El diálogo de EE.UU. con Corea del Norte parece paralizado

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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10 de enero de 2019  • 01:40

Hasta junio del 2017 Corea del Norte era un país ermitaño, aislado del resto del mundo. Con una sola relación significativa, que era la que siempre mantuvo con China. No obstante eso, de repente, los líderes de los EE.UU. y Corea del Norte se reunieron en Singapur y protagonizaron una inesperada reunión "cumbre".

Como resultado del sorpresivo encuentro en Singapur la distención reemplazó a la animosidad que hasta entonces parecía destilar la relación bilateral. Esto generó una sensación de alivio que además fue impulsada por la aparente buena "química personal" entre el presidente Donald Trump y su par norcoreano, Kim Jong-un. Ambos líderes protagonizaron un encuentro casi extraño. Entre otras cosas, durante el mismo los dos primeros mandatarios de ambas naciones se estrecharon las manos, cosa que nunca había sucedido antes, en toda la historia de la relación entre ambas naciones. Donald Trump, quizás apresurado y exagerado, difundió su impresión personal en el sentido de que se había construido un puente nuevo, con un interlocutor con quien –sostuvo- le resultaba fácil congeniar.

Muchos supusimos entonces que se abría una nueva etapa en la que la desnuclearización de Corea del Norte iba a resultar posible. Quizás nos equivocamos. Particularmente en materia de tiempos. Lo cierto es que desde entonces el avance de las conversaciones bilaterales ha estado semi-paralizado. Por esto, la observación entonces realizada por Donald Trump en el sentido de que Corea del Norte "había dejado de ser un peligro nuclear", debe ahora reconsiderarse.

La desnuclearización de la Península Coreana sigue siendo un objetivo fundamental. Pero los avances en esa dirección no ocurrieron. Presumiblemente porque para Corea del Norte ese paso tiene una importancia difícil de detectar en un primer vistazo. Esto es supuestamente así porque, para Corea del Norte, su capacidad nuclear es la tarjeta de presentación que le permite dialogar con los Estados Unidos con una sensación que presume una cierta igualdad entre las partes.

Como consecuencia del diálogo bilateral que entonces se puso en marcha, los Estados Unidos de alguna manera regresaron a la era de la "paciencia estratégica" con Corea del Norte. Esa fue, recordemos, la posición resignada adoptada por la administración del expresidente Barack Obama. Tan pronto accediera al poder, Donald Trump cambió de rumbo y puso en vigor una estrategia bien diferente, la de la "máxima presión". Su primer resultado pareció ser exitoso, desde que produjo la "cumbre" de Singapur. La amenaza de enfrentar a Corea del Norte con "fuego y furia", dio su fruto. El diálogo se inició, es cierto.

No obstante, a muy poco de andar, las cosas volvieron a su estado anterior: el de la parálisis. Quizás porque el comunicado emitido en Singapur sobre el resultado del primer contacto al más alto nivel fue extremadamente poco claro y genérico. Tan es así, que ese comunicado terminó siendo interpretado de modo muy diferente por cada una de las partes y por muchos de los observadores.

Para Corea del Norte, la desnuclearización no es un paso aislado. Supone que los EEUU den contemporáneamente pasos de la misma significación, basados en la reciprocidad en el trato. Fundamentalmente esto para Corea del Norte supone el retiro de las fuerzas militares norteamericanas de la Península Coreana. Previo o simultáneo a la desnuclearización. Supone, además, emitir una declaración que formalmente ponga fin a la Guerra de Corea, lo que curiosamente aún no ha sucedido. Quizás por esto último es que la reunión bilateral prevista para el pasado mes de noviembre en la ciudad de Nueva York tuvo que ser cancelada, a pedido de Corea del Norte. Lo que curiosamente sucedió tan pronto el Secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, anunciara que su país esperaba que, tras el segundo contacto bilateral, hubiera "progresos reales".

La frialdad entre ambas partes tiene otra expresión, también inusual. El presidente Trump designó un "enviado especial" para Corea del Norte. Él es el responsable de la continuidad de las conversaciones. Lo cierto es que ni siquiera pudo reunirse con su contraparte norcoreana, en vice canciller Choe Sun Hui.

A todo lo que se agrega que Corea del Norte, dando marcha atrás, ha vuelto a emitir comunicados y pronunciamientos duros, con los que condena la presunta falta de acción norteamericana. A lo que se suma que los Estados Unidos han impuesto nuevas sanciones a Corea del Norte, lo que sugiere que no ha habido avances significativos en dirección a un acuerdo. Entre los tres altos funcionarios norcoreanos sancionados últimamente existe uno al que se tiene por un colaborador estrecho del presidente norcoreano. Pero hay algo que está llamando la atención. Los comunicados airados que está emitiendo Corea del Norte no atacan personalmente al presidente Trump, sino al Departamento de Estado, esto es a la Cancillería norteamericana. De alguna manera existe la sensación de que Corea del Norte cuida no deteriorar la relación personal entre los dos primeros mandatarios.

Queda visto que el diálogo bilateral está prácticamente paralizado. Corea del Norte sigue siendo una potencia nuclear, con todos sus programas en marcha. No ha autorizado inspección alguna en su territorio y las instalaciones principales de su programa nuclear no han sido destruidas y las que estaban ocultas, continúan estándolo. Esto es lo que transmite la estrecha vigilancia satelital que los Estados Unidos tienen en marcha respecto de Corea del Norte. Es más, hay imágenes que sugieren que una de las instalaciones del programa nuclear norcoreano puede bien haber sido expandida y ampliada.

Hay, sin embargo, un cambio de actitud perceptible en el presidente norcoreano. Con una jugada de corte político se desplazó a Beijing, donde se reunió con el presidente Xi. Cabe presumir que juntos analizaron detalladamente la negociación en marcha de Corea del Norte con los EEUU. De esta manera el presidente norcoreano mantiene al gobierno chino informado respecto de todo lo que sucede con los Estados Unidos. No incluyó formalmente a China en las negociaciones, pero el viaje a Beijing fue ampliamente publicitado, a la manera de advertencia.

Al acercamiento con China se suman varios pasos positivos norcoreanos en relación a Corea del Sur. Los presidentes de ambas Coreas se reunieron tres veces en el 2017 y un presidente de Corea del Sur visitó a Corea del Norte por primera vez en la historia, lo que no es un hecho menor. Oficiales de las fuerzas armadas de ambas Coreas han también intercambiado visitas, y algunas instalaciones militares no esenciales en la zona fronteriza parecen haber sido destruidas.

Es cierto, la desnuclearización de la Península de Corea sigue pareciendo lejana. Pero el aislamiento de Corea del Norte ha comenzado a transformarse en acercamientos indispensables con Corea del Sur, que no pueden ignorarse. En algún momento las conversaciones intra-coreanas en marcha tendrán algún impacto en el camino, todavía lento, en dirección al desarme nuclear en ese rincón del mundo.

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