El debate pendiente

Por José Ignacio Lladós
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6 de mayo de 2003  

Las acusaciones personalizadas, la discusión sobre ideología política y el debate de ideas son tres de las estrategias de campaña más utilizadas en la Argentina de los últimos 20 años.

En el caso del actual proceso electoral porteño, una de estas formas parecía inhibida. Con los comicios pocos días después de la asunción presidencial, el debate de ideas se había escondido hasta casi desaparecer. Costaba encontrar espacio para debatir sobre la ciudad en la que los porteños quieren vivir.

Pero ahora el tema se reabrió. Con la postergación electoral, los candidatos tienen ante sí la posibilidad que tanto reclamaron. Cuentan con tiempo para instalar temas y para discutir sin los golpes que enmarcan el proceso actual.

* * *

Hasta aquí, el color de la campaña aparece algo turbio. Por ejemplo: a Ibarra se lo denunció por una aparente relación cercana con el sueño, Mauricio Macri fue acusado de cambiarse el domicilio para ganar fácilmente concursos en Misiones, Patricia Bullrich recibió críticas por su pasado primero peronista y más tarde aliancista, Gustavo Beliz sufrió embates por su trabajo como ex ministro de Carlos Menem, y ni Rafael Bielsa se zafó de su historia montonera ni Cristian Caram de sus comienzos en Franja Morada.

Los candidatos reclamaban debates serios, pero se excusaban de sostenerlos por una supuesta carencia de espacios mediáticos y, a cambio, ofrecían una discusión de bajo nivel (no todos, vale aclararlo).

A la Ciudad le hace falta un debate sobre su horizonte. Necesita que la Legislatura les dedique tiempo a las comunas o al sistema electoral en lugar de perder sesiones declamando sobre Cuba o Irak. También que los candidatos definan qué modelo de gestión pretenden, qué lugar le darán a la descentralización del poder, cómo resolverán la inseguridad si el próximo presidente no les transfiere la policía, qué harán con la educación y la salud, qué áreas resultarán prioritarias...

El espacio que ocupa la ciudad aún no está del todo definido. Desde su autonomía, Buenos Aires se convirtió en una urbe que resume tareas de una gobernación con formas de una intendencia. Este es un lugar inexplorado en la Argentina que, en la práctica, requiere posicionamientos políticos e ideológicos tanto como soluciones urbanas.

Pues este último tema parecía perdido en la campaña. Ahora, con la postergación, quienes pretenden ocupar cargos electivos porteños podrán presentar la discusión focalizada que pretendían. A los porteños les hace falta que ese intercambio de ideas supere a la campaña sucia.

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