El eterno retorno

Enrique Valiente Noailles
(0)
4 de mayo de 2003  

¿Quiénes hicieron fracasar al país durante los últimos años? Aunque no sean los únicos, Menem y Duhalde. ¿A quiénes ha elegido la sociedad para llevar al ballottage ? Pues, a Menem y a Duhalde. Ello, en un contexto de sufrimiento inédito en el país, en un contexto en el que, según encuestas, el 80 por ciento de la población reclama un recambio total de sus políticos. Excluyendo los votos a López Murphy y Carrió, aunque sumando los de Rodríguez Saa, podríamos decir, entonces, que casi dos tercios de la sociedad no ha expresado voluntad de cambio alguna.

Hace veinte años que somos una sociedad libre y seguimos eligiendo... lo mismo. ¿Qué explicación hay para este misterio? La Argentina está en una forma de sobreadaptación a su destino, es como un inmenso obeso que no tiene interés alguno en expurgar la grasa que lo inmoviliza, un obeso que está cómodo a pesar de sus paupérrimas condiciones de vida, y que ha utilizado la misma cacerola con que protestaba para cocinarse nuevamente adentro.

Adicionalmente, un espejismo se está instalando: que Menem y Duhalde son cosas realmente opuestas y que el 18 de mayo estaremos frente a una elección entre dos modelos en pugna. Las políticas, en plural, pueden ser diferentes, pero la forma de hacer y de comprender la política, en singular, es idéntica.

Tal vez nos estemos convenciendo de que aquello que tenemos delante en el ballottage es una opción entre dos cosas diferentes, para generar, como rebote, un último efecto de libertad, una sensación final de ser dueños de nuestro futuro, luego de haber ya optado por seguir esclavizados a nuestro pasado. Eso será el ballottage : un simulador de libertad, ya que por delante pareciera haber apenas una forma de servidumbre voluntaria.

Dos lecturas parecen quedar en pie frente a nuestro maltrecho destino: la primera, la usual, es que padecemos una frustración permanente, que sentimos indignación, y que queremos cambiar. La segunda, supone un salto detrás de toda esperanza y comienza a funcionar, ante la inverosimilitud de lo que ocurre, como una forma de alivio: la sociedad habría comprendido la tesis de Mandeville, habría comprendido que es gracias a sus vicios que funciona, y no pretende, por lo tanto, cambio alguno. Después de tanto malestar, convalidado y absuelto luego en el cuarto oscuro, la primera de las lecturas parece estar agotada.

evnoailles@yahoo.com.ar

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.