El deseo extranjero: que sea el último gran papelón argentino

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
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9 de diciembre de 2015  • 23:46

Una humorada en Twitter graficó ayer el último gran papelón de la Argentina. Desde la cuenta Escuela de Peronismo tuitearon: "en rojo los países en los que, en el traspaso de mando presidencial, la figura más importante es el orfebre", y se mostró un mapamundi donde sólo la Argentina estaba marcada en rojo.

El escándalo por el traspaso presidencial llegó al extremo y no sólo desató el desconcierto entre los diplomáticos extranjeros por los detalles protocolares de los actos a los que asistirán. Peor aún. Embajadores, altos funcionarios que llegaban anoche al país y jefes de delegaciones extranjeras no salían de su asombro por el grave escenario institucional que registrarán en las próximas horas: se disponen a asistir a un traspaso de mando presidencial donde no habrá presidente saliente que salude y entregue el bastón de mando al mandatario entrante.

No sólo esto. Durante 24 horas existirá una suerte de vacío legal respecto del presidente en ejercicio que tendrá el poder pleno del país.

"La Argentina no para de darnos sorpresas", expresó ayer a LA NACION un destacado embajador latinoamericano que mañana recibirá a su presidente para dirigirse a un acto de traspaso de mando que sólo se asemeja a una tragicomedia. Cristina Kirchner y Mauricio Macri son los protagonistas de este gran bochorno, cada uno con los niveles de responsabilidad que cada sector quiera adjudicarles. Pero papelón al fin.

Ya no se trata de un escándalo limitado al dato protocolar de pasarse un bastón y una banda presidencial en el Congreso o en la Casa Rosada. El Gobierno y el macrismo llevaron la terquedad al límite al poner en dudas la existencia o no de un presidente durante 24 horas y al comparar lo que tenía que ser una fiesta de la democracia con "un golpe de Estado", como llegó a decir ayer el jefe de la Agencia de Inteligencia Oscar Parrilli en un rapto de desquicio.

Durante los últimos años los diplomáticos extranjeros que asistirán mañana a la Casa Rosada y al Congreso vieron de todo en la Argentina: desde un canciller que frenó con alicate en mano un avión militar extranjero hasta estadísticas económicas oficiales adulteradas, una Presidenta que decidió de un plumazo la estatización de una empresa extranjera sin pagar indemnización o la prohibición del giro de ganancias de compañías a sus casas matrices. Pero la Argentina sigue dando sorpresas para el exterior.

Ocho presientes, el rey Juan Carlos de España, tres vicepresidentes y un centenar de diplomáticos extranjeros concurrirán mañana al traspaso presidencial de Cristina Kirchner y Macri. Todo estos habían recibido ayer dos manuales instructivos para la asunción de Macri: uno emitido por el canciller Timerman y otro por el frente Cambiemos. El macrismo les aseguró a los jefes de Estado invitados que contarán con un resguardo especial para trasladarse del Congreso a la Casa Rosada en menos de dos horas. Ayer, los equipos del presidente electo reconfirmaron los detalles protocolares del acto a las delegaciones extranjeras en una reunión privada.

Pero a estas alturas, el detalle protocolar es lo de menos. "Lo importante es que la terquedad y el desconcierto no sigan en la Argentina durante los próximos años", reflexionó anoche ante LA NACION un destacado diplomático europeo.

El deseo extendido es que el escándalo por el traspaso presidencial sólo sea una anécdota de mal gusto en los próximos años y que la Argentina vuelva a ser un país confiable y predecible. Lo esperable es que ya no haya mapamundi en Twitter donde el país sea el único marcado en rojo por obra de la desidia.

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