El fiscal que acusa a Suárez Mason

Para Caporale, su causa es otro aporte para la creación de un tribunal internacional
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29 de octubre de 2000  

ROMA.- Fue muy impresionante entrar en el aula-búnker de la cárcel de Rebbibia, en las afueras de Roma. Porque allí, en esa misma sala, tras las rejas de las mismas jaulas, fueron juzgados los integrantes de las Brigadas Rojas que asesinaron a Aldo Moro, el mafioso Totó Rina y el nazi Erich Priebke, que fue previamente extraditado desde la Argentina. Son sólo algunos nombres de una larga lista. Hoy, en ese lugar, se está desarrollando el juicio contra los ex generales Guillermo Suárez Mason y Santiago Omar Riveros.

En el caso del ex jefe del Primer Cuerpo de Ejército, fue acusado formalmente por Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo y mencionada como candidata al Premio Nobel de la Paz para 2001, como responsable del asesinato de su hija Laura y de la desaparición de su nieto Guido, nacido en cautiverio, en 1978, en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha.

El fiscal que entiende en estos dos casos por la Procuración de la República de Italia es el doctor Francesco Caporale, un hombre sereno, inteligente, que tras sus lentes no deja de observar cuanto lo rodea.Caporale admite que los casos de desaparecidos argentinos de origen italiano ocupan gran parte de su tiempo.

- ¿Por qué tiene un interés particular en el tema, doctor Caporale?

-Más allá de las motivaciones humanitarias que siempre despiertan estos casos, diría que también hay un factor generacional. Casi todos los que desaparecieron en la Argentina siendo jóvenes tendrían ahora mi edad. He cumplido 51 años y la mayoría de ellos tenía en aquel momento 30. Existe, además, una segunda razón. Al sumergirme en este mar de expedientes judiciales y al encontrarme con tantos testimonios estremecedores brindados por los sobrevivientes de los campos de detención ilegal comprendí hasta qué punto nosotros, aquí en Italia, ignorábamos el horror que entonces estaba ocurriendo en la Argentina. Y me pregunto, ¿por qué no nos dimos cuenta antes? Pienso que pueden hacerse dos lecturas. Durante aquellos años habíamos seguido aquí con mucho interés los avatares de la dictadura chilena de Pinochet (aún recuerdo las manifestaciones estudiantiles de repudio); recuerdo, además, que nos llegaban constantemente imágenes mostrando los estadios deportivos de Chile colmados de prisioneros políticos. Se puede decir que, desde el primer momento, Pinochet decidió mostrarse en toda su dureza. De la Argentina, en cambio, llegaban obviamente informaciones sobre la dictadura de Videla, pero resultaba muy difícil para nosotros saber en detalle lo que estaba ocurriendo. Conocíamos los antecedentes del golpe, es decir, las circunstancias del gobierno de Isabel Perón, la Triple A, López Rega, etc. Pero debo decir -y ésta fue la actitud de la izquierda italiana- que al compararlo con todo lo que sabíamos de Pinochet, el general Videla aparecía casi como un moderado.

-¿Veían al almirante Massera como a un hombe sin límites y a Videla como alguien con menor poder de decisión?

-Exacto. Hasta tal punto que, en aquel momento, la dictadura aparecía para los italianos como un mal menor. Ignorábamos en qué se había convertido la vida cotidiana en la Argentina y la información sobre los desaparecidos llegó mucho después. Le doy un ejemplo. En 1978, el año en que se registra la mayor cantidad de desaparecidos, estábamos completamente pendientes del caso Moro. Estoy hablando de los meses previos al Mundial de fútbol en la Argentina. Nosotros sabíamos, por supuesto, que también los regímenes totalitarios organizaban grandes torneos deportivos. ¡Nos había ocurrido con Mussolini! Sin embargo, parecía que habíamos olvidado que los dictadores utilizan estos actos multitudinarios para obtener el apoyo popular que pierden en otras áreas.

-En resumen, que aquí no se tenía verdadera conciencia de lo que estaba sucediendo en el país del Mundial.

-No tuvimos la decisión necesaria como para seguir el llamado de otros países europeos que proponían boicotear el Mundial argentino. Como todos sabemos, Italia concurrió y al final tuvo la magra recompensa de ganarles a ustedes 1 a 0 para luego terminar perdiendo con Brasil. Y hago esta digresión deportiva simplemente para subrayar que es tan poco lo que nos llegaba que sucumbimos, también nosotros, a la euforia futbolística sin advertir que en aquellos mismos momentos ocurrían las historias que hoy ocupan a este tribunal. No deseo en absoluto atenuar nuestra responsabilidad, pero insisto en que el caso Moro nos tenía tan alejados de todo cuanto ocurría fuera del secuestro que permitió que un sector de la derecha manifestara, en una ecuación de ridícula simpleza, que hablar de un desaparecido era hablar de un terrorista. Y al leer con atención los expedientes de este juicio advierto la diferencia entre un opositor a un régimen dictatorial y alguien que, por medio del terrorismo, buscaba golpear el poder legítimo del Estado. Entre nosotros, la lucha armada nunca tuvo consenso popular. Yo recuerdo, por ejemplo, durante el caso Moro, que el 16 de marzo de 1978 participé de una enorme manifestación que colmó las plazas de Roma con cientos de miles de personas de todas las edades y de todas las ideas políticas; en ese momento, el sentimiento dominante era que el secuestro de Moro definía nuestra agonía política.

-Doctor Caporale, qué posibilidades le ve usted a un futuro tribunal internacional del cual tanto se habla en este momento.

-Espero que comience a funcionar lo antes posible y de la manera más eficiente, como una suerte de tribunal supranacional para reemplazar así a las justicias respectivas de los países afectados. La Argentina no es un caso aislado. La historia demuestra que es siempre más fácil juzgar las causas ocurridas dentro de la patria de cada uno. Ese tribunal deberá ser, como deciamos, supranacional y representar absolutamente a todos los seres humanos ya que estamos hablando justamente de crímenes de lesa humanidad.

-¿Se puede ser moderadamente optimistas en un futuro más o menos cercano?

-Sí. Y creo que puede ocurrir a corto plazo. Tanto este tribunal, como el del juez Garzón en España y el tribunal británico que entendió en el caso Pinochet son los primeros pasos en esa dirección.

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