El derecho a ir por todo

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
"Cristina Kirchner mantiene el mismo esquema de construcción de su poder, basado en la confrontación y en la permanente creación de enemigos"
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22 de diciembre de 2011  • 20:38

Parece demasiada casualidad que, en el transcurso de tan pocas horas, se hayan producido la sanción de la ley de control sobre Papel Prensa; el espectacular allanamiento a las oficinas de Cablevisión, con la participación de medio centenar de gendarmes armados, y la inhibición de bienes de LA NACION decidida por un juez, a pedido de la AFIP y en contradicción con un fallo de la propia Corte Suprema de Justicia. Tanta casualidad como que, esta mañana, el titular de la Unidad de Información Financiera, José Sbatella, afirmara que la flamante ley antiterrorista podría alcanzar a los medios de comunicación.

Si uno de los interrogantes que suscitaba la nueva etapa política iniciada con la reelección de la Presidenta pasaba por si su gobierno proseguiría con el estilo de confrontación y crispación que hizo popular a los Kirchner o si, por el contrario, con la tranquilidad que otorga el amplio respaldo de las urnas, favorecería la concordia nacional, hoy no quedan muchas dudas.

Nos hallamos ante un gobierno convencido de que el 54 por ciento de apoyo electoral le da derecho a ir por todo

Nos hallamos ante un gobierno convencido de que el 54 por ciento de apoyo electoral le da derecho a ir por todo, aunque se trate de avasallar el derecho de propiedad y la libertad de expresión.

Cristina Fernández de Kirchner mantiene el mismo esquema de construcción y ampliación de su poder, basado en la confrontación y en la permanente creación de enemigos. Se trata del mismo estilo que, desde 2003, le permitió al kirchnerismo ofrecer permanentes muestras de cómo someter a sus adversarios, pero que lejos estuvo de sembrar concordia y seguridad jurídica.

El nuevo enemigo para el Gobierno son los medios independientes, el periodismo que no está dispuesto a someterse a los designios del poder político. Y la estrategia del oficialismo pasa por desacreditar a esos medios con el propósito de avanzar hacia la concreción formal o informal de una suerte de multimedios oficial, donde no se escuche casi otra cosa más que el relato alimentado desde el Poder Ejecutivo Nacional.

El nuevo enemigo para el Gobierno son los medios independientes, el periodismo que no está dispuesto a someterse a los designios del poder político.

Dos herramientas para ese fin son quedarse con la empresa Papel Prensa y avanzar hacia el desguace del grupo Clarín.

La estrategia kirchnerista es conocida. No es muy distinta de la opresión contra los medios de Santa Cruz durante los tiempos en que Néstor Kirchner fue amo y señor de esa provincia, ni es muy diferente de la aplicada en su momento desde la Casa Rosada contra empresas de servicios públicos privatizados, cuyos concesionarios fueron desgastados para forzar su salida y la consecuente entrega de las compañías al Gobierno o a grupos afines a la fracción gobernante.

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