El fenómeno del filantrocapitalismo

Con el florecimiento de grandes fortunas financieras al calor de la globalización, ya se habla de una "Segunda Edad de Oro de la filantropía"; aquí, la solidaridad del dinero está aún en pañales
Juana Libedinsky
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23 de julio de 2006  

NUEVA YORK.- Quien haya jugado al bridge alguna vez sabe que la confianza entre compañeros puede terminar siendo profundísima. Hay veces que uno estaría dispuesto a poner en manos de su socio en el juego hasta a su marido o mujer, hijos, casa, mascota, anhelos, secretos, pasiones pero ¿37 mil millones de dólares?

Warren Buffet lo hizo sin pestañar. Le donó esa cifra a Bill Gates, su compañero de bridge -y el único hombre más rico que él en EE.UU.- para que el fundador de Microsoft y su mujer, Melinda, decidieran cómo hacer el bien con ella.

Más allá del monto de la donación -el más grande de la historia, mayor aún que el que el mismo Gates puso en su propia fundación, unos 31 mil millones de dólares-, Buffet revolucionó el mundo de la filantropía al aplicar, para deshacerse de su capital, la misma estrategia que utilizó para amasarlo: el outsourcing.

Desde su oficina en Nebraska, lejos de los epicentros financieros, Buffet siempre se distinguió por saber encontrar organizaciones sólidas con administradores talentosos (como Coca-Cola, American Express, Gillette , Disney) para respaldar en el momento oportuno. Y como cree que los Gates pueden hacer filantropía mejor que nadie -no sólo mejor que él, sino también mejor que su propia familia, a cuya fundación le dejó 6 mil millones de dólares- les dio su fortuna.

Ahora, con el aporte de Buffet, la fundación Gates tendrá activos por unos 60 mil millones de dólares, lo que la convierte en la más grande del mundo, y eso sin contar con la generosidad de otros millonarios que, se espera, se sentirán incentivados a imitar el acto de Buffet. En EE.UU., ya se habla de una "Segunda Edad de Oro de la filantropía", que superará, incluso, a la que fue encabezada por Carnegie y Rockefeller más de cien años atrás. Y que ya tiene un nombre propio: el "filantrocapitalismo", debido a que toma el espíritu de las prácticas de la administración moderna y su impulso emprendedor para sacar el jugo al máximo del capital disponible.

EE.UU. marca la tendencia. No sólo es el país con la actividad filantrópica más poderosa sino, junto con Gran Bretaña, el único que viene llevando estadísticas completas y disponibles al público. Y aunque por ahora EE.UU. es el líder indiscutido del fenómeno filantrópico, la experiencia norteamericana está haciendo escuela en el resto del mundo, aunque sea a escalas considerablemente menores. Como la Argentina, por ejemplo, en donde en cuanto al perfil de los donantes y a la intercomunicación entre filántropos, pareciera haber una incipiente tendencia a seguir los patrones del Primer Mundo. Aunque, claro, aun sin estadísticas es evidente que no hay millones locales dando vuelta con fines benéficos. Además, tampoco se recibe mucha ayuda del exterior: sólo un 4 o 5 por ciento del dinero dedicado a la filantropía en EE.UU. va para el exterior.

Pero es evidente que la Argentina es un débil reflejo del refulgente fenómeno internacional. "En los últimos años, se ha dado un cambio rotundo en la filantropía global -dice Doug Bauer, gerente senior de la Rockefeller Philanthropy Advisors, la principal ONG norteamericana dedicada a asesorar a aquellos que quieren dar de manera efectiva y responsable-. Para empezar, simplemente hay mucho más dinero disponible, entonces, lo que está en juego es mucho más importante."

En efecto, desde fines del siglo XX, se está registrando un florecimiento de fortunas sin precedente gracias al aumento en el valor de los activos; la globalización, que aumenta las recompensas para los mejores en sus respectivos campos, y la tecnología que hizo lugar a innumerables emprendedores.

Las cifras crecen día tras día: por ejemplo, un estudio de la consultora Capgemini y el banco de inversión Merryl Lynch identificó 85.000 personas con más de 30 millones de dólares en activos el año último, un 10 por ciento más que en 2004. El valor total de la gente más rica del mundo -las 8,7 millones de personas con una liquidez superior al millón de dólares- aumentó en un 8,5%, a 33 trillones, y la mayor parte de esta riqueza proviene del éxito en el mundo de los negocios.

¿Y por qué estos empresarios -en su mayoría estadounidenses- habrían de donar a otros sus fortunas? Después de todo, ¿quién no recuerda aquel mantra -greed is good (la avaricia es buena)- de Gordon Gekko en el emblemático film "Wall Street"?

Según Salvatore LaSpada, presidente del Institute for Philantropy de Londres, a los ojos de observadores extranjeros, el modelo del capitalismo americano luce desalmado: crea grandes fortunas y, con ellas, grandes iniquidades. "Sin embargo, existe un contrato tácito en su interior: los ganadores en el juego de la fortuna deberán usar parte de su dinero para compensar a los perdedores", explica. Los grandes capitalistas del siglo XIX y principios del XX, Carnegie y Rockefeller, tomaron esta visión, y es tan evidente que se ha perpetuado que hasta Buffet se mofó en la televisión de aquellos que dejan su patrimonio intacto para sus hijos: crean un deplorable "club del esperma afortunado", dijo.

"Este contrato tácito es algo tan profundamente afianzado en el espíritu americano que hasta el grupo más pobre del país, los inmigrantes mexicanos, lo adopta. Ellos arman sus propias fundaciones filantrópicas para enviar remesas colectivas a sus pueblos de otro lado de la frontera. No es dinero para beneficiar a su familia en particular sino para mejorar, con la purificación de agua, construcción de hospitales y educación básica, la calidad de vida de todos quienes quedaron atrás", señala LaSpada.

En Europa, en cambio, el panorama es diferente. Es que, explica el especialista, la filantropía privada está íntimamente ligada con la fuerza, la vitalidad y el alcance del sector privado. No es sorprendente que en EE.UU., en donde el sector privado tiene un gran protagonismo, se registre un sorprendente florecimiento de la filantropía. Gran Bretaña, un híbrido entre ese modelo y el del Estado de Bienestar, viene detrás. En los países continentales, con un Estado de Bienestar considerable (si bien decreciente), dice LaSpada, es lógico "que los ciudadanos se pregunten ¿Porqué debería yo hacer algo? ¡Es responsabilidad del Estado!"

La ruta del dinero

En Estados Unidos a los nuevos ricos se suma, además, la enorme transferencia de riqueza de una generación a la otra por el envejecimiento de los baby boomers y los incentivos fiscales. El resultado final es que "en sólo un año en EE.UU. las contribuciones para fines caritativos subieron de 248 mil millones de dólares en 2004 a 260 mil millones en 2005, si bien hay que tomar en cuenta que ocurrieron hechos excepcionales como el huracán Katrina y el Tsumani", aclara Bauer.

¿Adónde va ese dinero? Hay que tener cuidado al leer los datos. Por ejemplo, los números muestran que en Estados Unidos, el 80 por ciento de los montos dedicados a beneficencia va a instituciones religiosas. Esto no quiere decir que se usen para construir nuevas iglesias, mezquitas o sinagogas. "Las instituciones religiosas son las que están a la cabeza de la asistencia social directa, las que manejan la mayor parte de comedores, educación para los pobres, asistencia médica. En términos de pobreza, la gran asistencia se da a través de los grupos religiosos. Las iniciativas seculares van principalmente a educación e investigación para la cura de enfermedades", explica Bauer.

En cuanto a Gran Bretaña, como "es una sociedad muy secular", cuenta LaSpada, sólo un 5 por ciento va a instituciones religiosas (un 18 por ciento va a temas de asistencia social y 17 por ciento a salud).

¿Y cuáles son las enfermedades más populares a la hora de recibir fondos? El cáncer les saca varias cabezas a todas. En Gran Bretaña, por ejemplo, las principales instituciones que reciben fondos para la salud son: 1° Cancer Research UK (recibe 344 millones de libras); 2° Mc Millan Cancer Relief (90 millones de libras); 3° Marie Curie Cancer Care (69 millones de libras); 4° Association for International Cancer Research (16 millones de libras).

Algo similar pasa del otro lado del Atlántico, y la preeminencia absoluta del cáncer se explica de la siguiente manera: en EE.UU. el 75% del dinero para beneficencia viene de contribuciones individuales, y algo parecido ocurre en Gran Bretaña (donde 8000 millones de libras provienen de individuos, 2000 millones de fundaciones y menos de mil millones de corporaciones). En general, como individuo, uno va a donar a causas  con las que tenga algún vínculo emocional y, obviamente, no hay problema que toque de cerca a tanta gente como el cáncer (¿quién no tiene o ha tenido un pariente, amigo o colega enfermo?). Las fundaciones o corporaciones pueden mirar el panorama más fríamente y decidir, como Bill Gates, apoyar la erradicación de enfermedades tropicales lejanas.

La banca como modelo

Uno de los cambios de los últimos años que ha alterado radicalmente la cara de la filantropía es que existe una mayor comunicación y colaboración entre filántropos, algo en lo que Buffet y Gates son punta de lanza.

"Los populares giving circles de la actualidad, o grupos de donantes (grandes o pequeños) que se unen por una causa común con una participación muy directa, no tienen más que cinco años", explica Gabriel Berger, director del posgrado en organizaciones sin fines de lucro de las universidades de San Andrés, Di Tella y CEDES. Berger señala, además, que existe una mayor educación de los donantes en todo el mundo.

Otra novedad es que en la filantropía se están tomando como referencia modelos que vienen de la banca de inversión, como la venture philantropy. En ese sentido, Gates es un buen ejemplo: apoya proyectos, luego los evalúa y descarta los que fracasan. Porque el gran tema no es sólo dar, sino dar de manera eficiente.

El otro gran tema, por supuesto, es el aliento que brinda el Estado cuando ofrece exenciones impositivas para los que ayudan.

"En nuestro país -explica Berger- los incentivos a las donaciones se restringieron con la reforma impositiva que se impulsó en el año 1995, limitando el tipo de objeto al que se pueden realizar donaciones desagradables del impuesto a las ganancias. En dicha reforma se limitaron la aplicación de incentivos a sólo tres tipos de destinos, dejando afuera muchas otras causas de que contribuyen al bien común, y esta limitación no crea un entorno propicio para destinar recursos personales a fines de beneficio público o colectivo."

La existencia del impuesto a la herencia a tasas importantes, para Berger, juega también un papel significativo en la definición de los montos donados. En la Argentina, la ausencia del impuesto a la herencia, que sí existe en países como EE.UU., no fomenta la donación de grandes fortunas a causas o instituciones filantrópicas. "De todas formas -dice Berger-, en nuestro país se debe primero generar una mayor valoración de este tipo de decisiones filantrópicas de las personas de alto patrimonio que deciden compartir su riqueza y destinarlas a causas de bien público."

Por eso, si es mucho lo que se ha avanzado en la Argentina en el terreno solidario, aún queda mucho camino por recorrer. Así lo entiende también Guillermo Canova, asesor del Foro del Sector Social, para quien el Estado debe aumentar los incentivos a las donaciones y, a la vez, perfeccionar el trabajo de control."El Estado argentino siempre desconfió de las instituciones filantrópicas, las ve como un agujero negro, un sector difícil de controlar."

La legislación local, explica Canova, estipula que solamente se puede deducir hasta el 5% de las ganancias sujetas a impuestos. En cambio, en Estados Unidos el porcentaje de exención tributaria se eleva al 10% para empresas y hasta el 50% en casos de donaciones individuales.

Como bien concluye Salvatore LaSpada, "el impulso para dar viene del corazón; pero la definición del monto a donar la determinan los beneficios impositivos".

Famosos filantrópicos

Las célebres campañas de Bono, el líder de U2, empeñado en multiplicar los fondos de ayuda a Africa, se han convertido en emblema de la filantropía actual. Sin embargo, también han recibido muchísimas críticas. "La dedicación de Bono, así como la de Bob Geldof, debe ser aplaudida --dice Jagdish Bhagwati, profesor de Economía de la Universidad de Columbia y asesor especial de Kofi Annan para Africa . Pero al usar su carisma y su música como estrella de rock para ese objetivo, debe abocarse a ideas y estrategias específicas. Temo que sus esfuerzos deben cambiar de dirección ya que están re-negando de un problema fundamental que es la capacidad de absorción que tienen los países africanos", reflexiona el autor del best seller La Economía de los países subdesarrollados .

Como ilustra el ejemplo de Bono, una de las características salientes de la nueva filantropía es el inusitado protagonismo de las celebridades. Incluso en el último Foro Mundial de Davos Kofi Annan habló de la determinación de las Naciones Unidas de favorecer la incorporación en sus programas de "los nuevos actores de la escena internacional, las celebridades del deporte y el espectáculo" .

En una nota de opinión en el Financial Times, Michael Fullilove, director de programa para problemas globales del Lowy Institute for Internacional Policy de Sydney, alertó sobre la práctica. Para empezar -escribió-, ya hay tantas estrellas comprometidas que la gente no presta atención a la causa con la que se identifican; segundo, su falta de experiencia en el tema con el que se vinculan expone a la organización que representan al ridículo, así como la brecha entre su nivel de vida y la de aquellos a quienes "rescatan". Finalmente, señala Fullilove, "hay tantas ONG que tienen verdaderos héroes trabajando a tiempo completo en sus filas, ¿por qué no hacer al revés y convertirlos a ellos en estrellas?"

Doug Bauer, gerente senior de la Rockefeller Philanthropy Advisors, le dice a LA NACION: "Bienvenida sea la atención que traen las celebridades a las causas nobles. Pero que pongan su plata también. No tengo problema con toda la atención que se le presta a Angelina Jolie porque ella dona un 33 por ciento de sus ganancias. En cambio, muchas estrellas del deporte apoyan una causa de la boca para afuera, pero no mueven sus dólares, y así todo termina siendo un juego de relaciones públicas", dijo.

En cuanto a la Argentina, Gabriel Berger, especialista de la Universidad de San Andrés, señaló que algunas celebridades han emprendido acciones filantrópicas pero básicamente dentro del modelo estrictamente caritativo. "Marcelo Tinelli tiene un segmento en su programa en el cual, por ejemplo, a una joven estudiante de abogacía discapacitada su productora le compra una casa y esto, sin duda, tiene un efecto ejemplificador y es muy emotivo. Pero no hay celebridades que se muevan para instalar problemas sociales en la agenda pública, no hay activistas".

Los donantes argentinos

A diferencia de Estados Unidos y algunos países europeos, en la Argentina no existen cifras disponibles en cuanto al monto de donaciones provenientes de la filantropía. Sí se sabe que la solidaridad está más ligada al mundo de los negocios -la llamada responsabilidad social empresaria- y que las mayores donaciones se hacen a través de las fundaciones creadas por las grandes firmas. Entre éstas, la Fundación Perez Companc ha sido tradicionalmente uno de los donantes más importantes, seguida por otras tales como Hermanos Enrique y Agustín Rocca o Fundación Fortabat. Bunge & Born, Arcor, YPF, Acindar, Roemmers, Bagó, Minetti, Renault o Banco Galicia, entre otras, son algunas de las compañías que también canalizan buena parte de la ayuda a través de sus respectivas fundaciones.

De hecho, según un sondeo de TNS-Gallup y la Universidad de San Andrés realizado entre febrero y mayo de 2005 -uno de los pocos estudios hechos en el país en la materia- en la actualidad el 25% ciento de las grandes empresas tiene una fundación propia, contra el 20% en 1997, cuando por primera vez se hizo este sondeo.

Además, entre 153 directivos de firmas de primera línea, surgió que el 93% de las firmas consultadas hicieron en 2004 donaciones, y que el 92% realizó otro tipo de colaboraciones con el llamado tercer sector. Las principales acciones fueron la donación de equipamiento (74%), el auspicio de eventos (72%), las contribuciones para avisos de publicidad (70%) y la donación de productos o dinero (67%). Las prioridades son educación básica, pobreza, salud, niñez, medio ambiente y cultura, en ese orden.

En línea con esta tendencia, del 8 al 10 de agosto próximos se realizará en Buenos Aires el Encuentro Latinoamericano de Emprendedores Sociales de Ashoka, la organización civil sin fines de lucro que abarca 68 países de Africa, Asia, América y Europa. El encuentro contará con la presencia de Bill Drayton, fundador y CEO de Ashoka (que en sánscrito significa la activa ausencia de tristeza). Entre otras actividades, se discutirá acerca del futuro y las oportunidades estratégicas que los emprendedores sociales consideran prioritarias para América latina, al tiempo que se compartirán prácticas y saberes para la actuación social.

La ayuda en cifras

  • EE.UU. registra la mayor actividad filantrópica, seguido por Gran Bretaña y la Unión Europea.
  • En sólo un año, en EE.UU., las donaciones subieron de 248 mil millones de dólares, en 2004, a 260 mil, en 2005.
  • El 80% de los montos dedicados a la beneficencia en EE.UU. va a instituciones religiosas, que a su vez lideran la asistencia social directa (comedores, educación, asistencia médica inmediata).
  • En Gran Bretaña, la salud es uno de los sectores que recibe mayores contribuciones. Y el cáncer es la enfermedad más popular a la hora de atraer fondos.
  • En la Argentina, las grandes donaciones se canalizan a través de fundaciones empresarias. En la actualidad, el 25% de las principales firmas tiene una fundación propia, y el 93% de las empresas de primera línea hicieron donaciones en dinero o especie en 2004.
  • En nuestro país, las prioridades en materia de donación son educación, pobreza, salud y niñez.
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