El destino común sudamericano

La Unión Europea es el paradigma a seguir por nuestros países
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25 de abril de 2004  

En un tiempo relativamente breve, los modos de relacionamiento comercial y político de los países entre sí han sufrido un cambio notable. A los tradicionales vínculos bilaterales se han sumado las negociaciones en bloque, que tienden a tener cada vez mayor peso. El paradigma de este fenómeno de integración regional es la Unión Europea, que en un proceso de medio siglo ha constituido una unidad sólida entre quince naciones y se apresta a recibir a otros diez nuevos miembros. En este caso, a los temas económicos y comerciales se han sumado cuestiones de orden politico, social y cultural hasta conformar una verdadera entidad supranacional.

En ese camino marchan los países sudamericanos.

En efecto, mientras la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay avanzan en la consolidación del Mercosur, junto con Chile, Bolivia y Perú como países asociados, la Comunidad Andina de Naciones también fortalece los lazos entre sus integrantes. El desafío inmediato, luego de haber trazado los lineamientos de intercambio comercial entre ambos bloques, es alcanzar verdadera unión política que permita al subcontinente sostener posturas afines ante los otros bloques y foros. Esta Unión Sudamericana es el objetivo mayor planteado en la última cumbre presidencial del Mercosur celebrada en Montevideo, oportunidad en que se firmó el tratado de libre comercio con la Comunidad Andina.

La pregunta que toda la prensa se formuló fue: ¿Esta unidad subcontinental se busca para hacer frente a las negociaciones por el ALCA? La respuesta correcta es: la búsqueda de unión de nuestras naciones es el fruto de una comprensión fundamental de las democracias sudamericanas: no hay salida ni futuro en soledad. Nuestra suerte está jugada a la realización de aquella idea tan vigente que Simón Bolivar denominaba "una Nación de repúblicas".

Nuestros países aislados difícilmente puedan hacerse escuchar por la mayor potencia mundial. Los Estados Unidos de América, a fuerza de ser y sentirse la mayor nación del planeta, han ignorado siempre a sus vecinos continentales. El secretario de Estado, Collin Powell, definió con total claridad el espíritu que anima a su país: "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del Polo Artico hasta la Antártica y libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio".

La manera evidente de terminar con esta ausencia de diálogo es que mostremos posiciones y voluntades comunes. Queremos el ALCA, pero no el que define Powell.

El ALCA representa una de las negociaciones más grandes y complejas que enfrenta el Mercosur porque, paralelamente, muchas fuerzas actúan de manera simultánea y se deben coordinar los intereses y anhelos de 34 países. Por ello aún no se ha logrado un consenso sobre un "núcleo de derechos y obligaciones" comunes a todas las partes, ni se han definido los procedimientos aplicables a la negociación de acuerdos plurilaterales. En cada negociación, y esta no será la excepción, es imprescindible alcanzar un equilibrio general satisfactorio donde se verifique la reciprocidad de compromisos.

A la par, mientras el ALCA se demora por estas y otras razones, nuestra voluntad integradora avanza en las negociaciones con la UE.

En este caso, la complejidad no es menor que con el ALCA, aunque el proceso se encuentra más avanzado y los contenidos de las ofertas que manejan ambos bloques prometen ser muy beneficiosos para las dos partes. El futuro acuerdo, que prevemos firmar en octubre próximo, se constituirá en el mayor tratado internacional firmado entre regiones y será también un pilar en la inserción del Mercosur en el mundo. En consonancia con la voluntad de las autoridades de nuestros países, este mercado integrado con la UE tendrá por finalidad, a su vez, la constitución de una asociación política, económica y de cooperación entre ambos bloques. Con este panorama prometedor, el Mercosur tiene ante sí un camino de posibilidades infinitas que le permitirá explotar toda su potencialidad. Pero los beneficios del proceso de integración deben proyectarse al conjunto de la sociedad de los Estados Partes, porque el Mercosur es una "empresa común" y, como tal, debe ser "sentida" por toda la población de la región. Solo de esta forma podremos concretar el destino manifiesto que motiva nuestra asociación.

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