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"El e-mail es una pérdida de tiempo, un chusmerío"

A punto de cumplir 80 años, pasado mañana, el reinventor de la literatura de ciencia ficción dice que las computadoras no deben llegar a los chicos antes del quinto grado. Revaloriza el ámbito familiar como generador de ejemplos sanos. Como no podría ser de otra manera, está convencido de que hay que volver a la Luna y que ya deberíamos estar en Marte.
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20 de agosto de 2000  

LOS ANGELES.- Con bermudas caqui y camisa a cuadros en colores pastel, medias blancas y zapatillas, está sentado muy erguido, de espaldas a un gran ventanal por donde entran la luz y el sol de las 3 de la tarde. Sobre su nariz fuerte están calzados los anteojos de siempre. El pelo generoso, blanquísimo, como de cuento infantil; la cara, franca y tostada. En la mesa-escritorio, frente a él, cientos de papeles, sobres, cartas, libros, diarios, anotaciones, un teléfono, una radio, pequeños carteles.

La mirada le brilla; la voz, potente y sonora, se vuelve susurro cuando se pregunta cómo fue que nació el universo. Ríe con ganas, contesta educadamente el teléfono, que sonó no menos de cinco veces durante la charla, y enumera con entusiasmo que tiene tres libros para publicar este año y tres el que viene; que acaba de terminar un guión para cine, dos nuevas novelas, dos libros de poesía y uno de ensayos.

A ocho meses de un ataque de apoplejía y a días de cumplir los 80 años (pasado mañana), Ray Bradbury se emociona cuando habla de la vidaÉ y de Marte. Esa vibración es lo que más impacta de su presencia, aunque una mirada atenta podría descubrir a su derecha el bastón con tres patas que lo ayuda a superar cierta dificultad en la pierna y el brazo de ese lado. "Gracias a Dios camino mejor y puedo hablar bastante bien, como usted podrá advertir. Y puedo crear con mi mente. Mi cerebro está bien. No fue afectado. Mi Ôgenio´ -sea lo que fuere- quedó a salvo. Gracias al cielo."

El celebérrimo padre de Crónicas marcianas (escrito hace exactamente 50 años) y de Fahrenheit 451 (que será puesta en escena en enero próximo en Nueva York), entre tantos otros trabajos memorables (ver recuadro), trabaja disciplinadamente todos los días de su vida, aunque sólo por dos horas, de día, de noche o de madrugada. Son dos horas febriles, a gran velocidad: "Hoy terminé un ensayo. Ayer, otro". A toda pasión como siempre, como escribió Fahrenheit en apenas nueve días.

La noche anterior a la charla, precisamente, no le gustó la película que estaba viendo porque tenía un final triste, y ahí nomás se sentó y escribió un artículo acerca de los the end cinematográficos. "Cuando uno va al cine, lleva consigo la carga de un desengaño amoroso que no puede olvidar, la angustia de un trabajo perdido, el recuerdo de amigos muertos o de un amigo que nos traicionó... Sé lo que es un amor perdido, sé lo que se siente cuando los amigos se van. Tengo ocho amigos que murieron de cáncer y cuatro de un infarto. Cuando más viejo es uno tanto más solo se queda y, si va al cine, quiere ver alguna cosa viva y abrigar alguna esperanza para el futuro."

Encajada en una suave pendiente sobre Cheviot Drive, a unas 10 cuadras de Beverly Hills, la casa de Bradbury -muy americana- es agradable y apacible, nada ostentosa, bañada de luz natural por todos los costados.

Como decíamos, abundan los papeles de todo tipo sobre lo que la espigadísima y elegante Maggie, su esposa de toda la vida, hizo mesa del comedor contiguo a la cocina, pero que esa tarde lucía escritorio de trabajo. Uno mira para todos lados, debajo de los sobres, sobre la mesita con flores blancas en el rincón, pero nada. Ni vestigios de mouses o diskettes.

-¿Continúa sin computadora, señor Bradbury?

-No la necesito, ni yo ni mucha otra gente. Depende, claro, de lo que uno haga. Hace 60 años que escribo en máquina de escribir. Tengo tanto entrenamiento que puedo escribir sin errores, incluso puedo hacerlo en la oscuridad. He escrito una novela en la oscuridad una noche en París, mientras Maggie dormía. Trabajé sin prender la luz. Cuando amaneció, había terminado la novela.

-Pero, ¿nunca tuvo una PC?

-Me regalaron una hace cosa de 10 años, pero cometía errores y luego los tenía que corregir. Yo no cometo errores cuando escribo con la máquina eléctrica. Las teclas de la computadora son tan sensibles al tacto que uno suspira y É crash, comete errores. Si uno teclea repetidamente (alude a un conocido tic de escritores y periodistas que suelen golpear una y otra vez una tecla mientras piensan la siguiente frase) se llena de errores que luego hay que corregir. Esto no pasa con la máquina de escribir. No veo ninguna razón para cambiar. Nadie me ha mostrado las reales ventajas que tenga para mí. Qué quiere que le diga. Me gustan el papel, el tipeo... Adoro mi IBM eléctrica. Además, las computadoras son diez veces más caras que las máquinas de escribir.

-¿No cree, sin embargo, que son avances que nos pueden mejorar la vida?

-Mire, ni Internet ni las computadoras son malos en sí mismos, lo que sí puede ser malo es el uso que uno hace de ellos. Para mí, es la gente la que tiene que decir cuál es la función de la tecnología en su vida, cómo va a usarla... Mucho de esto está orientado al consumidor varón, al macho... Más grande o más joven, el hombre promedio gusta de jugar con juguetes. Internet y las computadoras son juguetes, pero fíjese que no les gustan a las mujeres, porque las mujeres tienen más sentido común para estas cosas. No se les ocurre perder tiempo con estas cosas... Recuerdo una anécdota de hace unos 20 años. Yo iba caminando por Beverly Hills y escucho que me gritan:"Hola, Ray". Era Arthur C. Clarke, el autor de ciencia ficción, que estaba en un negocio de computadoras. "Vení -me dijo-, tenés que ver esto. Es lo último", y se compró tres computadoras. Al día siguiente lo fui a ver al hotel donde me mostró un cuarto lleno con sus nuevos juguetes , que podían hacer esto y aquello. Yo también puedo hacerlo, le dije. Meteme en una habitación con cien hombres que tengan cada uno una PC y dejame a mí sólo con la máquina de escribir. Seguro que les gano, porque seré más rápido y mejor. Yo escribiré una buena historia y ellos no escribirán nada. No es la máquina lo que escribe. Es esto... (señala su cabeza con el dedo), la mente.

-Pero no se puede negar que Internet nos permite estar mejor comunicados unos con otros...

-Tenemos demasiadas comunicaciones, estamos demasiado comunicados. ¿Con cuánta gente quiere usted estar conectada? ¿Cuántos amigos de verdad tiene?: ¿cuatro? ¿cinco? ¿Por qué se quiere estar en contacto con todo el mundo? Yo creo en el contacto humano.

-¿Tampoco la rescata como herramienta para investigar, para universidades, bibliotecas, escuelas?

-Sí, claro, para investigadores me parece fantástico. Pero el ciudadano promedio no es investigador, por lo tanto para él no es de primera necesidad.

-¿Cree que vamos hacia un mundo sin libros, como en Fahrenheit , donde se quemaba todo lo escrito en papel?

-Yo soy un loco por las bibliotecas, pero mi padre y mi madre las visitaban de vez en cuando. Tengo tres hijas que leen libros y otra que no lee nada. Que alguien me explique eso. ¿De dónde viene? ¿Está emparentada conmigo? Nuestra curiosidad por las cosas es un misterio y eso me hace tener esperanzas de que las bibliotecas no desaparecerán. Lo que pasa es que ahora estamos sometidos a un bombardeo tecnológico: ¡Oh, sí! Tengo que tener esto o aquello. Internet. Una nueva computadora. ¡Cada día es Navidad!

-¿Qué rol juega la televisión en todo esto?

-Mire, lo que los chicos ven por la televisión depende de los padres. Hay canales buenos y canales malos, hay canales donde pasan maravillosas películas, como el de Walt Disney. Todavía se pasan algunas películas hechas por el propio Walt que yo veía cuando era chico y que son estupendas. Pero son los padres los que deben asegurarse de que los chicos estén frente al canal correcto y no frente a una pantalla llena de noticias de violencia sexual, homicidios y accidentes.

-Veo que le da mucha importancia al entorno familiar...

-Mucha. Seguramente usted, como yo, fue criada en una buena familia, y nuestro comportamiento depende de cómo intentemos complacer a nuestros padres. Si ellos son buenos ejemplos, antes de hacer algo uno se cuestionará si está bien o si está mal, según lo que ha aprendido de ellos, más allá de que estén vivos o muertos. Es positivo que uno tenga influencia de gente que aprecia. Lamentablemente se ha perdido mucho contacto con la familia. Muchos chicos son criados sin familia o con media familia. Como sociedad deberíamos encontrar modos de restablecer la familia para estos chicos.

-¿Cree que, en parte, la televisión es responsable de que los chicos lean menos libros?

-Todos estos inventos deberían llegar más bien tarde a la vida de los chicos. En los Estados Unidos, el gran problema de la educación es que no estamos enseñando a los chicos a leer y escribir intensamente. Es por eso que creo que las computadoras no deberían estar permitidas antes de quinto grado.

-¿Tanto?

-Sí, deberíamos enfatizar desde el jardín al primer grado la enseñanza del escribir y el leer, de modo tal que cuando el chico llega a segundo grado sabe ya leer y escribir y puede empezar a jorobar con la computadora. No se puede enseñar por computadora. Algunos dicen que sí, pero yo pienso que no se puede. Si la televisión, Internet, la computadora, llegan más tarde a las vidas de los chicos, usted tendrá una generación sólida y fuerte. Esto depende de los maestros, como de los padres depende controlar que ellos lleven adelante ese proceso. Sé que esto se hace en algunos países, pero acá no. Por eso estamos creando una generación de chicos estúpidos.

¿Usted cree que este problema puede ser solucionado por una PC o una televisión? No, esto sólo puede cambiarlo un aula con libros, con lectura y escritura intensa.

-¿Qué libros recomendaría a los jóvenes para comenzar a leer?

-Deberían empezar por los mitos griegos, la guerra de Troya, la relación entre la raza humana y los dioses cuando estos bajaban a la Tierra. Todas las historias y las vidas de la raza humana encarnaron los mitos griegos, los mitos romanos, los mitos egipcios. La enseñanza con metáfora, el tipo de relato que uno oyó o escuchó y jamás olvidará.

También puede comenzar por buenas tiras cómicas, por Buck Rogers o Tarzán. Para las chicas, Nancy Drew. Robert Louis Stevenson, libros de ciencia ficción, los míos propios... El secreto es no aburrir a la gente. El secreto es encontrar libros que a uno lo atrapen y lo vuelvan voraz, hambriento de buena lectura.

-¿Compraría un libro por Internet?

-Si uno quiere comprar un libro clásico, Faulkner, Hemingway, de acuerdo. Uno sabe qué está comprando. Conoce esas obras, ya las ha visto. Pero si uno quiere comprar un libro nuevo, que no conoce, sería muy tonto recurrir a Internet. Uno tiene que ir a la librería, tomar el libro entre sus manos, leer la solapa, hojearlo y decidir si ése es nuestro libro. El texto, el papel, la tipografía, todo en un libro es muy sensual. Ese placer se pierde si uno compra por Internet. No digo que no hay que hacerlo. Digo que no es lo mismo.

-A mucha gente la entusiasma poder hacer trámites desde la casa...

-Sí, están tratando de imponernos que hagamos nuestro banking on line . Pero uno así puede perder su cuenta e incluso su dinero, si no es cuidadoso. También es peligroso poner su tarjeta de crédito en Internet, pueden robársela. Además, ¿qué le pasa a la gente que no quiere salir de su casa? ¿Qué es esto de querer vivir recluido frente a una PC sin salir al mundo?

-¿Y el e-mail?

-Una pérdida de tiempo, un chusmerío. Si va a escribir, escriba una carta a mano o a máquina. O levante el teléfono y hable. O mande un fax. Si casi es tan rápido como el mail, apenas unos segundos más. Con mi hija que vive en Phoenix los fax van y vienen. Ella transcribe mis textos y los pasa por fax. Yo hago las correcciones y le reenvío el material para que lo retipee. A veces le dicto cosas por teléfono.

-Computadoras, Internet, Palmtop, correo electrónicoÉ ¿Es un proceso imparable?

-No lo sé. Hace dos años hablé con un grupo de técnicos de la industria cinematográfica, fotógrafos, camarógrafos, expertos en efectos especiales. Se proyectaron, antes de la charla, películas actuales de ciencia ficción. ¿Sabe qué? Advertí que son todos efectos especiales. No hay trama. Lo bombardean a uno con una explosión tras otra y lo hacen viajar por el espacio. Pero son fuegos de artificio. Maravillosos, sí, pero fuegos de artificio al fin. Y viene la vorágine de tener todo eso. Pero dos semanas o dos meses después, la Navidad terminó y nos damos cuenta de que los juguetes no hacen lo que ellos dijeron que harían.

-¿Es como una ilusión?

-Es como estar enamorado de una mujer hermosa. Uno se enloquece, pierde la cabeza, deja de ser uno mismo. No hay mucha diferencia entre el romance entre seres humanos y nuestra relación con todas esas máquinas. Cada una de esas máquinas tiene que estar a la altura del individuo. Uno debe decir ¿con qué sentido?, ¿con qué propósito?, ¿cómo afectará esto mi vida futura?, ¿podré crear con ella?, ¿mejorará mi vida o es sólo un juguete?

-¿Qué opina de la biotecnología y concretamente de la clonación?

-Bueno, lo importante de la biotecnología es que por medio de ella se logre combatir y vencer enfermedades como el mal de Alzheimer. Eso sería extraordinario. Ahí es distinto, pero ¿la clonación de seres humanos porque sí, por repetir un modelo? No, en absoluto.

-¿Cómo imagina el futuro un escritor de ciencia ficción como usted?

-Vamos a volver a la Luna, lo que es la mejor noticia, y también vamos a ir a Marte. Ojalá esté yo vivo para verlo, aunque quizá lo esté si esto ocurre rápido. Me gustaría que el gobierno se cuestionara por qué no volvimos a la Luna. No debimos haberla dejado nunca. Fue algo glorioso para nosotros. Aquella noche, cuando el hombre pisó la Luna, toda la gente en este país, en su país, en todo el mundo, levantó los ojos hacia el cielo, miró la Luna y dijo: ¡Oh, Dios, lo logramos! Somos libres de la gravedad, libres de andar por el universo. Nuestro destino no es estar sólo aquí.

-¿Cuál sería, entonces?

-¿Para qué hemos nacido? Para mirar todo el universo, para celebrarlo. Es sencillamente pura energía deslumbrándonos desde el increíble cosmos. Tenemos que salir a examinarlo y colonizarlo. Y en algún tiempo futuro ir a otros planetas...

-¿Cuándo podría ocurrir eso?

-Podríamos hacerlo mañana, podríamos empezar mañana. Deberíamos preparar el aterrizaje en Marte, deberíamos estar yendo ahora mismo. El problema es el de siempre... los políticos, los nuestros como los vuestros, son iguales en todas partes. Ellos no sueñan. No son románticos. No advierten que el universo es mucho más grande que esto.

-¿Qué cree que estamos haciendo aquí?

-Yo concluí en que el universo y billones de estrellas y la Tierra están acá para que los veamos, para que seamos testigos, para conocer todo lo que se ha logrado. Yo fui desarrollado para ver ese misterio. Si no, no tendría sentido. Tenemos que cumplir nuestro destino y volver a la Luna, y a Marte, y expandirnos, expandirnosÉGeorge Bernard Shaw, en muchos de sus ensayos y obras de teatro, habla de esta voluntad oculta, ese misterio no develado por estar siempre en movimiento hacia alguna parte, para hacer algo que nos lleve a ese lugarÉ No sabemos bien por qué. Sólo nos mueve la fe (susurra) .

-Conmueve su optimismo...

-No, lo que soy es un individuo que trata de tener una línea de comportamiento óptima. Sí puedo alentar a la gente a comportarse al máximo de sus posibilidades genéticas. Si uno escribe todos los días, si piensa todos los días, si crea todos los días, entonces al final del día, al final de la semana, uno tiene una maravillosa sensación. Yo lo he hecho. No me quedé con los brazos cruzados y sin hacer nada. De modo que al final del año, después de 365 días de creación, surge una sensación de optimismo, pero no es optimismo. Es mantener una línea óptima de comportamiento, y eso hace que uno resplandezca de júbilo con el hecho de inventarse a sí mismo. Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe.

-¿Qué es la vida para usted?

-La vida es un don y así debemos disfrutarla. Esta es una oportunidad gloriosa. Sólo estaremos aquí una vez y no volveremos más. Tengo la oportunidad de escribir cada vez que siento que tengo un propósito. ¿Y cuál fue mi objetivo cuando escribí, por ejemplo, tal o cual artículo? Escribir el mejor artículo que se haya escrito hasta ese momento.

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