El difícil arte de calcular

Por Antonio M. Battro
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23 de junio de 2002  

El filósofo Leibniz proponía apelar al cálculo para dirimir disputas. Pensaba que se podían transformar los argumentos de los litigantes en proposiciones matemáticas para facilitar su procesamiento y llegar así a soluciones satisfactorias. Su proyecto no tuvo éxito pues el "arte de disputar" no se puede reducir al álgebra. Sin embargo, el "arte de calcular" se puede convertir en una tarea más próxima al diálogo que a los números.

Las investigaciones más recientes sobre el cerebro de grandes calculistas revelan que ellos no adquieren la extraordinaria habilidad que los caracteriza por un aumento en la velocidad de hacer sumas, restas, multiplicaciones o divisiones, sino por una "mejor manera de dialogar con los números".

Para hacer cálculos mentales tan complejos como calcular la novena potencia de un número en muy corto tiempo no se necesita tener ningún talento matemático particular, sino una gran memoria. Así como algunos se ejercitan intensamente para aprender largos poemas o recordar partituras musicales completas, los calculistas pasan varias horas aprendiendo datos numéricos.

Hacen lo que todos hicimos al aprender las tablas de multiplicar: un "recitado de datos" más que un "cálculo". Evidentemente es un camino penoso y poco satisfactorio, pues, a pesar del enorme esfuerzo que nos lleva aprender las tablas, cuando somos adultos no siempre las podemos recordar sin fallas, mientras que no nos olvidamos del Himno Nacional que aprendimos en la escuela.

Casi todos recordamos inmediatamente que 5x5 es igual a 25. Pero esto se debe a que los cuadrados de los primeros dígitos son más fáciles de memorizar que otros números. Sin embargo, a nadie se le ocurriría aprender, por ejemplo, todos los cuadrados de 2 dígitos, como 73x73, salvo a un calculista profesional, que invierte largas horas de práctica diaria en recordar muchos y variados tipos de números. Algunos expertos pueden dar el resultado exacto de 73x73=5329 en menos de un segundo. ¿Cómo lo hacen? Simplemente han memorizado este número de una extensa tabla de cuadrados.

El calculador prodigio usa zonas de la corteza cerebral que son inaccesibles para el común de las personas durante esos cálculos. Eso ha sido demostrado por un equipo internacional de psicólogos franceses y belgas ( Pesenti y col Nature Neuroscience 2001, 4,1, 103-107 ).

Un calculista profesional dedica varias horas diarias durante muchos años para "cambiar su cerebro". Nosotros, en cambio, usamos las calculadoras, que nos ahorran, felizmente, ese enorme trabajo cerebral. Pero es bueno saber que nuestro cerebro es muy "plástico" y puede aprender cosas nuevas por caminos diversos.

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