El futuro ligado a un viaje

Mariano Obarrio
Mariano Obarrio LA NACION
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7 de diciembre de 2001  

La suerte y el destino del Gobierno quedó pendiendo de una decisión política del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el ministro de Economía, Domingo Cavallo tiene ante sí una alternativa dramática: o trae un logro concreto de su negociación de estas horas en Washington, para seguir capeando la crisis, o su estabilidad será difícil de sostener.

El ministro procura el desembolso de 1260 millones de dólares del FMI para cumplir con los vencimientos de la deuda este mes y evitar así la cesación de pagos argentina.

"Esta es la última oportunidad de Cavallo", dijo ayer a LA NACION un ministro del gabinete nacional. Esta lectura es generalizada cerca de De la Rúa.

Para el justicialismo, la situación es mucho más delicada. "Con Cavallo se iría De la Rúa", dicen en los círculos parlamentarios peronistas.

En el PJ se confunden los pronósticos con los deseos. Los gobernadores peronistas Carlos Ruckauf (Buenos Aires), Carlos Reutemann (Santa Fe), José Manuel de la Sota (Córdoba) y Rubén Marín (La Pampa), además de algunos legisladores, resolvieron apoyar la reforma de la ley de acefalía con la introducción de un sistema de lemas, para evitar las elecciones internas en su partido. Los lemas les permiten presentarse a elecciones generales a diversos candidatos de un mismo partido. Y así gana la fuerza más votada y, dentro de ésta, se impone el candidato con más sufragios.

El análisis es muy embrionario aún, pero permite vislumbrar cómo preparan el futuro inmediato los peronistas.

Paradoja de los peronistas

Reutemann, De la Sota y el titular del PJ, Carlos Menem, padrino de Marín, le aseguraron al Gobierno que De la Rúa debe terminar su mandato en 2003. La paradoja, en tanto, reside en que el proyecto que analizan tiene la autoría del delasotista Eduardo Di Cola.

La Casa Rosada, en cambio, sospecha que sólo Ruckauf procura provocar el final anticipado del mandato presidencial para dar un salto hacia delante y tomar así el poder, en función de que su provincia está al borde del caos social. Más allá de las intenciones, todo el justicialismo actúa como si De la Rúa no tuviera dos años de mandato por delante, sino como si, obligado por la crisis, debiera renunciar antes de tiempo.

Ajeno a estas especulaciones peronistas, y seguro de sí mismo y de su continuidad, el Presidente conversó con Menem para informarle de la grave situación económica, al igual que a otros dirigentes opositores. Pero el ex presidente analiza, por medio de juristas amigos, recovecos legales para quedar habilitado -al margen de su escasísima popularidad- en una eventual elección presidencial previa a 2003: la Constitución le impone esperar hasta ese año para postularse.

Más allá de los severos reproches del gabinete a Cavallo -el Presidente le pidió ayer en la reunión en la Casa Rosada que busque un acuerdo con el FMI y no otra confrontación-, muy pocos en Balcarce 50, además de De la Rúa, creen que el Fondo modificará su postura si no media una decisiva presión política del gobierno de los Estados Unidos, enfrentado con algunos acreedores de los bonos argentinos y con ciertos sectores financieros internacionales.

Una negativa definitiva del FMI, sumado a la retracción del consumo y de los ingresos públicos por las últimas medidas de restricción al retiro de depósitos, podría conformar un escenario imprevisible con consecuencias más graves que la mera renuncia de un ministro, como imagina el peronismo.

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