El escándalo y el frío en medio de las elecciones

Joaquín Morales Solá
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3 de junio de 2007  

Sucede lo que no debió suceder en un año de elecciones. Crisis energética y escándalo público por supuestos hechos de corrupción ocurren en los meses en que se decide la permanencia del kirchnerismo en el poder. Hasta las encuestas verdaderas sobre la imagen y la intención de voto de los Kirchner, al menos en los grandes centros urbanos, ya no son tan buenas como eran antes. En el poder hay, sin embargo, una extraña tranquilidad. La serenidad que termina en el pasmo: Ahora soy amigo de todos los periodistas , proclamaba Kirchner el viernes en los pasillos cercanos a su oficina. ¿Qué pasó? ¿Por qué?

La primera respuesta es responsabilidad de la oposición. Los adversarios presidenciales debieron hacer mal algunas cosas para que ninguna de las últimas desventuras presidenciales les sirva a ellos de consuelo. Los opositores suelen mirar a los medios y a los periodistas más que al espejo. Así, escrutando en la supuesta intención de la prensa (que no es una ni es igual) analizan el raro fenómeno de un gobierno con muchos conflictos y de una oposición sin muchos márgenes.

Julio y agosto podrían ser meses de malas noticias para el Presidente. El juez federal Guillermo Montenegro llamó a indagatoria para esas fechas a los ex funcionarios implicados en el caso Skanska. Empezará en la semana que se inicia con los ex directivos de la empresa sueca, seguramente para reunir testimonios sólidos como para interrogar luego a los ex funcionarios. Por lo que se ve, Montenegro va derecho a investigar si hubo, o no, sobornos. Le interesa más esa comprobación que la supuesta existencia de sobreprecios, que no están probados aún, pero que podrían probarse en el curso de la investigación.

¿Qué destino les espera al ex presidente del Enargas Fulvio Madaro y al ex administrador del Nación Fideicomiso Néstor Ulloa? El Gobierno se abroqueló sólo en torno a Madaro, un pingüino de la hora temprana. Ulloa es un amigo del gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, el primer mandatario provincial que se volcó al kirchnerismo. Ulloa fue designado durante la administración de Eduardo Duhalde. Kirchner asegura que nunca habló con él y que sólo se lo cruzó en algún acto de circunstancia. Ulloa fue abandonado a su suerte.

Ambos han sido citados a indagatoria por Montenegro. Indagatoria significa el riesgo eventual de que sean procesados o de quedar presos después de la comparecencia ante el juez. Nadie puede hurgar en la cabeza del magistrado, pero es conveniente hacerlo en sus antecedentes como administrador de justicia. Nunca citó a indagatoria a nadie sin contar con las pruebas suficientes, y casi definitivas, como para dictar luego el procesamiento o la prisión de los convocados. Ulloa y Madaro caminan, entonces, hacia un procesamiento casi seguro, salvo que haya nuevas constataciones en la causa, que no están ahora a la vista.

Investigadores judiciales están buscando, además, un primer informe de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), que sería tan duro como el de Techint sobre los sobreprecios de las obras de ampliación del Gasoducto del Norte. No es el informe que se conoce, ya crítico de por sí, sino uno previo incluso a la opinión de la multinacional argentina. Ese informe no se puede conseguir fácilmente porque fue elaborado por funcionarios de carrera y cajoneado por la conducción del organismo.

El presidente de Skanska, Stuart Graham, estuvo en la Argentina y habló mucho con los periodistas; en rigor, quería hablar con el juez. Dicen los ejecutivos de la empresa que el juez no quiso recibirlo. En los tribunales explican que Montenegro no debía recibir a quien podría citar para que declare formalmente delante de él. Hay preguntas que Skanska debe responder: ¿por qué despidió a todos los ejecutivos vinculados con la construcción del gasoducto? ¿Cobraron sobreprecios y fueron desleales? ¿Por qué, entonces, les pagó suculentas indemnizaciones a empleados supuestamente desleales?

Otra pregunta debería hacérsele a Skanska: ¿es cierto que la empresa pagó la fianza de un millón de pesos para que quedara en libertad condicional el auditor de la empresa Claudio Corizzo, uno de los protagonistas de las famosas cintas con las grabaciones de una reveladora conversación?

El auditor está acusado de falso testimonio ante el juez Javier López Biscayart, por haber negado la existencia de las cintas que aparecieron luego, durante un allanamiento a la empresa ordenado por ese magistrado. El monto enorme de la fianza lo fijó el juez Rodolfo Canicoba Corral. ¿Por qué semejante cantidad de dinero? Para que no mientan más , dijeron los que trabajan con los jueces. Los testigos están notificados ahora de que en adelante deberán decir la verdad o mentir con el riesgo de quedar presos o dejar una fortuna en los tribunales.

Fortuna es lo que le faltó a Kirchner en los últimos días. Se necesita mala suerte para tener que enfrentar la semana más fría de mayo en los últimos 50 años justo en vísperas de significativas elecciones. La energía faltó por todas partes. El sistema funcionó , decía el Gobierno el viernes como quien sonríe bajo la lluvia.

El sistema funcionó con muchas industrias paradas por la falta de energía. O con los automóviles sin gas. O cerrando las cañerías del gas que va a Chile. En algunos momentos, cuando el frío era de profundidades patagónicas, fueron necesarias las tres medidas al mismo tiempo.

Chile es una asignatura pendiente. Es cierto que nadie puede dar lo que no tiene y que Kirchner hasta decidió sacarles el gas a los autos para reanudar los envíos del combustible a Chile. Esta vez el gobierno chileno aceptó la situación sin grandes crispaciones. Hubo dos atenuantes: fue advertido a tiempo por el gobierno argentino de que las cosas pintaban mal y la administración de Bachelet tomó nota de que muchos autos argentinos se quedaron sin energía para que ésta llegara a los hogares de Santiago.

El conflicto de fondo es, no obstante, la desidia del gobierno argentino para enfrentar con la administración chilena el conflicto energético como un problema común. Kirchner puede hacer muchas cosas en ese sentido. Puede, por ejemplo, interceder ante el gobierno boliviano para una solución a la vieja disputa de Bolivia con Chile. El gobierno de Evo Morales es imprevisible y volátil, aseguran funcionarios argentinos. Más se necesita, entonces, la mediación argentina.

Puede, también, crear las condiciones para la inversión chilena en la exploración y explotación de petróleo y gas en la Argentina. El dilema energético argentino es la inversión. Sobrevuela una vieja disputa entre los inversores, que reclaman mejores condiciones contractuales y tarifarias, y el gobierno de Kirchner, que quiere inversiones a cambio de nada.

Según confiables estudios privados, los argentinos pagan sólo una cuarta o una quinta parte de lo que pagan brasileños, chilenos, uruguayos y bolivianos por las tarifas de electricidad, gas, nafta y gasoil. Así, nadie invierte para que los argentinos puedan derrochar bienes no renovables. Pero el Presidente aspira a gobernar un país feliz en un mundo con muchas complicaciones energéticas. La felicidad tiene plazos electorales.

Los inversores le preguntan a Kirchner cuándo dará por terminada la crisis excepcional de principios de siglo. El Presidente no pondrá ese punto final fácilmente. La excepcionalidad forma parte también de su ventaja política.

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