El fin predecible de la Intifada

La Intifada y su fin predecible
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9 de diciembre de 2001  

NUEVA YORK

La Intifada Palestina II está acabada.

Concluyó el último fin de semana con la convulsión de atentados suicidas contra chicos israelíes, una señal de que el movimiento nacional palestino se estaba convirtiendo en presa del benladenismo, lo cual no es más que el afán nihilista de violencia asesina contra civiles, sin ningún programa político y fuera de cualquier contexto político. Si algo le queda al movimiento nacional palestino por la independencia, mejor entonces que actúe ahora para redimirse. De otra manera se encamina, como Osama ben Laden, hacia la misma cueva oscura.

¿Cómo es esto? En realidad, pensé que la Intifada II fue una idiotez desde el principio. ¿Por qué? Por el contexto. Se produjo frente a ofrecimientos israelíes y norteamericanos más amplios que nunca para crear un Estado palestino. Aunque esos ofrecimientos de más del 90 por ciento de la Margen Occidental, Gaza y parte del sector este de Jerusalén acaso no hayan sido suficientes para los palestinos, sin duda fueron una propuesta inicial seria. La reacción palestina apropiada era no la violencia homicida sino apelar al pueblo israelí para persuadir a su gobierno a ceder el 100 por ciento de esos territorios. Eso sigue siendo cierto. Hace dos semanas, una encuesta Gallup reveló que casi el 60 por ciento de los israelíes está a favor de un Estado palestino, una cifra notable después de un año de violencia. Además, el presidente Bush respaldó públicamente la idea de un Estado palestino.

En otras palabras, no es que las aspiraciones palestinas fueron ignoradas y su única alternativa fue recurrir a la violencia. La mayoría silenciosa israelí y la mayoría silenciosa del mundo estaban resueltas a lograr un acuerdo serio, y si el primer ministro israelí, Ariel Sharon, hubiera desdeñado un ofrecimiento de paz palestino, habría sido desairado. Pero, en cambio, los palestinos ofrecieron un paquete suicida que lleva sólo a una conclusión: que la prioridad de los palestinos no es lograr un Estado independiente. Su prioridad, evidentemente, es matar judíos y vengarse del asesinato, por parte de Israel, de un líder del grupo Hamas que sólo quiso alcanzar cierto renombre organizando, como lo hizo, atentados suicidas; digamos, un típico Thomas Jefferson.

De manera que la Intifada II, que supuestamente fue una rebelión para impulsar a Israel a entregar a los palestinos el ciento por ciento de la Margen Occidental, Gaza, y el sector este de Jerusalén, se metamorfoseó en el Osama ben Laden II, un intento palestino de eliminar el ciento por ciento de Israel. Hay genuinas voces árabes y musulmanas que comprenden cuánto de autodestructivo tiene eso. Por ejemplo, el diario The Jordan Times, que en una nota editorial de esta semana expresó:"Existe una creciente solidaridad en todo el mundo, incluso un sólido apoyo, por la legítima lucha de los palestinos para lograr la independencia y la libertad... Pero recurrir a atentados suicidas de los cuales fueron blanco principalmente civiles ha sido perjudicial para la causa propiamente dicha".

Los líderes árabes saben esto también, pero no irán con esa verdad a los palestinos. Es una lástima. Porque si es imposible que los líderes árabes-musulmanes distingan ya entre la resistencia palestina dirigida contra blancos militares –sujeta además a una específica propuesta de paz– y un terrorismo concebido para matar niños, sin tener en cuenta un plan de paz o alternativas políticas, entonces eventualmente ninguna negociación sustentada en aspectos morales podrá ser factible entre los Estados Unidos y los árabes. Ya se puede observar el comienzo de la fisura, con el apoyo incondicional de la Casa Blanca a la represalia de Israel.

Sharon hace bien en enviar a los árabes y al mundo el mensaje de que Israel hará todo lo que sea necesario para defenderse. Pero cometería un tremendo error –tremendo– si elimina a Yasser Arafat. Esa es una tarea para los propios palestinos. Israel no debería hacer propia la desgracia del pueblo palestino, y tanto Arafat como su autoridad representan esa desgracia. Los palestinos deben plantarse frente a eso. La tarea de Sharon consiste en desalentar definitivamente cualquier fantasía que tengan respecto de eliminar a Israel, y dejar en claro que si el pueblo palestino adopta una conducción política diferente, con un criterio diferente, Israel le ofrecerá una paz justa y digna.

Egipto y Arabia Saudita, que le siguen diciendo a los Estados Unidos que el problema es Israel, también deben ayudar ahora, dándoles a los palestinos apoyo y protección para un compromiso equitativo. Los Estados Unidos acaban de expresarle a Israel, públicamente, que debe poner fin a los asentamientos y a la ocupación, y aceptar un Estado palestino para que termine el conflicto. ¿Cuándo Egipto y Arabia Saudita les dirán a los palestinos, públicamente, que su juego terminó y que tienen que aceptar un Estado judío y poner fin al conflicto? (¿Cuándo se lo dirán a ellos mismos?).

Porque si no lo hacen, si sólo culpan a Israel y se dejan estar mientras el movimiento nacional palestino es arrebatado por el grupo Hamas y la jihad islámica, que sólo quieren el fin del conflicto cuando no haya un solo judío vivo, entonces también los Estados Unidos darán un paso atrás y sencillamente adoptarán el criterio de que la ocupación de Israel es una cuestión de defensa propia, y que triunfe la nación más poderosa.

(Traducción de Luis Hugo Pressenda)

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