidas se vincula con garantías tan sólidas como el warrant ; es decir, constituidas sobre productos en depósito, con prendas sobre maquinarias o bien con hipotecas.

Responsabilizar por esa situación a los bancos sería incurrir en un error, dada la influencia inevitable del riesgo país y dados también los requerimientos de liquidez del Banco Central y la natural y legítima prudencia con que deben actuar las entidades para asegurar la recuperación de los créditos en un medio caracterizado por la baja rentabilidad de los prestatarios. La difusión del seguro multirriesgo, todavía incipiente, contribuiría a mejorar la posición de la banca privada y a cubrir las contingencias a que está expuesta la producción. He aquí la clave para la recuperación del crédito como elemento reproductivo de la empresa rural; bajar el riesgo país y reconquistar la rentabilidad. La reciente muestra ExpoChacra mostró un gran despliegue tecnológico de bienes y también de servicios, cuya incorporación a las empresas es hoy posible por la existencia de una buena proporción de productores bien adiestrados.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.