El debilitamiento de los lazos sociales y la función del Estado

Carlos Fara
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14 de octubre de 2018  

A grandes rasgos y en trazo grueso, el resquebrajamiento de los lazos sociales se produce por tres grandes factores: 1) el creciente individualismo social, fruto de las grandes transformaciones tecnológicas y productivas que modifican el sistema de valores; 2) una era histórica (líquida, diría Bauman) caracterizada por el deterioro de las relaciones sociales y laborales estables y estructuradas de la era industrial, que generaba pactos de convivencia de largo plazo; y 3) la globalización con su efecto diluyente de las identidades nacionales que, al ser percibida como una amenaza, produce reacciones de reafirmación social-racial y desconfianza hacia lo distinto.

Estos tres grandes factores son de carácter mundial y de largo plazo, de modo que no constituyen una simple coyuntura: son el gran telón de fondo histórico. A diario vemos noticias de cualquier parte del planeta que ilustran lo descripto. En el caso argentino se le agregan al menos otros tres componentes: 1) la sistematicidad de crisis políticas, económicas y sociales que deterioran las bases de confianza preexistentes por su efecto acumulativo; 2) un sistema cultural con apego a la violación de las normas institucionales (desde la época de la colonia); y 3) el deterioro de las capacidades estatales para actuar, tanto como ordenador de las relaciones entre privados como en la asignación equitativa de bienes públicos (calidad educativa, justicia efectiva, acceso a la salud, transparencia en las reglas de juego, etc.).

Es decir, nuestra imagen del resquebrajamiento de las relaciones sociales está basado en sucesos de violencia, muchos de los cuales ocurren en los grandes centros urbanos del país. Sin embargo, para una parte no menor de la población esa no es su realidad cotidiana. En las ciudades de menos de 100.000 habitantes (28% de los habitantes del país) existe otra dinámica, sienten satisfacción con el lugar donde viven, no cambiarían de hábitat y desean mantener un estilo de vida tranquilo en donde "todos se conocen".

Dado que las tendencias demográficas van a favor de las grandes concentraciones urbanas, el proceso histórico que se describió al principio parece una amenaza a las relaciones sociales pacíficas y gratificantes para los integrantes de una comunidad. En este punto es donde la acción institucional se vuelve clave, en la medida en que puede facilitar la vida de los ciudadanos para bajar la probabilidad de que se generen conflictos menores que den inicio a sucesos graves.

El Estado, en todas sus instancias, no puede resolver todos los problemas individuales, pero sí puede crear las condiciones ambientales para bajar los niveles de estrés cotidiano y de acumulación de insatisfacciones. Ya que el mundo globalizado incrementa la ansiedad por la hípercompetencia y revoluciona las expectativas, generando insaciabilidad permanente, se vuelve crítica la confortabilidad del primer metro cuadrado de los habitantes. De esa manera descenderá la posibilidad de que saquemos a lucir cotidianamente el Mr. Hyde que todos llevamos dentro.

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